martes, 17 de octubre de 2017

Cataluña, Caritas in Veritate


Luis Negro Marco / Historiador y periodista

 El papa Benedicto XVI escribió en 2009 una encíclica en la que dejó una interesante reflexión acerca de la ley y la caridad cristianas: «Caritas in Veritate» (El Amor en la Verdad). En ella, el papa manifestaba que un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos. Y que solo desde la verdad («Logos») pueden establecerse «Diá-Logos», es decir, comunicación y comunión.

  Así pues, la ley y la verdad son términos, conceptos y puntos de partida irrenunciables para avanzar, personal y socialmente, hacia un futuro mejor. A este respecto, el escritor checo Milan Kundera (que sufrió la represión comunista tras la invasión rusa de su país en 1968,  y es el autor  del conocido libro «La insoportable levedad del ser») anotó en una de sus obras que la gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad: “El futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro solo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar en el laboratorio en el que se retocan las fotografías y se reescriben las biografías y la historia”.

 Estas frases, escritas por Kundera en 1979, fueron una asombrosa premonición del presente que vivimos, y entroncan de lleno con las valoraciones que sobre nuestra sociedad actual ha dejado plasmadas el filósofo polaco Zygmunt Bauman, en su libro póstumo «Retrotopía». Nuestra sociedad ya no imagina nuevos y universales horizontes para la convivencia, sino que intenta revivir, para su rectificación, determinados aspectos de un pasado sublimado (véase por ejemplo la declaración de independencia de Cataluña por Companys en 1934) y convertirlos en referencia actualizada en su avance hacia el futuro.

 En este sentido, la narcisista y despreocupada irresponsabilidad que está caracterizando al independentismo catalán adquiere una clara dimensión retrotópica, por cuanto supone la arbitraria actualización de un pasado sentimental –no histórico, y en absoluto representativo del sentimiento colectivo– cuyo referente más lejano no iría más allá de las primeras décadas del siglo XX.

 La utópica Itaka de fraternidad universal, en la que creyó Tomás Moro, ha quedado licuada y
convertida en un espejismo. La convivencia, dignidad y bienestar de las personas, dependen ahora no del aporte de todos en el bien común, sino de autoproclamados correctores de la historia, erigidos en los nuevos guías de la revolución.

 Mas contravenir la ley que propicia la convivencia y garantiza  el cumplimiento de los derechos, deberes y servicios del conjunto de la ciudadanía, es un delito, aunque se cometa esgrimiendo un clavel en la mano y dibujando una sonrisa de paz en los labios. Por ello, si bien es cierto que no se debería haber llegado al escenario y situaciones que se vivieron en Cataluña durante el 1 de octubre, no hay que olvidar que la Guardia Civil y la Policía Nacional no intervinieron en Cataluña para reprimir derechos ni libertades, sino para preservar los del conjunto de la ciudadanía española, de acuerdo al ordenamiento constitucional y el mandato correspondiente –para su preservación– del poder judicial.

 Huelga por otro lado decir que, detrás de todos y cada uno de los agentes del Orden hay una persona con los mismos derechos y deberes de quienes les increparon, insultaron, provocaron e hicieron todo cuanto les fue  posible por impedir, contraviniendo conscientemente la ley, que llevasen a cabo su cometido. Una labor, por lo demás, que desempeñaron como agentes del Orden del Estado –es decir, actuando en representación y defensa de la soberanía nacional– para impedir que se materializase el referéndum inconstitucional.

  Creo por ello que todos los españoles deberíamos felicitarnos y sentirnos orgullosos de saber que nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, están (no como ocurre en los regímenes totalitarios, a las órdenes de sus gobiernos para reprimir a la población) al servicio del conjunto de la ciudadanía, velando por nuestra seguridad, por el estricto cumplimiento de las leyes que posibilitan la convivencia, y por la salvaguarda de nuestros derechos y libertades.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Libres e Iguales


La discriminación racial, aún latente en nuestros días, solo podrá ser erradicada mediante la educación en valores que promuevan la convivencia

Luis Negro Marco / Historiador y periodista

Hace un par de semanas se estrenaba en las salas de cine de España la película Detroit, de la directora estadounidense Catherine Bigelow. Casi dos horas y media de intenso metraje que muestran el odio y brecha social que generaron, y siguen causando, las leyes de segregación racial contra los afroamericanos en los Estados Unidos, vigentes hasta finales de los sesenta.

  La película se centra en los desórdenes civiles protagonizados por la población negra de Detroit, en julio de 2017, en protesta por la creciente y arbitraria represión policial a la que estaba sometida. El punto álgido de aquellos disturbios se produjo cuando en la noche del día 25, agentes de la policía local de Detroit asaltaron el Algiers Motel en busca de un supuesto francotirador que les habría disparado desde una de sus ventanas. La  brutal y cruenta actuación policial se saldó con el asesinato de tres jóvenes negros (Carl Copper, Aubrey Pollard y Fred Temple) completamente inocentes, quienes en el momento de la intervención de la policía  se encontraban en compañía de dos jóvenes blancas, victimas igualmente de la represión policial, si bien ellas tuvieron la fortuna de salvar sus vidas. Tres policías fueron posteriormente juzgados por aquellos sucesos. Sin embargo fueron absueltos de todos los cargos (no obstante no volverían ya a incorporarse al servicio activo)
Dibujo de Antonio Postigo, publicado en
EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, ilustrando este
artículo. Edición del miércoles,
27 de septiembre de 2017
por un juzgado formado solo por blancos.

  Los disturbios raciales que se  vivieron en el verano de 1967 en Detroit alcanzaron tal magnitud que, para atajarlos, el presidente Lyndon Johnson se vio obligado a movilizar a la Guardia Nacional, y a toda la policía del estado de Michigan. Asimismo, el presidente puso en marcha una comisión nacional de investigación con el triple objetivo de averiguar la verdad de cuanto ocurrió,  el por qué de los desórdenes civiles, y qué medidas habría que tomar para que sucesos semejantes no pudieran volverse a repetir.

   Sin embargo, transcurridos ahora cincuenta años, en muchos estados de Norteamérica las cosas parecen no haber cambiado en nada. Precisamente, hace tan solo unos días, la ciudad de San Luis volvía a ser escenario de grandes protestas protagonizadas por la poblacion negra, indignada al conocer la absolución de un policía que estaba acusado de asesinar con su arma, el 20 de agosto de 2014 en San Luis, a un joven afroamericano (Michael Brown) tras haber intentado robar en una tienda.

 Llama poderosamente la atención que sean precisamente los Estados Unidos –que aparecen como paradigma de la libertad– en donde la segregación racial se manifieste de manera tan palpable, y en donde organizaciones racistas, como el Ku Klux Klan no solo sean permitidas, sino que además gocen de un extraordinario poder, siendo uno de los lobbys más poderosos de la nación. Otorgar el grado de normalidad a esta situación sería tanto como dar por válida la desigualdad a la hora de aplicar la justicia en función del color de la piel, creencia religiosa, sexo o inclinación política.

Cartel de la película DETROIT, de la
directora estadounidense Catherine Bigelow
Film estrenado en España el 15 de septiembre
 Pero pensemos ahora en España y en los cientos de miles de inmigrantes “ilegales” o “en proceso de regularización”. En el caso de las mujeres, muchas de ellas se dedican al cuidado de los enfermos,  del hogar, y de las personas de avanzada edad, a cambio en infinidad de ocasiones, de unos mínimos salarios y jornadas de trabajo que exceden en mucho lo establecido en el calendario laboral. Y lo mismo sucede en el caso de los hombres cuando trabajan, ya  sea en el campo o en la construcción. Bien es cierto que tales situaciones de precariedad, quizás por aquello de la globalización, afectan también a sectores sociales de carácter muy diverso.

 En los últimos meses del mandato de Obama cobró pujanza en Norteamérica el movimiento afroamericano: “Black Lives Matter” (las vidas de los negros también son importantes), en protesta por la constatación real de que la mayoría de los muertos en los Estados Unidos por disparos de la policía son afroamericanos. Quizás el problema subyace –en última instancia– en el propio sistema educativo estadounidense, y en los valores y constructo social que el sistema quiere lograr como base para su modelo ideal de nación. Si no es integral e ignora a determinados sectores –como hasta ahora– la fractura seguirá abierta y la cohesión social será inviable.

 Porque todas las vidas son, y deben ser igual de importantes, cobra todo su sentido, una de las pancartas que pudieron verse recientemente en San Luis, recordando la memoria del joven afroamericano asesinado en 2014: “We come in peace to fight for justice”: Avanzamos hacia la paz, luchando por la justicia.

lunes, 18 de septiembre de 2017

La batalla carlista de Villar de los Navarros fue narrada por el periodista del THE MORNING POST, Richard Lewis Gruneisen, el primer corresponsal de guerra

Por segundo año consecutivo, entre el 25 y 27 de agosto, las localidades de Herrera y Villar de los Navarros, recrearon aquel importante episodio de la primera guerra carlista en Aragón, cuya crónica fue escrita para THE MORNING POST por el periodista londinense Richard Lewis Gruneisen, quien empotrado en el ejército carlista de Don Carlos, está considerado como el primer corresponsal de guerra de la historia.

Vista de la localidad zaragozana de VILLAR DE LOS NAVARROS, donde el 24 de agosto de 1837,
en el marco de la Primera Guerra Carlista (1833-1840), tuvo lugar la batalla de su nombre, cuya
victoria para el ejército carlista de Carlos V, puso prácticamente en sus manos la Corona de España

 Foto: Luis Negro Marco
Luis Negro Marco / Historiador y periodista

  Como este año, aquel caluroso 24 de agosto de 1837 cayó también jueves. El día anterior, las localidades zaragozanas de Herrera y Villar de los Navarros habían acogido a dos ilustres huéspedes que, provenientes de Muniesa, iban acompañados por un imponente ejército integrado por siete mil soldados carlistas. Se trataba del pretendiente a la Corona de España, Carlos V, y de su sobrino, el Infante Sebastián Gabriel, que comandaba las tropas.

 Era una etapa más de la larga marcha que desde hacía poco más de tres meses el Pretendiente carlista había emprendido desde su cuartel real, en la localidad navarra de Estella. Su objetivo final era llegar con su ejército a Madrid, y ocupar el trono que, de acuerdo a las leyes sucesorias de la Corona entonces imperantes en España, creía que le correspondía, en vez de a su sobrina –la reina Isabel II, entonces de tan solo siete años de edad–, que había sido proclamada en septiembre de 1833, a la muerte de su padre Fernando VII.

 Conocedor el Gobierno (el general Baldomero Espartero se había hecho cargo de él apenas una
Herrera de los Navarros, distante a apenas siete kilómetros de Villar de los Navarros, fue la localidad
en la que se inició la batalla, toda vez que a ella llegaron las tropas del isabelino general Buerens, en
mañana del 24 de agosto de 1837, provocando la falsa retirada de los carlistas hacia el
santuario de la Virgen de Herrera, y Val de Navarra, término de Villar de los Navarros. 
                                                                                                                                                                        Foto: Luis Negro Marco
semana antes, el día 18 de agosto) de las intenciones del Pretendiente, y con el objeto de hacer imposible su propósito, había creado una fuerza específica: el Ejército del Centro, bajo las órdenes del propio general Espartero y las del general Marcelino Oráa, comandante de las fuerzas de Aragón, Valencia y Murcia.

  El 23 de agosto de 1837 el avezado “Lobo Cano” (que con este apodo designaban los soldados carlistas al isabelino Oráa), sabedor de la comprometida posición de los expedicionarios realistas en Villar y Herrera de los Navarros, se situó con su división en Daroca, ordenando a su mariscal de campo, Clemente Buerens, se situase con la suya en Belchite, encerrando así en una tenaza al ejército carlista.

 Sin embargo, sorpresivamente, y sin esperar la ayuda de su superior Oráa, el brigadier Buerens, al mando de seis mil soldados, ordenó avanzar a sus tropas hasta Herrera de los Navarros. Así, en las primeras horas del día 24 de agosto de 1837, los carlistas, al verlos llegar, retrocedieron hacia la cercana población de Villar de los Navarros, fingiendo que se batían en retirada. Buerens cayó en la trampa y mandó cargar contra ellos a su caballería, pero al llegar a un barranco, ya en el término del Villar, fue recibida desde las alturas con un nutrido fuego de fusilería.


Villar de los Navarros. Tarde del 25 de agosto de 2017. recreación de la batalla carlista de 1837 en
el campo de la ermita de "Santa Bárbara", por parte de los grupos pertenecientes a la "Asociación
Cultural de Amigos del Museo Miliar de Valencia", y de la Asociación Histórico-Cultural "Heroinas
Unidas y Húsares de Aragón".- 
Foto: Luis Negro Marco
Desconcertado el general isabelino por aquella emboscada, cometería aún un segundo y definitivo error, al mandar a sus fuerzas intentar avanzar a través de un angosto paso al final del cual, tranquilamente, les aguardaba el grueso del ejército carlista, cuyos escuadrones de caballería comandaba el turolense Joaquín Quílez, junto al navarro coronel Lucus (conocido con el apodo de Manolín, debido a su baja estatura). Ambos contribuyeron de manera decisiva a la victoria final que los carlistas obtuvieron en la acción de Herrera, y ambos también, encontraron la muerte en ella.

 El triunfo obtenido en Villar de los Navarros fue de tal magnitud, que a juicio de algunos historiadores pudo haber sido decisivo para el destino de la monarquía en España, en favor de la dinastía carlista.

 La cara triste de aquel episodio histórico fue la de los casi dos mil prisioneros, entre ellos el general Ramón Solano, los cuales –trasladados en muy penosas condiciones, y despojados de la práctica totalidad de su ropas– fueron trasladados a partir del día siguiente hasta la localidad turolense de Villarluengo, inicio para ellos de un penoso calvario de meses, a través de distintas cárceles por todo el Maestrazgo aragonés, que acabó costando la vida a la mayor parte de ellos.

 
La batalla de Villar de los Navarros fue narrada
por el que está considerado primer corresponsal de
 guerra,  "empotrado" como reportero del diario londinense
 
THE MORNING POST, en el ejercito de Don Carlos V.-
 La película-documental sobre este reportero inglés:
 
RICHARD LEWIS GRUNEISEN (1806-1879) fue
estrenada en 2017. Dirigida por Jorge Semprún,
 ha contado con la colaboración del historiador
 Alfonso Bullón de Mendoza, así  como con la de algunos
 de los reporteros de guerra más reconocidos de
España, como son: Rosa María Calaf,
Alfonso Armada, Jesús González Green, y Alberto
Vázquez Figueroa
, entre otros.
La producción de la película ha corrido por cuenta de la
FUNDACIÓN LARRAMENDI
Precisamente, fue un reportero inglés del Morning Post, Charles Lewis Gruneisen (1806-1879), que se había unido a los expedicionarios carlistas en Cantavieja pocos días antes de la batalla de Villar de los Navarros, uno de quienes más intercedió ante el Pretendiente Carlos V para que se tratase a los prisioneros de Herrera con clemencia, de acuerdo al Convenio de Eliot, que había sido aceptado por ambos ejércitos contendientes en abril de 1835, para humanizar una guerra que había alcanzado cotas extremas de crueldad.

 Se sabe que Charles Gruneisen envió la crónica de la batalla de Villar de los Navarros a su periódico de Londres, The Morning Post, y que ésta fue publicada el 8 de septiembre. De esta forma, el periodista inglés (que posteriormente escribiría un libro sobre sus vivencias periodísticas en España, y que a su vez fue un destacado crítico de ópera), se convirtió –en tierras aragonesas– en el primer corresponsal de guerra, casi veinte años antes de que el también británico Howard Russell (considerado el padre del periodismo de guerra), enviase sus crónicas sobre la guerra de Crimea, la primera también de la que se hicieron fotografías para ser publicadas en la prensa.

jueves, 20 de julio de 2017

Libro de la editorial Tecnos sobre la Leyenda Negra


La creación de la Leyenda negra sobre la colonización española de América, se debió al intento de otras naciones por socavar el poder de España en Europa durante el reinado de los Austrias

Luis Negro Marco / Santiago de Compostela

 La larga sombra de la Leyenda negra está aún muy presente en nuestros días.  Hasta tal punto que destacados autores internacionales, caso del recientemente fallecido filósofo y lingüista búlgaro Tzvetan Todorov (1939 – 7 de febrero de 2017), en su obra «La conquista de América, el problema del otro» llegaba a calificar la acción colonizadora de España en América como un genocidio de tal magnitud que “…ninguna de las grandes matanzas de siglo XX puede compararse con esta hecatombe…”.

 Sin embargo, ante tales afirmaciones, tal y como exponen los profesores María José Villaverde y
portada del libro: "La sombra de la Leyenda
Negra
", de Mª José Villaverde y Fº Castilla
(directores).-
Editorial Tecnos, 541 pp.-
La imagen de la portada corresponde a un
grabado de Theodore Bry, de 1574, en el que
representa a Vasco Núñez de Balboa arrojando
a los perros a los indígenas, en el istmo de
Panamá. 

Francisco Castilla –en su calidad de directores del libro «La sombra de la Leyenda negra»– cabe la pregunta: ¿Fue la política española igual, peor, o mejor que la del resto de países colonizadores europeos? Bastaría citar a este respecto el el ejemplo de los puritanos ingleses que en 1620 desembarcaron en la costa estadounidense de Massachusetts, creando allí la –según los apologistas británicos– idílica colonia de Plymouth, ejemplo de cohabitación entre colonos y población autóctona. Siglos después, aquellos colonizadores habían llevado a cabo una tan drástica política de control racial, que culminó con la casi completa desaparición de la población indígena en los Estados Unidos.

 El historiador Javier Fernández Sebastián se refiere a la “invención de la modernidad protestante” cuando en el libro refiere que uno de los motores más activos de las campañas de opinión contra los españoles durante la Edad Moderna (siglos XV-XVIII) fueron los conflictos religiosos europeas que siguieron a la Reforma protestante de la Iglesia propugnada por Lutero. España se convirtió en el país adalid de la Contrarreforma, al tiempo que Reino Unido, Francia y Países Bajos, se alineaban en su contra. De manera que, el grueso de las denuncias  llevadas a cabo por estos países, sobre las crueldades de los conquistadores españoles en el Nuevo Mundo, habrían estado mediatizadas por un propósito claramente político y religioso. De tal suerte fue así que, una vez la monarquía española hubo perdido su condición de potencia hegemónica en Europa (tras la paz de Westfalia, en 1648, y la paz de los Pirineos, en 1659), la “demonización de lo español” desapareció casi por completo en Europa.

Acuarela del "Códice Trujillo del Perú", de
Martínez Compañón (siglo XVIII), en la que se
representa a unos indios escardando la tierra.
 No obstante, a diferencia del resto de países colonizadores europeos, España sí llevó a cabo un ejercicio de autocrítica, cuyo máximo exponente fue fray Bartolomé de las Casas –autor de la célebre «Brevísima relación de la destrucción de las Indias»–,  al que (ya en el siglo XVIII), se sumaron destacados autores ilustrados, como el valenciano  Gregorio Mayans y Siscar, quien manifestó su oposición a la que consideró condescendiente apología acrítica de la historiografía oficial borbónica.  

 No obstante, la idea preconcebida de una España bárbara (La despectiva frase “África empieza en los Pirineos” comenzó a divulgarse en Europa a finales del siglo XVIII) ha calado tan hondo que, aun a día de hoy, el estereotipo español es extremadamente racial, polarizado entre la fiesta y los toros. Mas los tópicos, muy a menudo nada tienen que ver con la realidad, o muy poco, a la vez que entorpecen la investigación histórica. De tal suerte que los propios historiadores de mentalidad anglosajona, como el historiador estadounidense Hubert Herring –autor de «Historia de Latino América, desde sus comienzos hasta el presente» (1955)– argumentaron, con razón, que la Leyenda negra supone el más serio obstáculo para los estudiantes americanos e ingleses, a la hora de estudiar y comprender la historia de España y Portugal.

 Y es que los pre-juicios (opiniones previas, formadas sin fundamentos basados en el conocimiento, el estudio y la investigación sistemática), nos alejan y privan de la verdad, más aún si ocupan su espacio y se convierten en lo que ahora conocemos como fakes news (política de engaño), auténticos productos tóxicos de la comunicación, que contaminan y distorsionan la verdad histórica, en beneficio de los intereses de quienes los fabrican y propalan.


viernes, 14 de julio de 2017

La odisea del Éxodus 1947, un hito en la joven historia del Estado de Israel


El 18 de julio de 1947 llegaba al puerto de Haifa el Exodus, llevando a bordo a más de cuatro mil judíos supervivientes del Holocausto

Luis Negro Marco / Historiador y periodista

  La película Éxodo, dirigida por Otto Preminger en 1960, y protagonizada por Paul Newman (encarnando a un oficial de la resistencia judía), está basada en la novela homónima –Éxodus– del escritor estadounidense León Uris (1924-2003), a su vez inspirada libremente en el periplo del Éxodus 1947, llevando a bordo a 4.515 inmigrantes judíos, víctimas del Holocausto, cuya dramática, corta e intensa odisea, fue el germen del nacimiento de Israel.

Cartel de la película: Éxodo, del director Otto Preminger,
rodada en 1960 y protagonizada por Paul Newman,
 El President Warfield era un  barco estadounidense de pasajeros, botado en 1928, que había participado –como navío de apoyo– en el desembarco aliado de Normandía del 6 de junio de 1944. Tras la II Guerra Mundial, el buque regresó a aguas de los Estados Unidos, hasta que a comienzos de 1947 fue adquirido, por algo más de 8.000 dólares, por el Haganah (organización militar clandestina hebrea), con la finalidad de trasladar a miles de supervivientes judíos del Holocausto  hasta la tierra de sus antepasados: Eretz Yisrael (la tierra de Israel –Palestina–), entonces bajo Mandado británico.

De este modo, en la mañana del 11 de julio de 1947, el President Warfield abandonaba el puerto francés de Sète, muy próximo a Montpellier, enarbolando en su pabellón la bandera de Honduras, habiendo anunciado a las autoridades portuarias que se dirigía a Estambul. El barco llevaba a bordo a 4.515 DPs (“Personas Desplazadas”, según la denominación que dio la ONU a los más de 6 millones de refugiados que hubo tras la II Guerra Mundial) judíos supervivientes del Holocuasto, incluidos hombres, mujeres y más de 1.600 jóvenes y niños, en su mayoría huérfanos. Ike Aronowicz era su capitán, y el comisionado de la Haganah, Yossi Harel, su comandante. La tripulación constaba de 35 voluntarios judíos estadounidenses.

 Al cuarto día de navegación, el cuartel general de la Haganah comunicaba por radio al capitán del
President Warfield que cambiara el nombre del barco por el de Exodus 1947, al tiempo que dos banderas gigantes con los colores azul y blanco del Estado de Israel, se izaron en sus mástiles. Fue entonces cuando Ike Aronowic dio a conocer por radio, a la prensa mundial, que el destino real del barco era Palestina.

 El precedente de esta situación se remontaba a 1946, cuando el presidente de los Estados
Portada del libro Exodus 1947, el barco que
dio origen a una nación
, escrito en 1948 por
la periodista estadounidense Ruth Gruber.
Unidos, Harry Truman, había solicitado a los británicos que aceptasen el asentamiento de, al menos, 100.000 judíos en Palestina, hasta entonces agrupados en precarios campos de refugiados que los aliados habían construido en Alemania tras la liberación. Asimismo, los supervivientes judíos del exterminio nazi rechazaban volver a los territorios en los que sus familias habían sido masacradas, temerosos del rechazo del que podrían ser víctimas a causa del antisemitismo residual que persistía en Europa tras la guerra.

 Pero a pesar de la resolución favorable del Comité de Investigación, auspiciado por la ONU, el gobierno británico, a través de su ministro de exteriores, Ernest Bevin, se negó al traslado de los desplazados judíos a las tierras palestinas que entonces se hallaban bajo Mandato inglés.

 El 18 de julio de 1947, la periodista norteamericana Ruth Gruber (fallecida el 17 de noviembre de 2016 en Nueva York, a la edad de 105 años), destacada en el puerto palestino de Haifa como corresponsal de New York Post, vio cómo  el Exodus 1947 llegaba a puerto como si fuese una caja de cerillas que hubiese sido estrujada por un cascanueces”. La tarde anterior –cuando navegaba en aguas internacionales, a varias millas de distancia de la costa– el Éxodus había sido objeto de un brutal abordaje por marineros de la Royal Navy, con el objeto de impedir que sus pasajeros desembarcaran en Palestina. De resultas de la batalla que siguió al asalto, dos jóvenes y un miembro de la tripulación del Exodus 1947 resultaron muertos por disparos de armas de fuego, así como varias decenas de refugiados heridos.  

Escultura conmemorativa ("Exodus Memorial Project), en
recuerdo de la odisea del Exodus 1947, que con motivo de la
celebración del 70 aniversario de su travesía, ha sido instalada
por la "Jewish American Society for Histroric Preservation"
(JASHP), en el puerto de Haifa.
 Tras el abordaje, los barcos de guerra británicos remolcaron al Exodus 1947 hasta el puerto de Haifa y transfirieron a los pasajeros a tres barcos para retornarlos a Europa, diciéndoles sin embargo, que iban a ser conducidos a Chipre, en donde permanecerían hasta su traslado definitivo a Palestina. Comenzó así un periplo a través del Mediterráneo, hasta que, en el puerto francés de Port de Bouc, los refugiados se negaron a desembarcar e iniciaron una huelga de hambre. Para entonces, los medios de comunicación de todo el mundo ya estaban informando activamente de la dramática situación que estaban viviendo los desplazados del Exodus, lo que obligó a las autoridades ingleses a intentar buscar una solución. Así, se les trasladó primeramente a Gibraltar, y de allí al puerto de Hamburgo, sobre el Elba, desde donde fueron repartidos por diversos campos de refugiados bajo control de Gran Bretaña. Mas cuando parecía que la aventura del Exodus había fracasado,  llegó la noticia de que la ONU debatía la posibilidad de conceder a Israel la categoría de Estado. La Hatikvah, la canción hebrea de la esperanza, comenzó a corearse por  todos los campos de refugiados judíos como el nuevo himno de la nación futura. Y pocos meses después, el 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurión proclamaba desde Tel Aviv el nacimiento del Estado de Israel. El Éxodus 1947 había llegado a su destino.


lunes, 10 de julio de 2017

Jesús Negro Marco: reflexiones sobre la fe católica

FIRMAS INVITADAS 
Lo primero, creer
Jesús Negro Marco (Sacerdote escolapio)

 "Todo depende de la fe. La posesión de la verdad o el abrazar la mentira, también depende de la fe. Y en la fe, lo primero es la voluntad, que impulsa a la razón a aceptar la verdad o la mentira.  O sea, que en la vida humana todo depende de la relación interpersonal. De ella nace el sentimiento de atracción o de rechazo. Luego viene la voluntad a tomar postura y luego la razón que le sigue a los imperios de la voluntad.

  Aquí, mentira es lo que no es la verdad. Y aceptar significa adherirse a ésta voluntariamente o por ignorancia invencible.  Para conocer la verdad se necesitan las dos facultades del alma: la inteligencia y la voluntad; aunque algunos piensan, erróneamente, que basta sólo la inteligencia.  Analizando el comportamiento de los hombres vemos que así es la cosa. Y remontándonos sobre este nivel, llegamos a Dios.

 De Dios depende, misteriosamente, que unos abracen la verdad, y, otros la mentira, sin que a nadie le quite un ápice, la propia libertad. Incluso el planteo que ahora estoy haciendo depende de mi adhesión a la fe católica. Si yo no fuera católico yo no escribiría lo que estoy escribiendo sino otra cosa y de otro modo.    Por eso, es exacto decir: Todo depende de Dios y todo depende de la fe de cada uno. Fe que acepta o fe que rechaza para creer en otras cosas o seres.      

 Por tanto, la historia de cada uno y la universal es sagrada, divina, misteriosa, aunque parezca que es acción exclusiva de los hombres. Si miramos la historia de la filosofía, una corriente de pensamiento es realista, y, otra, idealista. Unos afirman que sus ideas se sacan de los datos captados del mundo externo. Y los idealistas rechazan eso y defienden que todo es fabricado por el intelecto, sin poder llegar a conocer lo exterior.  El cristiano, por su fe católica, no puede ser idealista, porque si niega el conocimiento de la realidad externa no puede tener conocimiento del Dios real que existe fuera del hombre.    

 Llegar a aceptar la verdad o la mentira no se hace de repente, sino, poco a poco, empezando
"Llegar a aceptar la vida o la mentira, no se hace de repente,
 sino poco a poco, empezando por la educación en la infancia,
en el seno de la familia
".- Dibujo: Fernando Negro Marco
con la educación desde la infancia en la familia; luego, se continúa con la escuela, los estudios universitarios y la mayor o menor aceptación del ambiente social en que uno vive, o, su rechazo. Total, que, concluimos que lo primero es la fe aceptada por la inteligencia, movida ésta por la voluntad.

  Y aunque digan muchos o todos  que la razón actúa independientemente de su fe, vemos que ni es así, ni es posible.  Lo primero es creer o en la verdad o en el error, y, luego es razonar dentro de uno de los dos ámbitos.   La Fe católica es la única verdadera por todas las razones racionales que hay, sin excepción. Pero para abrazar el catolicismo, sólo se puede hacer si uno recibe de Dios el don de la fe católica. El que no quiere o no puede, culpablemente,  acceder a ella, necesariamente tendrá que creer en la mentira y emplear su razón dentro del ámbito de ella.    

 A continuación, entendemos muy bien, cuáles son las dos consecuencias de los dos modos de creer, de pensar y de vivir, mirando la vida de las personas. Algunos dirán que no hay  diferencia en la vida cotidiana, de esas dos clases de personas, porque todas, más o menos, son buenas, malas, y mediocres.  Pero eso no depende de la opción fundamental  que han hecho de verdad o mentira, sino del pecado de los buenos, que así aguachinan su verdadera fe, y de la bondad natural que, quiéranlo o no, está en los de la mala fe, pues por ser hijos de Dios, son naturalmente buenos y por eso hacen actos buenos, a veces. Pero tienen que aceptar, si pueden, que tales actos buenos sólo lo son, por la Gracia de Dios que actúa en los malos, para que  puedan hacer tales actos buenos. Y sin ella, imposible los hicieran. 

 Por su increencia ignoran que sin la ayuda de Dios nadie puede hacer el más mínimo bien.  En cambio, si se rechaza conscientemente a Dios, el hombre todo lo hace mal, aunque aparente que todo lo hace bien. Todo es pecado y ofensa de Dios, a sí mismo y a los demás. Por todo esto, convenceos: Todo depende de la fe, o en Dios, o en la mentira.

 Todo lo demás en la vida personal, nacional, e internacional, es consecuencia de la opción libre y voluntaria que cada uno hace para aceptar la verdad, pero, ojo, con la Gracia de Dios, o el rechazo de la verdad divina que Dios ofrece a cada uno, por su santa Iglesia católica. Por eso... "dime qué fe tienes, y, te diré si vives en la verdad o en la mentira". Y también: "dime cómo vives tu fe y te diré qué clase de persona eres".     Buena persona, si te tomas en serio vivir la verdad. Mala, si vives seriamente en tu mentira. Tibia, mediocre, ¡la peor!, si vives sin comprometerte ni con la verdad ni con la mentira. Eres "la vomitina de Dios".  

   Y es que el hombre está creado por Dios sólo para una cosa "Para creer en católico, vivir en católico, y salvarse". Y el que se niegue conscientemente a creer, vivirá su vida llena de desgracias, aunque aparentemente no lo parezca; en ésta vida, y, luego, después de muerto.

  "Id y predicad el Evangelio al mundo entero: el que crea y se bautice se salvará. Y el que no, se condenará" (Dios).

miércoles, 5 de julio de 2017

Sanfermines, "marca España" en los Estados Unidos

Luis Negro Marco / Historiador y periodista

  La palabra sanfermines no aparece subrayada en rojo (lo que indicaría que sería incorrecta) en la pantalla del ordenador. Ni tampoco pamplonica. Algunos años hasta el New York Times las ha incluido en sus titulares de portada, muy posiblemente debido a la fama internacional que dio a la fiesta del 7 de julio el escritor estadounidense y premio Nobel de Literatura, Ernest Hemingway. Y no solo él: también la actriz Ava Gadner y el director de cine Orson Wells (cuya imagen disfrutando de una tarde de toros, fumándose un puro, es todo un icono de la fiesta), fueron amigos de la fiesta y de los grandes toreros españoles del momento, allá por las décadas de los cincuenta y sesenta.
Fiesta -
Ilustración : POSTIGO (El Periódico de Aragón)

Precisamente, en aquellos años, la dictadura franquista vio que su supervivencia precisaba de un aperturismo económico que le permitiese salir de la autarquía. Y para ello tenía que presentar una cara amable al exterior. La proyección de los sanfermines, asociados a sus anteriormente mencionados ilustres visitantes americanos, constituyó así un escaparate ideal. Las  imágenes de los mozos corriendo delante de los temibles astados por las calles de Pamplona, provocaron un indiscutible atractivo en la opinión pública mundial, que descubría admirada el gusto hispano por la arriesgada fiesta de los toros.
Tuvieron asimismo los sanfermines, ya en el campo del consumo interno de la fiesta, un significado
Portada de la novela "The sun also rise
 de Ernest Hemingway, traducida en España con
 el título de "Fiesta". Fue publicada en 1926.
de rebeldía (no explícita, pero sí subyacente) contra la dictadura. Y si por un lado las retransmisiones televisivas de las carreras ofrecían una cara internacionalmente  festiva de una España típicamente cañí, por otro, los españoles veían en los mozos que corrían ante los astados (haciendo alarde de valor, disciplina y respeto hacia sus otros compañeros de carrera) un modelo de comportamiento para una sociedad reprimida por años de restricción de sus libertades. De manera que la propia televisión franquista (al retransmitir las carreras en directo) estaba ofreciendo –seguramente sin ser consciente de ello– a la ciudadanía, un medio de exorcización de los negativos efectos que sobre ella ejercía.


 Y es que el toro para los españoles es lo que el gallo para portugueses y franceses: nuestro animal totémico y distintivo. La garra, furia y el color rojo de  nuestra selección también se asocian al toro y a las gestas de sangre y arena en los cosos de nuestro solar patrio. El ser español está tiznado de los majos y toreros plasmados por Goya en sus grabados, en los que a mayor riesgo en la faena y desprecio por la propia vida en el ruedo, más admiración y reconocimiento despertaban aquéllos ante el respetable.

 Pero más allá de la fama de la que gozan algunas de sus manifestaciones (como los sanfermines de Pamplona), la historia nos ofrece una visión de la fiesta común a todo el territorio español, y muy en especial, Aragón. Así, Teruel tiene al toro como símbolo en el escudo de la ciudad, protagonista de sus fiestas del Ángel, que comienzan tres días antes que las de San Fermín.  Y También en Daroca fue costumbre correr los toros ya desde el siglo XV, festejos con los que, a su vez, los darocenses obsequiaron a los reyes en sus esporádicas visitas, cuando viajaban desde la Corte a Barcelona.

 No obstante, de la esencia (que conforma la identidad) a los estereotipos (que esbozan la imagen distorsionada –lo que Valle Inclán describió como esperpento–) hay una delgada línea muy fácil de traspasar. Por lo que ridiculizar, criminalizar, o buscar la erradicación de la fiesta, al igual que esgrimirla como rasgo distintivo supremo de la hispanidad, se manifiestan como análogos posicionamientos de radical incomprensión hacia un fenómeno que (aun contando con una tradición más que milenaria), no es sino una tesela más del rico y variado mosaico del pueblo español, cuya belleza solo es posible percibir en su conjunto, sin prescindir de ninguna de ellas.