jueves, 28 de agosto de 2014

Micaela Trujillo Galán, una vida de novela en Guinea Ecuatorial, a la sombra de "Palmeras en la nieve"



http://www.lagacetadeguinea.com/202/09.htm

El ‘Ébano’ de Guinea Ecuatorial que Micaela Trujillo plantó en La Romareda
Micaela Trujillo Galán en su kiosco de periódicos y revistas  en el número 11 de la zaragozana calle de Asín y Palacios, en el barrio de La Romareda. "Ébano" es el nombre de un periódico que se editaba en la década de los sesenta, y que aún se edita en Guinea Ecuatorial. De ahí que Micaela  Trujillo le pusiera a su papelería el mismo nombre. "Ébano" es en la actualidad, con más de cuarenta años de existencia, el kiosco más antiguo de la ciudad de Zaragoza.- Foto: Luis Negro Marco
Micaela Trujillo Galán,  de 84 años de edad, lleva 43 al frente de ‘Ébano’, el kiosco más antiguo de Zaragoza (ubicado junto al estadio de fútbol de la Romareda), cuyo nombre puso en recuerdo al periódico homónimo de Guinea Ecuatorial. En este país, vivió Micaela durante 15 años (desde 1954 hasta 1969), en la ciudad de Santa Isabel (hoy Malabo). Allí conoció a su marido (natural de Plenas), nacieron y fueron bautizados sus hijos, y transcurrieron, según recuerda, algunos de los años más felices de su vida

Luis Negro Marco / Toxos Soutos

Natural de Peraleda del Zaucejo (provincia de Badajoz), en donde nació un 7 de abril del año 1930, Micaela fue la última de 12 hermanos, de padres agricultores. Lleva la mitad de su vida residiendo en Zaragoza y, a sus 84 años, sigue como cada día (dese hace más de cuatro décadas) subiendo las persianas de su puesto de prensa y revistas  en el número 11 de la calle Asín y Palacios. Todo un ejemplo de coraje, fuerza de voluntad y bondad.

 Con apenas seis años cumplido, Micaela habría de ser testigo en Madrid de los horrores de la guerra civil española (1936-1939), así como de los combates aéreos que sobre los tejados de la ciudad se prodigaban y que hacían sonar las sirenas llamando a los habitantes de la ciudad a tomar refugio en las estaciones de metro, entonces aún en proceso de construcción.

  A los pocos años de terminada la guerra, en 1949, y con tan solo 18 años, abrió en la céntrica calle de Serrano, en Madrid una prestigiosa Academia de confección y diseño de trajes para la mujer, entre cuyos clientes figuraron también personas muy conocidas de la época.

Viaje a Guinea Ecuatorial
 Sin embargo, Micaela –mujer dotada de un gran carácter emprendedor– una vez hubo cumplido los 24 años decidió poner nuevo rumbo a su vida y seguir los pasos de su hermana Matilde y su cuñado Manuel, para trabajar en Guinea Ecuatorial. Para entonces, el país era una zona que, bajo el nombre de “Territorio de Guinea española”,  dependía directamente de la administración española.

Paquebote "Ciudad de Sevilla" que hacía el trayecto entre Cádiz y la isla de Fernando Poo (hoy Bioko), y que recalaba en la ciudad de "Santa Isabel" (hoy Malabo). A bordo de este barco llegaría en septiembre de 1954 a la que habría de ser su nuevo país durante 14 años, Guinea Ecuatorial.-       Foto: Archivo Micaela Trujillo
Llegó así, el 18 de agosto de 1954, fecha en que, desde el puerto de Cádiz Micaela embarcaba
 en el paquebote “Ciudad de Sevilla”, con destino a  la isla de Fernando Poo (actual Bioko). Y tras varios días de travesía, el barco hacía su entada en el puerto de la ciudad de Santa Isabel (hoy Malabo, capital de Guinea Ecuatorial).  Su nueva casa en Santa Isabel, iba a estar justo en frente del Ayuntamiento, y a pocos metros de ella, se encontraba la de quien apenas seis meses después, se convertiría en su marido. Valero Gracia Anglada, era entonces un joven ingeniero industrial, tres años mayor que Micaela (había nacido en 1927, en la zaragozana localidad de Plenas), que regentaba el único taller de coches –ubicado en el santaisabelino barrio de Amilibia– existente en Fernando Poo.

Boda en la catedral de Santa Isabel
El 7 de abril de 1955, Micaela y Valero contraían matrimonio en la catedral de Santa Isabel. Y al mes siguiente de haber disfrutado de su luna de miel, ella abría (como ya hiciera en Madrid) su propio negocio de diseño, corte y confección. En 1959, Guinea Ecuatorial se convertía más que nunca en territorio español, pues se estructuraba legalmente en dos provincias españolas: Fernando Poo (zona insular) y Río Muni (región continental).

Boda de Micaela Trujillo y su esposo Valero Gracia, oficiada el 7 de abril de 1956 en el altar mayor de la catedral de Santa Isabel (hoy Malabo). El sacerdote era español, acompañado de dos jóvenes monaguillos guineoecuatorianos. Los padrinos, también presentes en la imagen, fueron la hermana de Micaela, Matilde, y su marido, Manuel.- Foto: Archivo Micaela Trujillo Galán
Entretanto, Micaela y Valero iban afianzando su vida,  sintiéndose cada vez más felices e identificados con las gentes y  modos de vida de su nueva provincia española en África: Fernando Poo. En 1957 nacería Eva, la primera de los tres hijos del matrimonio, y en 1960 llegaría Roberto (ambos nacieron en Zaragoza adonde Micaela se trasladó para dar a luz) y, ya  en 1967 Rocío del Mar, la más guineoecuatoriana, pues nació en el hospital de Santa Isabel. Sin embargo, los tres comparten el mismo privilegio (del que muy pocos españoles pueden presumir): el de haber sido bautizados ante el altar mayor de la catedral de la capital de Guinea Ecuatorial, Malabo, entonces llamada Santa Isabel.

En las décadas de los años cuarenta y finales de los sesenta, fueron decenas de miles los españoles que (al igual que Micaela y Valero) decidieron dejar España y sus familias y emigrar a Guinea Ecuatorial  en busca de un futuro mejor. Un tiempo invisible de la reciente Historia de España al que la escritora aragonesa, Luz Gabás, iluminó con su  espléndido libro “Palmeras en la nieve”. Micaela lo ha leído también y dice: Es un libro maravilloso; me encantó, y es que además, lo que cuenta la escritora es la realidad novelada  de cuanto  los españoles vivimos allí, en Guinea.

Micaela Trujillo, en el peldaño superior de la escalera, junto a una amiga española, en un parque de Santa Isabel, en el mes de agosto de 1963. Los vestidos que  llevan ambas, fueron diseñados y confeccionados por la propia Micaela en su taller de costura.- Foto: Archivo Micaela Trujillo Galán
 Y algún poderoso influjo mágico debe  tener aquel lugar de África central, para quienes en él vivieron, y Micaela afirma sin duda: Volvería a Guinea Ecuatorial ahora mismo, con los ojos cerrados, porque allí transcurrieron algunos de los días más felices de mi vida,  intensamente, con mi esposo y tres hijosMicaela Trujillo recuerda que en su casa de Santa Isabel disponían de todas las comodidades, y con la finalidad de poder compaginar su trabajo con las tareas de casa y el cuidado de sus hijos, ella y su esposo decidieron contratar a un cocinero y un “boy”  (empleado del hogar, en pichinglis), ambos de nacionalidad nigeriana. Al mismo tiempo, recuerda que la convivencia entre españoles y guineoecuatorianos fue maravillosa, y todos sus recuerdos son de gratitud plena para sus gentes. 

Retorno a España
En 1969, un año después de que Guinea Ecuatorial alcanzase la independencia (el 12 de octubre de 1968), Micaela y su esposo Valero decidieron regresar con sus tres hijos a España, dejando, no obstante, un “pedazo de su corazón” en Guinea, trayendo consigo un imborrable recuerdo de sus maravillosas vivencias africanas. Nueva vida en España.
 En 1975 fallecía Valero, esposo de Micaela, quedando sola al cargo de sus tres hijos aún muy jóvenes (la más pequeña, Rocío del Mar, tenía nueve años). Pero para entonces, Micaela llevaba ya cuatro años al frente de “Ebano”, un kiosco de prensa situado en el número 11 de la calle Asín y Palacios de La Romareda; a mediados de los setenta un barrio aún en fase de  desarrollo, y rodeado de campos de cultivo Desde entonces han pasado 43 años, y “Ébano”, continúa abriendo sus puertas cada día (es el puesto de prensa más longevo de la ciudad) ofreciendo las noticias y actualidad del momento, impresas en los periódicos y revistas que cada día vende a sus clientes; y lo hace como siempre, con su eterna sonrisa y ternura, al otro lado de su pequeño
Micaela Trujillo, toda una vida dedicada a los demás, muestra en su mirada, serena y amable, una vida pletórica de pasión y bondad. A sus 84 años, ahora está plenamente volcada con su familia, muy especialmente con sus hijos y nietos, que la inundan de amor. Una justa y merecida recompensa para una persona que continúa, todos los días, subiendo las persianas de su zaragozana tienda de periódicos y revistas, lo que constituye un digno ejemplo de ciudadanía. Ella ha sabido y sabe demostrar que con pasión, trabajo, ilusión y perseverancia, cualquier meta, por difícil que se nos antoje, es posible de alcanzar.-   Foto: Luis Negro Marco
mostrador de cristal.  “Ébano” por cierto, era  (y sigue siendo) uno de los periódicos de Guinea Ecuatorial, un periódico que Micaela leía cada semana entre la calidez y el claroscuro enrejado del salón de su casa, junto a su marido e hijos. Por eso llamó a su puesto de prensa así: “Ébano”, a su vez árbol totémico de África, símbolo de la negritud.

Llena de una extraordinaria energía, Micaela sigue con entusiasmo “al pie del cañón” de su negocio. Dice que le apasiona su trabajo y que mientras Dios le dé fuerzas continuará abriendo y bajando las persianas de su kiosco; aunque también confiesa, que lo hace por necesidad, pues en los tiempos difíciles que corren, no puede prescindir de la modesta fuente de ingresos que su histórica tienda le ofrece.

Ojalá que Micaela Trujillo continúe aún por muchos años al frente de “Ébano”, ese trocito de Guinea Ecuatorial en pleno barrio de La Romareda. Ella es una mujer-coraje, inteligente y humilde a la vez; todo un ejemplo de  honestidad y perseverancia.

lunes, 25 de agosto de 2014

25 de agosto, festividad de San José de Calasanz, fundador de las Escuelas Pías y precursor de la escuela pública

 San José de Calasanz: la Escuela como camino hacia la Verdad

Luis Negro Marco / Ponte Caldelas

Hoy se celebra la festividad de San José de Calasanz (Peralta de la Sal, 1557- Roma, 1648),  sacerdote aragonés que  en el año 1597 abrió, en la iglesia de “Santa Dorotea”, en el romano barrio del Trastévere, la primera escuela popular y gratuita del mundo. La obra pedagógica del santo aragonés, habría de sentar las bases de la Escuela moderna, basada en los  principios de obligatoriedad, gratuidad y gradualidad. Pero lo que hoy es un hecho que forma parte de la normalidad estructural de los Estados modernos, no lo era en absoluto cuando San José de Calasanz abrió su primera escuela en Roma, por cuanto puede considerarse que  la suya fue toda una revolución educativa.

 En 1564 había finalizado el largo Concilio de Trento, con el que la Iglesia Católica reafirmó sus principios frente a la Reforma Protestante de Lutero. En España, la reacción antiherética se articuló de manera inmediata a través del Santo Oficio, que actuó a su vez como extensión de la acción política de Felipe II (1527-1598). En su objetivo por alcanzar el poder absoluto en España,  el monarca chocó frontalmente con las Cortes y Fueros de los reinos hispanos, así como con los privilegios de sus señores y condes. Fue el caso del Condado de Ribagorza, en el Reino de Aragón, objeto de cruentas guerras a partir de 1587, en las que habría de hacerse célebre el bandolero Lupercio Latrás (1555-1590).  Finalmente, Felipe II acabó por incorporar el Condado a la Corona de España en 1591, en virtud del acuerdo alcanzado con  el  sexto Duque de Villahermosa, Francisco de Gurrea (1551-1622) en Madrid.

 Por otro lado, desde finales del siglo XVI y durante todo el siglo XVII, habría de producirse en Europa una verdadera “revolución científica”, basada en unos principios  que emanaban de la lógica y la razón y cuestionaban la mera aceptación  de la voluntad divina para comprender y explicar los acontecimientos que marcaban el devenir de la Humanidad. El astrónomo Galileo (1564-1642), inventor del primer telescopio, con el que  se pudo estudiar por vez primera el sistema solar; el filósofo Campanella (1568-1639), o el propio San José de Calasanz –amigo y colaborador, por cierto, de los dos anteriores– fueron algunos de los claros exponentes del “nuevo orden mundial” nacido entonces en Europa.

"La última comunión de San José de Calasanz". Cuadro pintado por Goya en 1819, y que actualmente se encuentra en el colegio de los Padres de Escolapios, en Madrid
Pero como en todos los grandes cambios de rumbo, el de aquellos siglos también llevó implícitas grandes crisis y colaterales tragedias. Así por ejemplo, el Imperio español en el que “nunca se ponía el sol”, y que abarcaba desde las indias occidentales hasta Filipinas, iniciaba su camino hacia el ocaso, y desde 1608  España sostendría una larga guerra en Europa que se prolongaría a lo largo de treinta años. Cuando el 24 de octubre de 1648, en la ciudad alemana de Münster, se firmó el Tratado de Paz, España debió reconocer el nacimiento de un nuevo Estado en Europa, el de los Países Bajos, cuyo modelo político, de corte nacionalista, se perfilaba radicalmente distinto a la monolítica estructura imperial hasta entonces hegemónica en Europa.

 Y en este escenario global de cambios –también en España– habrían de ser dos oscenses: San José de Calasanz y Pedro Cerbuna Negro (ambos nacieron en poblaciones muy cercanas entre sí: el primero en Peralta de la Sal y el segundo en Fonz, y los dos fueron sacerdotes), los protagonistas de importantes reformas en la Educación. Pedro Cerbuna (1538-1597), fue el artífice de la apertura de la Universidad de Zaragoza, en 1583, y su paisano y contemporáneo, San José de Calasanz, abrió la primera escuela popular y gratuita del mundo en Roma, en el año 1597; el mismo –otra curiosa coincidencia entre ambos– en que fallecía Pedro Cerbuna, en la ciudad de Calatayud.

 Calasanz pensaba que “para reformar al pueblo, no hay más que llamar a sus hijos a la escuela, proveerlos de maestros que, gratuitamente les enseñen las letras, y levantar su ánimo a esperanzas de mejor fortuna”. Y para lograr su misión pedagógica, fundó la Congregación religiosa de las Escuelas Pías, reconocida por el papa Gregorio XV (1554-1623) en el año 1621 como Orden religiosa consagrada a la educación de la infancia y la juventud más pobre y necesitada.


No fue un acto de "buenismo". La obra pedagógica de San José de Calasanz no habría sido posible sin la gran sensibilidad, compasión y profundo sentido de la verdad y caridad cristiana que debieron impregnar su carácter e inteligencia. Él creyó en la Educación como medio de integración y liberación interior de las personas, comenzando desde los primeros años de su existencia. En la imagen, "alegoría de la educación de la infancia",  parte del friso de pintura al fresco que decora una de las techumbres del colegio "Calasanz", de los Padres Escolapios en Guinea Ecuatorial.-
Foto: Luis Negro Marco
San José de Calasanz falleció en Roma el 25 de agosto ce 1648 y en reconocimiento a  su reforma educativa, que sentó las bases del derecho universal de la Infancia al acceso  y gratuidad de la Educación, fue canonizado por Clemente XIII (1693-1769) el 16 de julio de 1767. Asimismo, el papa Pío XII (1876-1958), proclamó en 1948 al fundador de las Escuelas Pías “Patrono universal de todas las escuelas populares cristianas del mundo”.

 Debe constatarse asimismo que la obra pedagógica de San José de Calasanz tuvo sus réplicas en la enseñanza no religiosa. Fue éste el caso del pedagogo suizo Juan Enrique Pestalozzi (1746-1827), quien en 1798 abrió en la localidad helvética de Stans una escuela dirigida exclusivamente a las niñas y niños pobres. Las ideas pedagógicas de Pestalozzi fueron consideradas para su época, tan democráticas como desinteresadas,  “siempre a favor del proletariado, ”ganándose con ello la enemistad de las clases elevadas de la sociedad de entonces.

  Pero, curiosamente, donde la pedagogía pestalozziana (cuyos principios no difirieren por otro lado, prácticamente en nada a los fijados dos siglos antes por San José de Calasanz) caló hondamente, fue en la Corte de Carlos IV (1748-1819) y muy especialmente en su favorito, Manuel Godoy (1767-1851). Éste creó en Madrid el “Instituto Militar Pestalozziano”, a cuyo frente puso a otro gran ilustre educador español, (en este caso en el terreno de la gimnástica), y seguidor del método de Pestalozzi: el coronel valenciano Francisco Amorós (1767-1843), creador  de la “Gimnasia Amorosiana”, cuyo manual, muy reconocido a nivel mundial, publicó en París en el año 1830.


  Curiosamente, la decoración del frontispicio de la  anteriormente citada institución militar fue encargada por Godoy a Francisco de Goya (1746-1828) quien, asimismo, había sido alumno del colegio de las Escuelas Pías en Zaragoza. El pintor aragonés siempre guardó una estrecha relación con la Orden, y en 1819 pintó por encargo de la Congregación, “La última comunión de San José de Calasanz”, obra maestra de la pintura religiosa. En 1827, antes de que el pintor de Fuendetodos partiese hacia su exilio en Burdeos, fue al colegio de los Escolapios en Madrid, y regaló al rector el cuadro “La oración de Jesús en el Huerto”, al tiempo que le decía: “Algo ha de hacer Francisco de Goya por su paisano, San José de Calasanz”

domingo, 24 de agosto de 2014

La memorable y desconocida batalla de Villar de los Navarros, acaecida el 24 de agosto de 1837. Una victoria del Ejército Carlista que pudo haber cambiado el destino de la Monarquía en España

Villar de los Navarros, “la otra Cincomarzada”
Vista general de la localidad de Villar de los Navarros, perteneciente a la comarca de Daroca, en la provincia de Zaragoza. La iglesia de San Pedro, de estilo mudéjar, emerge sobre los tejados de las casas. Foto: Luis Negro Marco

El 24 de agosto de 1837, las tropas carlistas derrotaron a las de Isabel II en una tan memorable como desconocida batalla, que tuvo lugar en la zaragozana localidad de Villar de los Navarros. Una victoria que pudo otorgar la Corona de España a Carlos María Isidro,  el pretendiente carlista


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Apenas hace unos meses que fue publicada una obra del profesor de la Universidad de
Luis Negro Marco / Campo Lameiro
Zaragoza, Raúl Mayoral Trigo, titulado El cinco de marzo de 1838 en Zaragoza. Aquella memorable jornada: 1837-1844, editado por la “Institución Fernando el Católico”. Una obra que profundiza en la historia y significado de la fiesta con la que Zaragoza conmemora y celebra, cada cinco de marzo, su victoria sobre las fuerzas asaltantes del ejército carlista a la ciudad.

En la mayoría de las ocasiones pensamos que los grandes acontecimientos, aquellos que han decidido los destinos de la Historia, son completamente ajenos a nuestras vidas y nuestro entorno, lo que es una errónea interpretación. Así, por ejemplo, el  libro de Raúl Mayoral en torno a la Zaragoza de “La Cincomarzada”,  pone de manifiesto que Aragón  fue escenario muy activo en los grandes acontecimientos del tormentoso siglo XIX español; una centuria en la que se pueden encontrar las respuestas a muchas de las grandes preguntas que plantea la  actual Historia de España.
Una de las casas del conjunto histórico de Villar de
los Navarros. Más que bicentenarios, los muros y
balcón de este solar, fueron seguro escenario desde
el que los carlistas que participaron en la batalla de
Villar de los Navarros (24 de agosto de 1837) cele-
braron su trascendental victoria sobre las tropas
del brigadier Buerens.-
Foto: Luis Negro Marco
La muerte de Fernando VII, acaecida el 29 de septiembre de 1833,  habría de legar a nuestro país la trágica herencia de tres guerras civiles, las cuales se habrían de prolongar intermitentemente hasta el último cuarto del siglo XIX. Los partidarios de la legalidad sucesoria vigente en España a la muerte del “Deseado”  (la ley de sucesión de Felipe V, de 1713) consideraron legítimo rey de España a  su hermano mayor, Carlos María Isidro (Carlos V) y pronto emitieron una proclama de adhesión a él.

  Pero la suerte estaba echada, y a finales de 1833, se hizo público el testamento de Fernando VII, en el que explicitaba la creación de un Consejo de Regencia que presidiría su esposa, María Cristina, hasta que su hija Isabel II (reina de España) alcanzase su mayoría de edad. Todo el Ejército manifestó su lealtad al “Nuevo Gobierno” de la regente María Cristina, mientras que ni un solo regimiento en España proclamó ante sus banderas a Carlos María Isidro (Carlos V) como legítimo rey.

 No obstante, los carlistas consideraron que con la llegada de Isabel II al trono, se producía una clara violación del derecho de legitimidad sucesoria, iniciándose de este modo una cruenta guerra civil, conocida como la  “Guerra de los siete años” (1833-1840), en que las  tierras y gentes aragonesas, no iban a ser, ni mucho menos, ajenas.

 A los cuatro años de iniciada la guerra civil, Carlos María Isidro programó con sus generales la llamada históricamente “Expedición Real”, que iniciada en la localidad Navarra de Estella el 15 de mayo de 1837, tenía como objetivo recorrer  y conquistar con sus tropas el noreste español hasta la ocupación definitiva de Madrid.

 Tras sucesivos hechos de armas, más o menos equilibrados, un caluroso 22 de agosto de 1837 los batallones carlistas llegaban a la zaragozana localidad de Villar de los Navarros, donde habrían de descansar de su larga marcha. En aquel momento operaban  en Aragón, contra la Expedición Real carlista, las columnas del general Espartero que estaba en Calatayud; así como las de los brigadieres Oraa –que estaba colocado en Daroca– y Buerens, quien, recién salido de Zaragoza, se situó en Cariñena.

 El día 23 de agosto, las fuerzas de Buerens entraban en Herrera de los Navarros esperando  a que allí se le unieran las de Oraa para, conjuntamente, proceder a atacar a los carlistas que se encontraban en Villar de los Navarros, a apenas ocho kilómetros de distancia. No obstante, alertado por sus exploradores del plan, en el amanecer del 24 de agosto, el Infante Don Sebastián Gabriel de Borbón (sobrino en segundo grado del pretendiente Carlos V), ordenó el despliegue de sus tropas que pronto ocuparon posiciones de combate sobre todo el valle de “La Cañada de la Cruz”, en el término de Villar de los Navarros, hacia la localidad de Herrera.

  A mediodía avanzó a su vez desde Herrera de los Navarros la columna gubernamental de Buerens,
Los trenes de aprovisionamiento de la Expedición Real carlista que llegó a
Villar de los Navarros el 22 de agosto de 1837, estaban compuestos de carros
y galeras amartillados en los que se transportaban municiones, víveres, y
herramientas para la construcción de campamentos e improvisados puestos
de combate
.- Foto: Luis Negro Marco
y una hora después quedaba alineada en orden de batalla frente a las posiciones carlistas. La lucha comenzó con el tiroteo de las guerrillas que duró más de una hora, como si ambos combatientes esperaran que el enemigo comenzara el ataque; hasta que finalmente, a las tres de la tarde, las tropas de Buerens avanzaron en un movimiento táctico que habría de ser fatal para sus soldados. El ejército carlista obtuvo una victoria total y absoluta gracias al ataque de su caballería, que dividió en dos las columnas oponentes. El brigadier Quílez (natural de Samper de Calanda), que dirigió la famosa carga carlista, fue gravemente herido en el combate y moriría pocos días después, en la localidad turolense de Muniesa, a causa de las heridas recibidas.

  Tras seis horas de lucha, a las siete de la tarde del 24 de agosto de 1837, la victoria  de los carlistas en Villar de los Navarros, había sido  tan arrolladora y completa que docenas de botellas de Veuve Clicquot  fueron descorchadas entre la oficialidad carlista para celebrar el éxito. Mientras, derrotados sus batallones, Buerens (perseguido al galope por un Escuadrón de la Caballería carlista) huía  en dirección a Belchite, al frente de los únicos 20 jinetes que pudieron escapar de su columna inicial, integrada por 6.000 soldados.
Los escenarios de la batalla de Villar de los Navarros tuvieron como testigos a las cercanas sierras de Oriche y Cucalón. Sus entonces esplendorosas iglesias, campos florecientes y pueblos
llenos de vida, han ido dejando paso, con el devenir de los años a un territorio hermoso pero abandonado, en el que los santuarios no son hoy en día sino meros testigos de un modo de vida
ya finiquitado. En la imagen, iglesia de Piedrahita
.- Foto: Luis Negro Marco 
La batalla de Villar de los Navarros, acaecida el 24 de agosto de 1837, fue uno de esos raros y trascendentales acontecimientos de la Historia que, en este caso, bien pudieron haber determinado la suerte de la Monarquía de España.  Sin embargo, apenas siete meses después, los acontecimientos iban a ser bien distintos: El 5 de marzo de 1838, Zaragoza era objeto de un asalto por parte del ejército carlista capitaneado por el brigadier Cabañero (turolense, de Urrea de Gaén). Pero la que iba a ser gran hazaña carlista, terminó en estrepitosa derrota y humillación para su causa.

Uno y otro acontecimiento (la batalla de Villar de los Navarros y ”La Cincomarzada”), fueron trágicos episodios de una calamitosa guerra civil en los que la casi totalidad de sus víctimas no llegaron siquiera a alcanzar el mérito de ser recordadas en la memoria,  y mucho menos la gloria de tener sus nombres impresos en las páginas de la Historia.

martes, 19 de agosto de 2014

Bimilenario de la muerte de Cayo Julio César Octaviano: "AUGUSTO", fundador de la Colonia romana en Hispania de "Caesar Augusta", Zaragoza



El Periódico de Aragón. Noticias de Zaragoza, Huesca y Teruel


 Augusto, el primer y mejor emperador de Roma                    


Luis Negro Marco / Allariz

La Zaragoza ibérica (que ya acuñaba sus propias monedas en bronce en el siglo II antes de Cristo) recibió el nombre de Salduie, aunque también se le atribuyó el (menos conocido) de Auripia. Éste, al parecer, debido a las arenas auríferas que hace más de dos mil años arrastraba la corriente del Ebro a su paso por la ciudad. Y el primero (Salduie o Salduba)  en referencia a la mucha sal que se encontraría en sus montes. Pero la relación entre el emperador Augusto y la ciudad que fundó sobre la anteriormente citada y que habría de llevar su nombre (Caesarea Augusta) comenzaría en los primeros días  del año 26 antes de Cristo, en el transcurso de la guerra de diez años (29 - 19 a. C.) que los pueblos Cántabros y Astures  sostuvieron contra Roma.

  El emperador Augusto nació en el año 63 a. C. en Roma con el nombre de Cayo Julio César Octaviano, primeramente conocido con el nombre de Octavio. Habiendo perdido a su padre  siendo todavía un niño, Julio César lo adoptó como hijo suyo. Al producirse su asesinato en el año 44 a. C., Augusto reclamó para sí el poder de Roma, y  un año después llegó a formar,  junto a Marco Antonio y Lépido, el segundo Triunvirato de la República. No obstante, una vez se deshizo de Lépido, en el año 36, Octavio entabló batalla contra Marco Antonio y su amante, la reina Cleopatra de Egipto. Ambos fueron vencidos en el año 31 a. C., quedando Octavio absoluto dueño del Imperio.

  Genial estratega militar, elocuente y con grandes dotes de persuasión, Octavio pronto supo conquistarse las simpatías del pueblo y del Senado romano, que en el año 21 a. C. le otorgaba el nombre de Augusto, el cual ostentó a partir de entonces, olvidando el de Octavio. Con gran habilidad, logró que confluyeran en él todos los poderes para un período de cinco años, luego para diez, y después para siempre. La República romana quedaba con Augusto, transformada en Monarquía.

 Pero volviendo a las “Guerras Cántabras”: Después de tres años de luchas contra Astures y Cántabros en Hispania, los legados romanos se mostraban incapaces de vencer. De modo que en el año 26 a. C., Augusto mismo, decidió tomar el mando de ellas. Pero él, también acabó por sucumbir a las fatigas de una lucha de guerrilla, estrategia común de todos los pueblos Iberos. Poco después, y presa de grave enfermedad, Augusto hubo de ser trasladado a un balneario de aguas termales próximo a Turiaso  (Tarazona), y una vez restablecido regresó a su cuartel general en Tarraco (Tarragona). Dejó la continuación de la guerra en manos de Antistio Vetus, y finalmente, Agripa, el mejor general por aquel entonces de Augusto, vencería en el año 19 a. C. definitivamente a los Cántabros de Hispania.

  Y habría de ser precisamente en sus viajes (26 y 25 a. C.) desde Tarraco al Norte de Hispania –a través de la cuenca del valle del Ebro, durante las Guerras de Hispania–cuando Augusto se `percató del gran potencial estratégico que la entonces ciudad ibérica de Salduie, poseía. De modo que decidió emplazar allí una colonia que, como tantas otras en Hispania (Emérita, Mérida, Lucus, Lugo, o Asturica, Astorga), habría de llevar su nombre: Caesar Augusta, Zaragoza.

  En su lucha contra los Cántabros, Augusto había formado tres Legiones: la IV Macedónica, la VI Victrix y la X Gémina. Instaladas en Hispania una vez finalizada la guerra, fue con veteranos de esas tres legiones con las que Augusto fundó la colonia de Zaragoza.  Así lo corrobora el hecho de que estas tres Legiones se nombran en las monedas acuñadas en la Zaragoza romana de Augusto y su sucesor, el  emperador Tiberio.

 Pero no fue la fundación de Zaragoza el único acontecimiento importante que enlaza la figura del primer emperador de Roma con Aragón. Así, sobre el año 15 a. C., Augusto dejaba adscrito el actual territorio de Aragón a la provincia Tarraconense (una de las tres, junto con la Lusitana y la Bética en que dividió Augusto a Hispania). Asimismo, el emperador creó en la Península ocho “Conventos Jurídicos” (demarcaciones territoriales a las que acudían los distintos pueblos de cada provincia con sus pleitos, como ahora ocurre con las Audiencias), uno de ellos el “Convento Cesaraugustano”, con sede en Zaragoza, y cuya extensión geográfica abarcaba a las actuales tres provincias aragonesas, además de Logroño, Pamplona, Soria, Guadalajara y Madrid.

 El reinado de Augusto se caracterizó por un período de paz, denominado por ello como de “Pax Augusta”, lo que no impidió que en el año 9 d. C., las legiones de su general Quintilio Varo, fuesen aniquiladas por los Germanos comandados por Arminio. Perdidas sus divisas imperiales, y con ellas el poder de Roma, simbolizado por las águilas, Augusto se llegaría a lamentar amargamente: “Varo, devuélveme mis águilas”.

 Pero más allá de este fracaso militar puntual, Augusto disciplinó al Ejército, reformó el Senado, y universalizó el esplendor de Roma, favoreciendo las Letras hasta tal punto que su siglo fue llamado “El siglo de oro de la Literatura latina”.

 La propaganda de Roma se hizo extensiva a todo el Imperio gobernado por el “Divino Augusto” (Emperador y Dios), siendo sus decenas de miles de colonias y municipios manifestaciones de su prosperidad y riqueza. Así emergió la refulgente Bilbilis (actual Calatayud), en las faldas del cerro de “Bámbola” cuna del poeta Marcial, en la que el emperador Augusto erigió un pedazo del Imperio de Roma en pleno corazón del Jalón Medio, tierra de celtíberos otrora tan hostiles al dominio de Roma. Asimismo, el momento de mayor esplendor del yacimiento arqueológico de Los Bañales (quizás la antigua ciudad de Tarraca) próximo a Uncastillo, comenzó a partir de Augusto, desempeñando un papel  comercial destacado, al estar ubicado junto a un tramo de la vía romana que unía Caesaraugusta con Pompaelo (Pamplona). 

 La figura del emperador debía ser reconocida y venerada por todo su pueblo, por lo que proliferaron sus retratos y esculturas en bronce por todo el Imperio. Es el caso de la copia en bronce del “Augusto de Prima Porta”, instalada en la Avenida de César Augusto de Zaragoza. Dicha escultura fue regalada por Mussolini a la ciudad de Zaragoza, una vez terminada la Guerra Civil, en recuerdo a su fundador.

 Corría el año 14 de nuestra Era cuando en la ciudad de Nola (región italiana de Campania), fallecía el primer, y seguramente mejor emperador de Roma. Se cuenta que al morir dijo a sus amigos: “¿Creéis que he representado bien la comedia de la vida? Si os ha gustado, aplaudid”.

viernes, 15 de agosto de 2014

15 de agosto festividad de la Virgen de La Asunción. Celebración cristiana universal

         La Asunción de María, “la Virgen de agosto
                             El Periódico de Aragón. Noticias de Zaragoza, Huesca y Teruel                http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/aragon/asuncion-maria-virgen-agosto_964126.html

 Luis Negro Marco / As Fragas do Eume


 La Asunción de María,  acto de elevación de la Virgen por Dios en su propia inmaculada carne, desde la Tierra al Cielo, se celebra con gran solemnidad cada 15 de agosto. Durante casi toda la Cristiandad, la general  creencia de las iglesias consideraba  la Asunción corporal de la Virgen como un sentimiento piadoso, aunque no decidido por la Iglesia universal. De manera que no fue hasta  1950 cuando el papa Pío XII promulgó como dogma de fe la Asunción de la Virgen María a los cielos.

 Sin embargo, el debate dentro de la Iglesia respecto a tan trascendental asunto, venía de muy lejos, y ya en el tercer Concilio ecuménico de Éfeso, celebrado en el año 431, la Virgen María fue proclamada “Madre de Dios” por los Padres de la Iglesia. Asimismo, tres siglos más tarde, en las Leyes (Capitulares) establecidas por el emperador Carlomagno (742-814) sobre la reforma del Clero, aparecía de nuevo constatada la celebración de la fiesta de La Asunción.

 Posteriormente, la celebración de la festividad habría sido también considerada por la Iglesia durante el Concilio de Maguncia, celebrado en el año 813. Dicha ciudad alemana, arrasada por el rey de los Hunos (Atila, muerto en el año 453), había sido precisamente reconstruida por  el emperador Germánico de Occidente, Carlomagno, quien  instituyó allí una gran sede metropolitana. Poco más tarde, durante el papado de San León IV, (muerto en  el año 855) la Iglesia instituyó la Octava  –espacio de ocho días durante los cuales la Iglesia celebra una fiesta solemne–  dedicada a La Asunción de la Virgen María.

 En cuanto a la Iglesia de Oriente, dicha celebración se habría establecido, según algunas fuentes, bajo el emperador Justiniano (483-565), quien mandó edificar  la imponente iglesia de “Santa Sofía”,
en la actual ciudad de Estambul. No obstante, y según otras fuentes, la Iglesia cristiana de Oriente no habría empezado a celebrar La Asunción de la Virgen hasta la llegada al poder del emperador Mauricio (539-602), quien tras la contundente derrota de su ejército ante los Avaros –12.000 de sus soldados habrían perecido en la lucha– fue asesinado y depuesto por Focas, uno de sus centuriones. Mauricio, emperador de Oriente, habría decretado durante su mandato la celebración oficial de La festividad, durante el tiempo en que la silla papal estuvo ocupada por San Gregorio, “el Grande” (540-604), cuyo nombre habría de quedar para siempre en la Historia de la Iglesia Católica por su infatigable lucha por la abolición de la esclavitud, la reforma de la Liturgia romana y la propagación del canto gregoriano.

 No obstante, y tras interminables titubeos, no sería hasta el siglo XII cuando se habría de consolidar la celebración de La Asunción de María en las respectivas iglesias del Imperio romano de Oriente, y el Germánico  de Occidente. Hecho que se constata, por ejemplo, en las Cartas de San Bernardo de Clairvaux (1091-1153) a los canónigos de León: “Dad a María las alabanzas que la pertenecen, pues después de Dios y de Jesus-Christo, es nuestra esperanza, nuestro consuelo y nuestra vida”. Asimismo una posterior ley del emperador de Oriente, Manuel Comneno (1143-1180), oficializaría su celebración.
 Un año de especial relevancia en cuanto a la institucionalización de la festividad de La Asunción de la Virgen, fue el de 1159  (año 5 del emperador Federico I y 17 del emperador Manuel Comneno)  en que Alejandro III fue consagrado con la corona pontifical. Con el nuevo papa, la festividad de La Asunción, iba a adquirir un nuevo y especial significado debido a un hecho de armas: Fue así que, una vez manifestadas las aspiraciones del emperador  Federico I por ostentar su soberanía sobre los Estados de la Iglesia, el papa Alejandro III se opuso a sus deseos, liderando contra él al ejército de la Liga Lombarda. La batalla decisiva para la victoria del papa, tuvo lugar el 15 de agosto (festividad de La Asunción) de 1176 en la ciudad italiana de Legnano, en la que el emperador quedó plenamente derrotado por el ejército papal.

 Surgió entonces la leyenda de que Barbarroja, vencido y despojado de su dignidad imperial, se arrodilló ante el papa, Alejandro III, en la iglesia de San Marcos de Venecia. Según esta misma leyenda, el papa habría puesto su pie sobre la cabeza del emperador Barbarroja al tiempo que pronunciaba las palabras del Salmo: “Andarás sobre el áspid y el basilisco y hollarás con tus pies el león y el dragón”, a lo que el emperador contestó: “No tú, sino Pedro”, replicando a su vez Alejandro: “Pedro y yo”.

  El caso, es que, victorioso, y en conmemoración del día de La Asunción, en el que había obtenido su victoria, el papa Alejandro III decretó que quienes “contritos y confesos” llegasen a la Iglesia en tal día, conseguirían plenísima redención de sus pecados, y dentro de la Octava, el perdón de la séptima parte de los mismos.

   A día de hoy, la celebración de “la Virgen de agosto”, es fiesta en miles de pueblos de España y  en varias  de las Comunidades Autónomas. Una festividad que llega mediado el mes de agosto, tradicionalmente el mes de la recolección y por tanto de la alegría por la cosecha obtenida. De este modo, la Asunción se adorna, como cada año, con gentes enfundadas en vestidos de gala, procesiones que huelen a rosas y albahaca, y manifestaciones que, de hondo sentimiento religioso, no celebran sino la inmensa alegría de vivir.


martes, 12 de agosto de 2014

El sacerdote Miguel Pajares, primer español muerto a causa del ébola en el ejercicio de su misión humanitaria por curar a los afectados por dicha enfermedad en Liberia

  Sensibilidad, sentido común  
El Padre Pajares (de la orden Hospitalaria de San Juan de Dios) junto al hermano George Combey, en el hospital de Liberia en el que ambos trabajaban combatiendo la enfermedad del ébola. El hermano George murió el día 11 de agosto a causa de la enfermedad, y el Padre Pajares, un día después (el 12 de agosto), en el Hiospirtal Carlos III de Madrid, cinco días después su repatriación  a España

Luis Negro Marco / Sobrado dos Monxes

Nuestro mundo atraviesa por unos momentos graves, difíciles y convulsos, marcados por una tensión extrema, de raíz, paradójica y principalmente, cultural. No estamos ni mucho menos ante El Choque de civilizaciones que aventuró el estadounidense Samuel Huntington (1927-2008) en su famoso libro publicado poco antes de los atentados del 11-M. Se trata, por el contrario de una tensión exacerbada provocada por la amenaza directa o velada contra estados democráticos y soberanos por parte de grupos terroristas (cuantitativamente no muy numerosos, pero fuertemente armados) cuyos activistas asumen interpretaciones de última hora,  extremas, fuera de toda lógica, ajenas a la razón, al más elemental sentido común, y  con absoluta falta de respeto al derecho fundamental de las personas: el de la propia vida. 

 Y en  este mundo en el que vivimos, inmensamente bello, pero a la vez lleno de amenazas y dramas humanos que suponen todo un reto para el avance de la Humanidad, existen personas que a cambio de nada han decidido darlo todo. Es el caso de las decenas de miles de misioneros (religiosas, religiosos y sacerdotes católicos) que han consagrado su vida para ayudar a los más necesitados. El antropólogo  y escritor aragonés Miguel Ángel Millán Asín,  en un reciente libro, Liderazgo y Gestión: lo que podemos aprender de los Fundadores, ponía de relieve un hecho que a la vez de real y determinante para nuestra sociedad actual, es –desgraciadamente– poco conocido: que las Congregaciones Religiosas Católicas fueron –y siguen siendo– desde su creación (algunas de ellas hace ya más de un milenio) pioneras en la formación de personas orientadas a la educación, el cuidado sanitario y la promoción social de los más pobres y desfavorecidos, en cualquier parte del mundo. Dichas Órdenes y Congregaciones (Camilos, Escolapios, Jesuitas, Salesianos,  Hermanos de San Juan de Dios…) constituyeron, en el momento de su nacimiento, una gran revolución debido a su firme compromiso por la consecución de un mundo de justicia y verdad. Así lo aseveraba también recientemente el Papa Francisco al afirmar que “la pobreza está en el centro del Evangelio”.

 Ahora, África (como siempre, debido a un drama humano, guerra o pandemia, como en este caso) ha vuelto a ser noticia de apertura de noticiarios y periódicos. El Ébola ha causado ya el millar de víctimas en Liberia, Sierra Leona y Guinea Conakry. Por cierto aún se sigue aludiendo en la mayoría de medios españoles, cuando se aborda la enfermedad del Ébola, al país de Guinea, en general –como uno de los países que la sufren– olvidando que en África existen tres “Guineas”: Guinea Conakry, Guinea Bissau, y Guinea Ecuatorial, esta última, ex colonia española, situada en él África Central, en la que no hay, afortunadamente, ningún caso de Ébola.

 Hace apenas una semana que el sacerdote Miguel Pajares, perteneciente a la “Orden de San Juan de Dios”, y la religiosa Juliana Bonoha, ambos españoles, fueron repatriados por el Gobierno, en un avión de las Fuerzas Armadas. El primero se infectó  del Ébola en el hospital en el que trabajaba (al igual que la hermana Juliana, quien afortunadamente dio negativo en las pruebas) atendiendo a las personas que habían contraído la enfermedad. El Gobierno de España hizo, repatriándoles, lo que tenía obligación de hacer con  dos  de sus ciudadanos que lo precisaban. Otras personas de aquel mismo hospital hubieron de quedarse en Monrovia y han corrido peor suerte que ellos;  fue el caso de la religiosa congoleña Chantal Pascaline, quien contagiada por la enfermedad, murió a causa de ella el pasado 9 de agosto. Sin duda, la hermana Chantal, al igual que quienes allí han trabajado,  han sido un insuperable ejemplo de honestidad y amor al prójimo, hasta haber dado la propia vida por él.

 El psicólogo canadiense Robert Hare (Calgary, 1934) escribió ya en 1993 un libro para la reflexión: Sin conciencia, el inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean. Grosso modo, el libro viene a decir que personas muy respetables y reconocidas socialmente,  muestran asimismo una asombrosa falta de sensibilidad, solidaridad y sentido común a la hora de su toma de decisiones públicas y personales. Viene lo anterior a cuento de que, causa una gran inquietud el  hecho de que, tras una operación de repatriación de los dos españoles a la que el Gobierno ha dado una amplia difusión a través de los medios de comunicación, rayana en  la más calculada propaganda, el Gobierno de España se haya planteado siquiera (afortunadamente el Presidente Rajoy ya ha anunciado que el Estado asumirá todos los costes, algo como él ha afirmado es de "puro sentido común") pasar parte de la factura de los gastos de repatriación de los dos religiosos a la Congregación religiosa a la que pertenecen. 

 Un anunció que (se quiera o no reconocer, llegó a hacerse público) denotando una  gran falta de sensibilidad e inteligencia emocional por parte de los responsables ministeriales que hicieron tal afirmación. Un gesto también, que implica ya no solo desprecio, sino un auténtico desconocimiento sobre la gran labor humanitaria que desde hace décadas, desempeñan las Órdenes Religiosas Católicas españolas, y no solo en África, sino en todo el mundo. También en España.

lunes, 11 de agosto de 2014

Libro de Anne Rice sobre la alta clase social de mujeres y hombres negros libres en la Nueva Orleans previa a la Guerra de Secesión de los Estados Unidos

  La terrible mancha de la esclavitud  

Luis Negro Marco /Milladoiro


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Anne Rice                              
La noche de Todos los Santos
Ediciones B; 854 páginas
Barcelona, 2014
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Fue la primera tierra avistada por Colón tras su larga travesía: Haití (“La Española”) acogió la primera de las comunidades españolas en el continente americano. Las costas de esta isla reclamaron asimismo los náufragos mascarones de proa y popa, con todo su velamen, de la nao “Santa María”, obligando al intrépido almirante a regresar a España a bordo de la Niña. Tierra de esclavos negros procedentes de África, Haití no fue ajena al movimiento de la Francia revolucionaria de 1789. Mas, no por voluntad de los “amos blancos”, sino por la rebelión. Toussaint Louverture (1743-1803) general haitiano, y negro, del ejército español, sentó, a través de sus victorias contra los franceses las bases de la independencia de los esclavos en Haití. Se puede decir que Toussaint fue el “Espartaco” (113 - 71 a. C.) de Roma, quien también murió, tras su larga rebelión contra el imperio romano, sin ver abolida la esclavitud.

Sin embargo un año después de la muerte del general Toussaint, acaecida en Francia en 1803,  su sucesor, el general Dessalines, (también antiguo esclavo africano, natural de Costa de Oro) consiguió derrotar a las tropas napoleónicas comandadas por Leclerc, convirtiendo a Haití en el primer país en declarar su independencia tras una revolución de esclavos. ¿Final feliz? No. Dessalines pronto comenzó a comportarse como un tirano, proclamándose emperador de Haití. Asesinó a la mayoría de colonos franceses que se quedaron en sus plantaciones después de la revolución, y también a sus mujeres, muchas de ellas negras, así como a sus hijos e hijas mulatos. La paradoja había consistido en que junto a la cruel represión esclavista de los colonos europeos, había surgido en la isla una peculiar casta, les gens de couleur, descendientes de esclavos, pero que también llevaban la sangre de los esclavistas franceses y españoles. Su status de hombres y mujeres libres les había permitido ser propietarios a su vez de grandes mansiones y plantaciones de caña, mantenidas  a su vez por mano de obra esclava. Dessalines cargó contra esta casta, asesinando a buena parte de las personas que la integraban. El resto, en su mayoría,  buscó refugio en el sur de los Estados Unidos. Nueva Orleans, en el Estado de Louisiana, fue la ciudad paradigma del asentamiento de aquellas gentes, mezcla de personas esclavas y libres, y de sangre mestiza: africana, hispana y francesa.  
   Les gens de couleur procedentes de Haití, prosperaron a su vez en Nueva Orleans (vendida en 1803, por Napoleón, junto con el Estado de Louisiana a los Estados Unidos), merced a su elevada cultura, a su carácter emprendedor, sus dotes para las artes, y  a su gran capacidad para el trabajo, pues no en vano habían sido anteriormente esclavos. Asimismo la belleza de la mujeres mulatas, y la atracción que ejercían entre los blancos (muchas de ellas estaban casadas con ricos hombres de negocios), llegó a convertirse en toda una leyenda en la Nueva Orleans de mediados del XIX. Sin embargo, los inmigrantes europeos llegados a América para hacer fortuna –más que los propios naturales de los Estados Unidos, que aceptaban de buena gana la condición de personas libres de les gens de couleur, si bien les privaban de cualquier actividad política– pronto empezaron a recelar del elevado status social de aquella alta clase social constituida por mujeres y hombres negros libres. Y sobre el devenir de algunas de aquellas fascinantes familias, hasta la llegada de la Guerra de Secesión (1861-1865), trata La noche de Todos los Santos, obra de la escritora estadounidense Anne Rice. Nacida en Nueva Orleans en 1941, la autora de Crónicas vampíricas realiza en este libro
un magistral retrato de una época y unas gentes sorprendentes y altamente influyentes en el devenir de los Estados Unidos, y  que sin embargo, han pasado prácticamente desapercibidas en la mayoría de los tratados de Historia. Y sin embargo, ahí están: el maestro de esgrima cuarterón (hijo de mestizo y española) Basile Crockere; el daguerrotipista mulato Jules Lion; el inventor negro Norbert Rillieux; o los escritores pertenecientes a la clase de les gens de couleur que hicieron posible la gran obra L´Album Littéraire, en prosa y poesía, que comenzó a editarse en 1843. Sin olvidar que Nueva Orleans, fue a finales del XIX la cuna del jazz, melodía que junto al blues (ambos de origen afroamericano) constituye la base de la música moderna actual.La noche de Todos los Santos es una estupenda novela, muy bien documentada, sobre el prácticamente desconocido mundo de los afroamericanos que fueron libres hasta comienzos de la Guerra de Secesión de los Estados Unidos. Un tema que en este año de 2014, está siendo de gran actualidad, debido a que se cumplen ahora los 210 años de la proclamación de independencia de Haití, y la UNESCO conmemora este hecho para concienciar al mundo sobre lo que fue la inhumana Trata transoceánica de esclavos. Un asunto que también aborda con rigor e impactante realidad, la reciente y oscarizada película Doce años de esclavitud que protagonizó la actriz Lupita Nyong´o, cuyo meritorio trabajo en este filme mereció el Óscar a  la mejor actriz.  Un rostro, por cierto, el de la actriz mejicana de origen keniano, que ilustra asimismo la portada de este libro: La noche de Todos los Santos. Título que además supone un homenaje al anteriormente citado primer gran libertador de los esclavos de Haití: Toussaint (“Todos los santos”) Louverture.