martes, 15 de enero de 2019

Haciendo buenas migas: el mondongo y el filandón


Filandones y mondongos

Luis Negro Marco 

  Hasta hace no muchos años fue costumbre en los pueblos de Aragón, así como en los del resto de España, hacer la matacía del cerdo en el corral, y el mondongo, dentro de las casas, al calor de la cadiera. Esta actividad (que tenía sus puntos álgidos en San Martín –día de su inicio–, Navidad, y se prolongaba hasta  el final de enero) supuso un hito en el  renacimiento doméstico durante toda la Edad Media, y especialmente en los momentos de consolidación de las monarquías europeas (con “fueros y huevos”) pues el consumo de carne de cerdo y sus derivados de manteca y grasa, ricos en calorías, fueron –durante siglos–  parte fundamental de la dieta de los habitantes de Europa.  De ahí el conocido refrán: “Del cerdo, hasta los andares”.

 Matar el tocino y hacer el mondongo era además una actividad que promovía la unidad de las familias de los pueblos, porque todas las de la misma calle o barrio ayudaban en las distintas faenas; al tiempo que la casa propietaria del animal sacrificado correspondía con un banquete a sus vecinos, a base de migas de pan, tajadas de lomo y jamón, chichorretas, y panceta churrascada en las brasas; bocados todos ellos regados con vino tinto y aguardiente, y acompañados de buen pan de leña, pastas y tortas de trigo saín,  recién salidas del horno.
En Aragón, el sacrificio del cerdo y la elaboración del mondongo (chorizos, güeñas, longanizas, morcillas, fardeles, lomos, salchichas, costillas y jamones) recibe el nombre de "matacía", a diferencia de la mayoría de regiones de España. donde recibe el nombre de "matanza". La imagen recoge el momento en que, una vez degollado, el animal es "afeitado" sobre el banco de madera (en muchas ocasiones con ayuda de una piedra pómez) y "calzado", es decir se le extraen las pezuñas de las patas con la ayuda de un cuchillo. La faena doméstica de la matacía, prácticamente desaparecida, fue habitual en la mayoría de pueblos de España, hasta finales de la década de los años ochenta del pasado siglo. 
 Fue así como, en el pasado, algunos de los mejores banquetes se componían de productos elaborados a partir de la carne del cerdo: güeñas, morcillas, longanizas, chorizos, carrilleras, fardeles de hígado adobado con piñones, sal, ajos, aceite y perejil, y por supuesto, jamón, producto al que, ya desde la Edad Media, se le dedicaron ferias específicas a finales de Semana Santa, para celebrar el fin de las privaciones de comer carne, propias de la Cuaresma.  

 Los banquetes sólo a base de gastronomía porcina, fueron muy populares en Francia hasta finales del siglo XIX, donde recibieron el nombre de Baconiques, palabra derivada de bacon, nombre que hace siglos se le dio en Francia al cochino, y que ahora usamos como sinónimo de panceta. Aquellos festines tenían el mismo significado que en Aragón el jueves lardero (del latín lardum, manteca de cerdo, término derivado a su vez del griego larós: apetitoso) en el que ha de haber “longaniza en el puchero”.

 Pero la matacía y la actividad doméstica de hacer el mondongo era también un motivo de celebración (en el que incluso los más pequeños de la casa estaban aquel día exentos de ir a la escuela) y de confraternización vecinal. Así, llegada la noche, en torno al calor del hogar, los anfitriones solían ofrecer a sus vecinos una bota con vino joven de la última cosecha, y una buena sartenada de magra y tocino blanco, hechas sobre las traudes al calor de las brasas de cepas de viña. Llegaba entonces el momento del filandón: el tiempo lúdico dedicado a contar cuentos, historias y leyendas, que se iban hilando, hilvanando –como los puntos en las labores de ganchillo– junto a viejas canciones que, en algunos casos, solo los más viejos recordaban. Tradiciones con olor a conserva de longaniza, lomo y costillas, adobadas en aceite crudo de oliva, en el interior de una tinaja; de artesas conteniendo barras de pan, envueltas en telas de lino, tejidas en los batanes; memoria de un tiempo que se fue y que ya no ha de volver.

jueves, 10 de enero de 2019

Entrevista a Fernando García de Cortázar, a propósito de su libro: "Católicos en tiempos de confusión"



Portada del último libro del historiador, escritor
y filósofo, Fernando García de Cortázar,
publicado en diciembre de 2018 por
EDICIONES ENCUENTRO
En cada uno de los principios de la Declaración de los Derechos Humanos, resuena un mensaje cristiano

Fernando García de Cortázar (Bilbao, 1942), es uno de los más prestigiosos y reconocidos historiadores de España, galardonado con el Premio Nacional de Historia en 2008. Con más de setenta libros y cientos de artículos publicados, acaba de presentar un nuevo e interesante  trabajo: “Católicos en tiempos de confusión” (Ediciones Encuentro), en el que García de Cortázar reivindica el humanismo de la tradición cristiana para el fortalecimiento de las ideas de libertad, justicia social, progreso colectivo y conciencia histórica, propios de la civilización occidental.

Luis Negro Marco

¿Tiene nuestra sociedad actual un carácter lo suficientemente humanista como para que se vislumbre un futuro de esperanza?
Fernando García de Cortázar. Uno de los
grandes historiadores y pensadores españoles
contemporáneos
 El cristianismo es, para muchos de nosotros, una creencia religiosa. Pero, para muchos agnósticos que desean revertir la abdicación moral de nuestra época y llenar el inmenso vacío intelectual en que nos encontramos, el cristianismo es un orden de valores en los que se ha ido asentando el carácter de nuestra civilización. Nuestra actual crisis ha tenido como consecuencia  la  renuncia a una tradición que nos da significado y   la pérdida del  largo aliento espiritual, sobre el que se han construido los derechos de todos, la dignidad inviolable de cada persona, la integridad de cada vida humana. Urge recuperar el humanismo cristiano que permita alimentar la esperanza en un futuro más igualitario y fraterno.

¿Cree que la actitud hasta ahora manifestada por la Conferencia Episcopal Española trasluce un compromiso firme en la defensa del Estado de Derecho y el ordenamiento constitucional?
Las declaraciones, en general de la Iglesia  y también de la Conferencia Episcopal Española suelen tener una gran  dosis de ambigüedad cuando se trata de la defensa de un Estado y una Constitución que algunos eclesiásticos impugnan. El nacionalismo catalán ha venido aplaudiendo toda manifestación del clero a favor no sólo de la defensa de la apreciable identidad de un pueblo sino incluso de que esa identidad solamente pueda realizarse  mediante la liquidación de España. Pero cuando la Conferencia Episcopal Española ha defendido el bien común de la unidad de los españoles  ante el grave riesgo de su fragmentación, los independentistas catalanes han puesto el grito en el cielo. Entonces es cuando le han exigido silencio a la Iglesia.

Iglesias en Cataluña lucen lazos amarillos en sus fachadas y en muchas plazas se han colocado cruces (símbolo de los cristianos), en solidaridad con los políticos presos. Y la Iglesia ha guardado silencio ¿Qué reflexión le merecen estos hechos?
El nacionalismo como hijo del carlismo, prendió con fuerza en las zonas donde se atrincheraron las fuerzas  contrarias a la España constitucional. Donde hubo carlistas, se dice, hubo curas y hay independentistas. Y la imagen del cura trabucaire, fanático,  antiliberal y  asilvestrado está muy presente en la literatura española. Y se repite en  zonas del interior de Cataluña. Algunos pensamos que  la Iglesia debería abandonar su vieja teoría que atribuye una misteriosa importancia espiritual a eso que llamamos “naciones o nacionalidades” y la que propone que el derecho de autodeterminación de los pueblos es una exigencia ético-política y religiosa evidente. La Iglesia en Cataluña es muy nacionalista y por ello la jerarquía ha guardado silencio ante los desmanes independentistas  de su pueblo.
"La Iglesia como agente social y, en España, con una
larga trayectoria educativa, más que la del propio Estado,
 puede 
 
ejercer su actividad docente mientras sea
 reclamada por la sociedad
"                  
Fot: Luis Negro

El ya endémico conflicto entre educación pública y privada y entre educación pública y religiosa ¿no cree que es también la propia Iglesia la responsable de que no se haya todavía resuelto y superado?
Tenemos que tener claras las ideas y evitar la demagogia que se cuela con facilidad en la discusión sobre la enseñanza. La educación es un servicio público  y tiene que ser garantizada por el Estado pero la iniciativa, la gestión deben ser sociales. La Iglesia como agente social y, en España, con una larga trayectoria   educativa, más que la del propio Estado, puede  ejercer su actividad docente mientras sea reclamada por la sociedad. Otra cosa bien distinta es que la Iglesia se empeñe en hacer de la asignatura de la religión una pura catequesis para creyentes y no utilice esa disciplina como elemento cultural indispensable en una formación humanista de los alumnos. Y también se debe manifestar con claridad que no todas las religiones han tenido la misma relevancia en la formación de nuestra cultura.

¿Por qué la Iglesia tiene tantos problemas en explicar que sus valores han sido la base de la civilización occidental?
A lo largo de su historia la Iglesia no ha sido un adalid de las libertades y la democracia, por lo que los eclesiásticos no saben ni lo han sabido nunca que, paradójicamente, el mensaje evangélico está en el origen del caminar del hombre en busca de la igualdad  y su liberación. Ahora que conmemoramos el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos debemos recordar que en cada uno de los principios  promulgados en 1948, resuena un mensaje que  los cristianos no hemos dejado de llevar al mundo desde que se enunció por vez primera en palabras  de Jesús hace veinte siglos.
De izquierda a derecha, Manuel Oriol, Alfonso Bullón de Mendoza, Fernando García Cortázar, Juan Manuel de Prada y Hugo O'Donnell, el día de la presentación del libro de F. G. de Cortázar: "Católicos en tiempos de confusión".- Fot: Maya Balanya
¿Cuáles son los principales retos que la Iglesia y los cristianos habrán de afrontar en el presente y el futuro inmediato?
Los católicos hemos de recobrar nuestra responsabilidad ante lo que está ocurriendo. No debemos limitarnos a dar consuelo a las victimas de la injusticia, apoyo a quienes sufren la miseria o atención a los marginados. Nos corresponde proclamar que nuestra idea de la dignidad del hombre nos exige denunciar el escándalo de la pobreza. A nosotros nos atañe la denuncia de lo que tanto ha empobrecido materialmente a los ciudadanos. A nosotros se nos exige que alcemos la voz para manifestar que es nuestro cristianismo no cualquier forma de solidaridad o cualquier impulso compasivo el que nos compromete en la defensa de los seres humillados y en la rehabilitación de una sociedad desguazada en los valores que la constituyeron. Nos corresponde regresar al espacio público, a la arena política, al conflicto social, a la tierra en la que el cristianismo durante veinte siglos no ha dejado de dar la voz de alarma justa, la palabra adecuada de consuelo, el grito de escándalo ante el atropello.

viernes, 4 de enero de 2019

Almilad,"nacimiento", estreno, y fuerza. El aguinaldo como óbolo y augurio de prosperidad

El aguinaldo, símbolo del año nuevo

Luis Negro Marco / Historiador y periodista

Dibujo de Postigo, ilustrando el presente artículo en la
edición impresa de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN
del día 2 de enero de 2019
  El aguinaldo, regalo que es común ofrecer a los empleados por Navidad, es –como muchas de las tradiciones propias de este tiempo de Pascua–, una costumbre que hunde sus raíces en la profundidad de la Historia. En este caso, nos retrotrae hasta el siglo VIII antes de nuestra era, coincidiendo con la fundación de Roma, en el año 754 antes del nacimiento de Cristo.  Así, el origen del aguinaldo, como ofrenda anual, se atribuye a Tacio, rey italiano del pueblo de los sabinos, contemporáneo del latino Rómulo (primero de los reyes de Roma), quien recibió ramos cortados en el bosque sagrado de la diosa Estrenia (la Fuerza), en reconocimiento a sus triunfos (quia viris strennis dabantur –«porque solo a los hombres fuertes se les daba»). De ahí que todavía hoy, las hojas de roble sean el distintivo militar de los oficiales de más alta graduación en muchos de los ejércitos del mundo.

 Asimismo, en recuerdo de la deidad Estrenia (de donde deriva la palabra inglesa strong, fuerte), en Francia, a los regalos que se ofrecen por año nuevo se les llama Étrennes, del mismo modo que en España se les conoció con el nombre de Estrenas.

  Sobre la costumbre de celebrar el comienzo o estreno del año nuevo, cabe señalar que ya los druidas (como el Panorámix del irreductible pueblo galo de Astérix y Obélix) solían celebrar el comienzo del año –hace ya más de 2.000 años– cortando el muérdago que crecía en los robles, árboles se consideraban sagrados. De hecho, la celebración del comienzo del año nuevo –y por ende, del nacimiento– no fue en principio una costumbre cristiana sino pagana, siendo posteriormente asimilada, a lo largo de los siglos, por la Iglesia. Dicha celebración pagana, se simbolizaba con una ofrenda, al igual  que en los belenes navideños los pastores y los  Reyes Magos ofrecen sus presentes al Niño Jesús ante el portal de Belén.

 Entre la humilde plebe del mundo romano, un higo-pasa, un dátil, o una moneda de cobre, entre otros, eran los regalos comúnmente ofrecidos, como símbolo de reconocimiento, respeto y aprecio.  Claro que la clemencia y magnanimidad de los grandes personajes, les obligaba a corresponder con creces a la gratitud hacia ellos demostrada. Así, Augusto (fundador de Caesar Augusta, y primer emperador de Roma) acostumbraba a devolver el doble de lo que recibía; y Tiberio llegó a cuadruplicar la devolución, lo que provocó la ambición del pueblo, que en espera de recibir multiplicado por cuatro lo regalado, empezó a ofrecer al emperador más y más aguinaldos en el año nuevo. De manera que, fastidiado por el gran número de recepciones a  las que se veía obligado a corresponder, el emperador les puso coto, y acabó prohibiéndolos. No obstante, el estrambótico Calígula restableció la costumbre, de manera que con el breve intervalo del reinado de su tío Claudio (que decidió la supresión) pervivió la costumbre de dar aguinaldo hasta la caída de Roma, en el año 476 de nuestra Era.

 Sin embargo, aunque ya no oficialmente, la costumbre de dar (y pedir) aguinaldo, siguió hondamente enraizada en la sociedad medieval posterior, máxime teniendo en cuenta que era una forma de compensar las grandes desigualdades sociales existentes, y un modo de aliviar las acuciantes necesidades de la población, subyugada al férreo control del poder feudal.

  En España, la costumbre del aguinaldo continuó viva durante todo el período de dominación musulmana, y con su misma acepción simbólica. Mayans i Siscar, en su libro “Orígenes de la lengua española” (1737), señaló para “aguinaldo”, el significado de «día de nacimiento». Palabra castellana que muy probablemente derive del árabe almilad (nacimiento).  

 Por lo demás, la relación entre la Navidad y el aguinaldo, se constata también en las «misas de aguinaldo»,  novenas eucarísticas que se celebran (ahora solo en algunos países de Hispanoamérica), justo antes del alba, y durante los nueve días anteriores al 25 de diciembre, natividad de Jesús.


domingo, 30 de diciembre de 2018

Felicitación de Navidad desde la Luna, 24 de diciembre de 1968


Navidades en la Luna
En la Nochebuena de 2018, los astronautas de la NASA, Anders, Borman y Lovell, tripulantes del Apolo 8 (primera misión tripulada a la órbita lunar)se convirtieron en las primeras personas que entraban en la órbita de un planeta distinto a la Tierra.  Collage  L .N. M. 
  

Luis Negro Marco 

 Las misiones tripuladas de la NASA a la Luna han sido fuente de algunas de las más célebres frases de la historia. Así, el 21 de julio de 1969, Neil Armstrong, al convertirse en el primer hombre en pisar la superficie de nuestro imprescindible y tímido (pues se obstina en ocultarnos una de sus caras) satélite, nos obsequió –en su calidad de primer reportero en transmitir una noticia desde la superficie lunar– con una mítica e imperecedera frase: “Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la Humanidad”.   

 Claro que si aquel primer pequeño gran paso fue posible, se debió a anteriores viajes espaciales de otros compañeros suyos astronautas –en los que asumían  hasta un 50 por ciento de riesgo de no poder volver a la Tierra– con la misión de preparar el terreno para que el acariciado sueño –desde Julio Verne, pasando por Georges Méliès hasta Tintin– de que el primer alunizaje se hiciese realidad.

 Fue así como en la Nochebuena del 24 de diciembre de 1968 (hace ahora 50 años) el Apolo 8 de la NASA (lanzado tres días antes desde Cabo Kennedy, en Florida), con el comandante Frank Borman, y los pilotos James Lovell y William Anders a bordo, entraba en la órbita lunar. Eran los primeros astronautas de la primera misión tripulada a la Luna y quienes por vez primera orbitaban un mundo diferente al de nuestro planeta.

 En su breve (los astronautas regresaron a la Tierra el 27 de diciembre, tras volar en seis días más de 768.000 kilómetros) periplo orbital navideño sobre nuestro satélite, Will Anders realizó desde la ventanilla del módulo lunar una fotografía que desde entonces sigue siendo un icono sobre la fragilidad y milagrosa existencia de nuestro planeta; una hermosa esfera azul rebosante de vida y belleza, en medio de la soledad infinita de un profundo, misterioso y negro universo. Foto que inspiraría la creación del Día mundial de la Tierra, que desde 1970 se celebra cada 22 de abril, para concienciar a la Humanidad sobre la necesidad del cuidado de nuestro planeta y del espacio que lo protege, y para que en él siga siendo posible la vida. Así, los astronautas del Apolo 8 habían ido a explorar la Luna, y habían acabado “descubriendo la Tierra” para todo el mundo.

 En torno a la medianoche de aquel histórico 24 de diciembre de 1968, la NASA hizo una retransmisión televisada en directo con los tripulantes del Apolo 8, en el transcurso de la cual Anders anunció desde el módulo lunar: Para todas las personas en la Tierra, la tripulación del Apolo 8 tiene un mensaje que nos gustaría enviarles", y comenzaron a recitar, por turno, –cuales Tres Reyes Magos del espaciolos primeros pasajes bíblicos del Génesis, en que se describe como Dios crea la Tierra. Al terminar, Borman agregó: "Y desde el Apolo 8, despedimos la conexión deseándoles buenas noches, buena suerte, feliz Navidad, y que Dios los bendiga a todos ustedes, en la buena Tierra".

 Como curiosidad, cabría añadir que uno de los pilotos del Apolo 8, James Lovell, fue después comandante del Apolo 13, séptima misión tripulada de la NASA a la Luna, la cual estuvo a punto de acabar en tragedia. Era  el 13 de abril de 1970,  cuando Lovell pronunció otra frase para la historia: “Houston, we’ve had a problem” (Houston, hemos tenido un problema), pocos minutos después de que –cuando la nave espacial se encontraba a más de 200.000 kilómetros de la Tierra– uno de los módulos sufriera una explosión que dejó casi sin reservas de oxígeno a la tripulación. Final y felizmente, cuatro días después del accidente, el 17 de abril, los tres astronautas de la misión lograban regresar sanos y salvos (en buena medida gracias a la pericia del comandante Lovell) a la Tierra.  En 1995 Ron Howard dirigió una película sobre aquella mítica misión espacial, protagonizada por Tom Hanks en el papel del (ahora nonagenario) astronauta Lovell, quien a su vez aparece fugazmente en el film como comandante del buque Iwo Jima, encargado de recoger a los astronautas y la cápsula del Apolo XIII tras su amerizaje en la Tierra.

sábado, 29 de diciembre de 2018

La lotería de Navidad, y las Escuelas de San Ildefonso

Luis Negro Marco 

 La Gaceta de Madrid  publicaba el 11 de 0ctubre de 1763 un real decreto del rey Carlos III (promulgado por el monarca el 30 de septiembre anterior) en el que se establecía, a beneficio de los hospitales, hospicios, y otras obras pías, una Lotería o Beneficiata, cuyo primer sorteo habría de celebrase el próximo 10 de diciembre en la Sala del Real Consejo (ayuntamiento) de Madrid. Y para animar a los españoles a jugar, incluso se publicó un libro gratuito, en el que se explicaban las reglas y modo de efectuar las apuestas.

 El nombre de Beneficiata, con el que también se conoció en España al juego de la lotería (lotes de premios que entran en suerte) vino importado de Italia, donde desde hacía años ya existía, con el nombre de Lotto (nombre que allí recibía el billete de la apuesta) y Beneficiata, que en Italia también se usaba para referirse a la obra de teatro que se ponía en escena para recabar fondos en beneficio de un actor de la compañía. De manera que la lotería, aun para procurar un bien personal, no nació ajena al altruismo y  a la filantropía.
 Los españoles se aficionaron pronto y mucho al nuevo juego. Hasta el punto de que en apenas dos décadas, la recaudación para el Estado había llegado a ser tan alta que en diciembre  de 1792 el rey Carlos IV dispuso mediante real decreto que, en adelante, el Ministro de Hacienda sería  a su vez superintendente nato de la Lotería.

 En nuestro país, el juego consistió primeramente en la  extracción de cinco números del uno al 90, en un orden determinado. De manera que las suertes podían jugarse al extracto simple de los números, o al previamente determinado en la apuesta por el jugador, siendo –en este caso– el premio muy superior, a la vez que también mayor el precio de la apuesta.

 Posteriormente, la Cortes de Cádiz, que afianzaron las bases de la beneficencia pública en
Grabado del holandés Jan Kool, de finales del siglo
XVIII, representado a EL GORDO DE LA LOTERÍA

El fanático por la Lotería o el Enano
afortunado
” Enano llamado mil hombres
 convida a los Jugadores a que saquen de
su chupa y sobrero ambos, como se verá en
 las extracciones que vayan saliendo,
 jugándolos en la forma que están, que son seis
en cada línea, y en la casaca calzones
y medias para las ternas, jugándoles
como se quiera
".



España, aprobaron –el 13 de febrero de 1812–  la «Instrucción de la Lotería Nacional de España» (también conocida desde entonces como lotería moderna) que habría de ser “igual a la que hace muchos años se halla establecida en Nueva-España” (virreinato español de América del Norte). Y es que allí, el 13 de mayo de 1771 se había celebrado en el ayuntamiento de la ciudad de Méjico el primer sorteo, el cual –desde sus inicios hasta hoy– fue cantado por “niños gritones”. Costumbre a la vez exportada desde la metrópoli hasta las tierras hispanas de América, puesto que apenas dos meses antes, el 9 de marzo de 1771, habían sido niños del colegio de pobres y huérfanos de San Ildefonso quienes habían canturreado en Madrid los números ganadores de la lotería.

 El colegio de San Ildefonso había nacido bajo la inspiración de las ideas pedagógicas del valenciano Luis Vives (1493-1540), a su vez muy influyente en la obra educativa del aragonés San José de Calasanz, quien en  su obra “Subventione Pauperum” ya señalaba la importancia de la educación de la infancia, mediante el aprendizaje de la lectura, mezclado con la doctrina de la Iglesia. De ahí que a los del colegio de San Ildefonso también se les conociera con el nombre de “Niños doctrinos”.  Colegio a su vez muy ligado a la propagación de la doctrina de la virginidad de María (defendida secularmente por la monarquía hispana, desde los Austrias, en oposición a las ideas del protestantismo), uno de cuyos primeros y más firmes defensores había sido el santo que dio nombre a la pía institución, San Ildefonso (607-669), arzobispo de Toledo y autor de la obra “De Perpetua Viginitate Sanctae María”.

 A partir de 1787, los niños del colegio de San Ildefonso tuvieron una cartilla propia (también llamada silabario) para aprender a leer y a escribir con corrección. De manera que qué mejores pregoneros que ellos para dar la buena nueva a los afortunados. ¡Menuda lotería!

lunes, 10 de diciembre de 2018

Alfonso Bullón de Mendoza: "Villar y Herrera son la otra cara de la Cincomarzada"


Alfonso Bullón de Mendoza: “En bastantes ocasiones, el carlismo no ha sido bien comprendido”

Alfonso Bullón de Mendoza, catedrático de Historia contemporánea y director del «Instituto CEU de Estudios Históricos», estuvo presente en la tarde-noche del viernes, 24 de agosto de 2018, en las localidades zaragozanas de Herrera de los Navarros y Villar de los Navarros, presentando un documental sobre Charles Lewis Gruneisen, el primer corresponsal de guerra de la historia, que, el 24 de agosto de 1837 presenció y narró, para el periódico londinense «The Morning Post» la batalla de Villar de los Navarros. Un hecho de armas que aconteció en la primera guerra carlista (1833-1840) y supuso una importante victoria para Don Carlos, tío de la reina Isabel II, en sus aspiraciones a la Corona española.

Luis Negro Marco 

Pregunta: Si hubiera de hacerlo brevemente, ¿cómo definiría usted el estado actual de la historia y de la investigación histórica en España?
Respuesta: Sin duda nunca ha habido tantos historiadores profesionales en España como existen en la actualidad, aunque otra cosa es que sus publicaciones lleguen al gran público, pues dentro del mundo académico lo que se valora no son las publicaciones de carácter divulgativo, sino las que aparecen en revistas especializadas de muy escasa difusión.

P: Usted es uno de los grandes especialistas en el estudio de la historia del carlismo ¿considera que este tema ha sido bien abordado por los historiadores?
R: Creo que en bastantes ocasiones el carlismo no ha sido bien comprendido, pues se trata de entender con la mentalidad de hoy a hombres de hace cerca de doscientos años, cuya escala de valores era muy distinta de la actual.

P: Las guerras carlistas se suscitaron por un problema sucesorio a la Corona de España tras la muerte de Fernando VII, el 29 de septiembre de 1833 ¿Les asistía la razón a los carlistas cuando reclamaban  la corona para don Carlos, en detrimento de su sobrina, la reina Isabel II.
Alfonso Bullón de Mendoza y Gómez de Valugera, es catedrático de Historia, director de la revista de Historia Contemporánea APORTES, y desde julio de 2018, Presidente de la "Asociación Católica de Propagandistas"
R: Desde el punto de vista de la legalidad del Antiguo Régimen parece indudable, pues por más que se denominara rey absoluto, Fernando VII no podía cambiar el orden de sucesión a la corona sin respetar una serie de formalidades que no tuvo en cuenta, la principal de las cuales era convocar unas cortes cuyos diputados tuvieran poderes extraordinarios para discutir el tema.

P: Charles Lewis Gruneisen era masón y apoyó la causa de Don Carlos convencido de que su partido representaba el progreso en España. ¿No es un mito infundado el identificar al carlismo como contrario a las libertades?
R: La mayor parte de los tories ingleses, incluyendo al duque de Wellington, veían con simpatía la causa carlista, pues no hay que olvidar que Gran Bretaña no ha tenido nunca una constitución escrita como las que los liberales españoles copiaron de Francia. Los carlistas eran vistos por ello como defensores de esa España tradicional que se había opuesto a Napoleón en 1808. 

P: ¿Qué principales ideas fueron las que sustentaron el pensamiento carlista a lo largo del siglo XIX?
R: La defensa de la religión frente a los ataques del liberalismo (exclaustración, desamortización, matanzas de frailes como la de Madrid de 1834) y la defensa del papel decisivo del Rey en el gobierno del reino, sin que eso supusiera que podía hacer cuanto le viniera en gana (de ahí su oposición al cambio dinástico perpetrado por Fernando VII). Posteriormente fue tomando protagonismo la defensa de los fueros y leyes particulares de cada zona.

P: Si el carlismo fue firme defensor de los fueros de los navarros y de las provincias vascongadas, ¿por qué tuvo sin embargo tanto peso también en Aragón?
R: El carlismo tuvo gran peso en toda España, y si el Navarra y vascongadas el alzamiento inicial tuvo tanta fuerza, adhiriéndose a él Vitoria y Bilbao, fue no porque se tratara de un alzamiento en defensa de los fueros, sino porque la existencia de los mismos en el País Vasconavarro hizo que las autoridades locales pudieran disponer de unas milicias armadas que protagonizaron la sublevación, milicias que habían sido neutralizadas en el resto de España. Probablemente la región más carlista de España fuera Cataluña, pero Aragón y Valencia adquirieron al final del conflicto un peso mayor que el del Norte debido al genio militar de Cabrera.

P: Se ha repetido mucho y durante muchas semanas, que el independentismo catalán tendría su base en el pasado carlista de Cataluña a lo largo del siglo XIX y principios del XX ¿Qué opina usted al respecto?
R: En carlismo, en tanto amante de la tradición, juega un papel importante en la recuperación de la cultura catalana y vasconavarra, pero desde el punto de vista político se enfrentó al nacionalismo, lo que se vio con gran claridad en la guerra civil española, cuando gudaris y requetés se combatieron a muerte en la campaña del Norte.

P: ¿Herrera de los Navarros y Villar de los Navarros podrían ser en el futuro referente en Aragón sobre el estudio y difusión de la historia del carlismo como lo es actualmente Estella en Navarra?
R: Quizá el evento que hoy se conmemora más en Aragón relacionado con el carlismo es la fallida sorpresa de Cabañero sobre Zaragoza el 5 de marzo de 1838 (la cinco marzada). La acción de Villar o Herrera supone la otra cara de la moneda, la que recuerda a ese carlismo que tuvo opciones reales de ganar la guerra.


viernes, 7 de diciembre de 2018

Cuadragésimo aniversario de la Constitución Española de 1978

https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/mas-voces/espana-dos-siglos-constitucionalismo_1328044.html

España, dos siglos de constitucionalismo

Luis Negro Marco 

La primera de las constituciones que han existido en nuestro país, fue la de Bayona, nombre con el que se conoce a la otorgada en dicha ciudad francesa por el rey intruso José Bonaparte el 6 de julio de 1808. Sin embargo, el verdadero origen del constitucionalismo español lo marcó la Constitución de 1812, sancionada el 19 de marzo de dicho año (festividad de San José –de ahí su apodo de «La Pepa» –), por las Cortes Constituyentes de Cádiz. Fueron redactadas aquellas durante el cautiverio del rey Fernando  VII, quien no la quiso aceptar una vez repuesto en el trono de España.

Ponentes designados en agosto de 1977 para la redacción de la Constitución Española. De arriba a abajo, y de izquierda a derecha: Gabriel Cisneros, José Pedro Perez-Llorca y Miguel Herrero (Unión de Centro Democrático); Miguel Roca (portavoz del Grupo Catalán en el Congreso de los Diputados, representando a su vez a los nacionalistas vascos), Manuel Fraga (Alianza Popular), Gregorio Peces Barba (Partido Socialista Obrero Español) y Jordi Solé Tura (Partido Comunista de España).               Fot. B/N coloreada: L.N.M.
De modo que el texto fue abolido el 4 de marzo de 1814. Sin embargo, fue restablecida tras el golpe de estado del general Riego, en Cabezas de San Juan, el 1 de enero de 1820. La Constitución de 1812 volvió así a estar vigente  hasta el 29 de septiembre de 1823, y fue “resucitada” de nuevo en 1836 –durante la Primera Guerra Carlista–. Poco duró no obstante aquella restauración, pues el 18 de julio de 1837 fue sancionada una nueva Carta por las Cortes convocadas a tal efecto, y aceptada después por la regente María Cristina, en nombre de su hija –entonces menor de edad– la reina Isabel II.  Esta Constitución, reformada en 1845, robustecía el poder real y centralizaba la administración.

Baraja de la Constitución de Cádiz, impresa en 1822, durante
el trienio liberal (1820-1823), tras el golpe del general Riego
Con pequeñas modificaciones e intervalos, se prolongó la vigencia del texto anterior hasta 1868. En aquel año, el acuerdo alcanzado entre diversos partidos, propicio que el 6 de junio de 1869 se promulgase una nueva constitución para España. Un acta en la que dominaban los principios democráticos, y se identificaba a la monarquía hereditaria como la forma de gobierno, apoyada por un senado de carácter electivo. Sin embargo esta constitución quedó derogada en estos dos puntos, con motivo del advenimiento de la I República (proclamada el 11 de febrero de 1873), en virtud de la cual, España se convertía en una República democrática federal. Forma de gobierno que duró menos de un año, a causa del golpe de estado protagonizado por el general Pavía el 3 de enero de 1874.

Dos años, después –conclusa la tercera guerra carlista y proclamado Alfonso XII como nuevo rey de España–, Cánovas del Castillo asumió la responsabilidad de elaborar una nueva constitución para España, la cual fue aprobada por las Cortes el 30 de junio de 1876. La nueva carta magna establecía la monarquía legítima de Alfonso XII, la tolerancia religiosa, y la creación de un senado mixto. Esta constitución se mantuvo en vigor durante 47 años, siendo la más longeva que hasta ahora ha tenido nuestro país.  

Su vigencia finalizó en septiembre de 1923, bajo el reinado de Alfonso XIII,  a causa del golpe de estado del general Primo de Rivera, que estableció una dictadura militar en virtud de la cual dejaba en suspenso (pero no cancelaba) la constitución de 1876. Primo de Rivera ordenó a la Asamblea Nacional la redacción de una constitución, que en realidad era una “carta otorgada”, es decir, no 
Viñeta satírica alusiva a la Constitución de 1869, publicada
en el periódico "La Flaca"
emanada de la soberanía popular. Eso aceleró la caída de la dictadura, que culminó con la dimisión de Primo de Rivera el 29 de enero de 1930. Un fin de la dictadura que anunciaba asimismo el de la monarquía, cuyo desencadenante fue el triunfo obtenido por las candidaturas republicanas en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931; dos días después, Alcalá Zamora anunciaba el advenimiento de la II República, y con ella una nueva constitución para España, que se promulgó el 9 de diciembre de 1931. Un texto que acometía grandes reformas en terrenos tan importantes como el de la agricultura, la iglesia, la  educación, el ejército, la justicia, y el desarrollo de los Estatutos de Autonomía para Cataluña, País Vasco y Galicia.

La constitución republicana de 1931 permaneció vigente  hasta el 1 de abril de 1939, fecha en que terminó la guerra civil (1936-1939) y fue abolida por Franco. Durante el franquismo el Estado se rigió de acuerdo al «Fuero de los Españoles», formulado en 1945 como una Carta de Derechos para dar apariencia democrática ante los aliados victoriosos de la  II Guerra Mundial.

Transcurridos treinta años, el 22 de noviembre de 1975, dos días después de la muerte de Franco, Juan Carlos I era coronado rey de España, iniciándose la Transición hacia la democracia. De este modo, en diciembre de 1976 quedaba aprobada mediante referéndum la Ley para la Reforma Política de España, y el 6 de diciembre de 1978 los españoles aprobaron –nuevamente por referéndum– la actual Constitución española. 

 Nuestra actual Carta Magna contempla a España como una Monarquía constitucional, de la que es rey Felipe VI, y un Estado autonómico, cristalizado en un régimen democrático estable y plural, sustentado en la seguridad jurídica que emana de la legalidad constitucional.