miércoles, 29 de junio de 2016

Benín en "La Gaceta de Guinea Ecuatorial"

Benín, fusión de religiones y civilizaciones africanas

Luis Negro Marco
Historiador y periodista

Situdada en la zona intertropical de África –entre el Ecuador y el Trópico de Cáncer– la nación de Benin  está limitada al norte por el río Níger, al sur por el océano Atlántico, al este por Nigeria, al oeste por Togo, y al noroeste por Burkina Faso.  La extensión territorial del país es de 113.000 kilómetros cuadrados (algo superior en cuatro veces a la de Guinea Ecuatorial) divididos en 12 departamentos y 77 provincias. Climáticamente en el país se distinguen dos zonas diferenciadas. Así, encontramos el clima ecuatorial (al sur), con  4 estaciones; y el clima sudanés, al norte, con solo 2
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GUINEA ECUATORIAL

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estaciones. Asimismo es en esta zona septentrional de Benin en donde se encuentran los dos Parques nacionales con que cuenta el país: “Pendjari” y el “Parque W”, con una rica y diversa fauna salvaje, y con abndantes ríachuelos, lagos y lagunas. Puede decirse de Benin que su relieve geográfico es poco accidentado, y abundante en bellos paisajes, con pinceladas de bucólicas playas de arena fina, bosques frondosos, verdes valles donde se extienden los cultivos agrícolas y corrientes rápidas de ríos que han tallado a lo largo de años las altas rocas, cayendo sus aguas en espectaculares cascadas. Antigua colonia francesa, Benín cuenta con una población de 9 millones de habitantes. El idioma oficial es el francés, y se hablan también las lenguas propias: fon, adja, yoruba, bariba y dendi. El país obtuvo su independencia el 1 de agosto de 1960, y vive una experiencia democrática estable, desde 1990. El actual presidente electo de Benín, es, desde el pasado 6 de abril, Patrice Talon.

Religiosidad           
 La católica es la religión más profesada en Benin, por un 35% de la población, a la que sigue la religión musulmana (20% de creyentes) y religiones propias de la nación , practicas por un 37% de los naturales del país. Hay que destacar que Benín es la cuna de la religión “Vudú”, la cual fue llevada a América por los esclavos negros allí deportados, quienes llevaron consigo las creencias y prácticas “Vudú”, tan importantes hoy en día en Brasil y las islas caribeñas de Cuba y Haití.

Alegría y amistad. Mujeres beninesas en  la Feria internacional de Turismo (FITUR),  de Madrid, en un derroche de cordialidad y buen humor, con un cuenco de refrescante bebida de coco, elaborada por ellas mismas, muy popular en  Benín.     Foto: Luis Negro Marco

En la actualidad, prácticamente todos los pueblos y ciudades de la mitad sur de Benin  están llenos de templos y conventos “Vudú”, destacando entre ellas la ciudad de Grand-Popo y muy especialmente, la ciudad de Ouidah, donde reside el patriarca de la religión “Vudú”, y en donde se encuentra el “templo de las Pitones”, en el que cada año (durante el mes de enero) se celebran importantes ceremonias en honor de las divinidades (entre ellas la de “Manin Guatá”), que tienen su punto álgido el 10 de enero.

 El secular culto “Vudú”, llegó a América llevado por los esclavos africanos.  Sus manifestaciones en Benín se caracterizan por sus alegres fiestas, con vistosas y coloristas danzas y baleles  folklóricos de carácter ceremonial que son expresión de la cultura de todas las regiones de Benin.

Las fiestas del ñame y de Nonvitcha
 Cada 15 de agosto, el grupo étnico “Mahi”  de la ciudad beninesa de Savalou, celebra la “fiesta del ñame” que tiene como objetivo pedir a la Providencia divina, a través de los antepasados difuntos, una buena cosecha de tubérculos (ñames). Estas antiquísimas rogativas públicas están acompañadas de cánticos y animadas danzas.
Folklore. Grupo de músicos beninesas ensayando su actuación en  la Feria internacional de Turismo (FITUR), celebrada en Madrid en la última semana del pasado mes de enero.                                  Foto: Luis Negro Marco

 Asimismo, desde hace casi 100 años, miles de muchachos y muchachas de las ciudades de Popo, Houéda  y Xwla, se dan cita anualmente en la fiesta cristiana de Pentecostés, en la playa de Grand-Popo, para celebrar la fiesta de “Nonvitcha” (Hermanos unidos), a través de juegos florales, animaciones, competiciones deportivas y conciertos de música. Una manifestación cultural que cuanta cada vez con más adeptos y que se caracteriza por la bondad de sus sentimientos y la reconciliación.


Jinetes Batombou, en la fiesta de La Gaani (alegría) en la ciudad de Nikki. 
Otra interesante fiesta de Benin es la de los “Jinetes  Gaani” (“Gaani” significa alegría), protagonizada por jinetes de la etnia “batombou” a lomos de caballos de raza árabe y que tiene lugar a lo largo del primer trimestre. La ciudad de Nikki (al norte de Benín) es la tierra del pueblo “batombou”, bajo el poder político tradicional del rey de Nikki, el soberano Sinaboko. La leyenda dice que participar en la fiesta de “La Gaani” (la fiesta de la alegría) es seguridad de bienestar, prosperidad, paz y amor para el resto del año.

País de museos
 Benín ha impulsado y puesto en marcha numerosos museos a através de los que está dando a conocer, a propios y extraños, su innumerable riqueza cultural (ya arqueológica, ya etnográfica, ya artística, y de toda índole). Destacan de entre ellos: el Museo histórico de la ciudad de Abomey: creado en 1944 bajo la administración colonial francesa; está ubicado en el palacio del rey Ghézo (que vivió entre los años 1818 y 1858), y en él se muestran más de 1.400 objetos que testimonian la riqueza artística del la civilización del antiguo imperio de Dahomey, que se distinguió por su ejercito de mujeres soldado –amazonas–, y que pervivió durante tres siglos: desde el año 1600,  hasta el 1900.

 Asimismo, destaca el Museo “Honmè” (que significa en el interior de la puerta)  de la ciudad de Porto-Novo, ubicado en los antiguos palacios de los reyes de Hogbonou (nombre con el que fue conocida en la antigüedad la ciudad de Porto Novo) en cuyas paredes se encierran tres siglos de historia de Benín.

 Y por último, destacar la fascinación que provoca en el visitante contemplar la
Plaza de la Libertad en la ciudad de Cotonou

ciudad subterránea de Agongointo”, en la cual, distintas excavaciones arqueológicas han puesto al descubierto vestigios de una antigua civilización muy avanzada. Debido a su incalculable valor histórico, arqueológico y cultural, esta ciudad subterránea ha sido transformada en un gran museo, a través del cual se puede admirar la inmensidad y grandes avances alcanzados por la civilización del antiguo imperio de Dahomey, hoy Benín.

 La historia de Benin a través de su arte
  Esta nación africana ha sabido conservar vestigios de su historia, muy en particular la de su período colonial, que se manifiestan en sus monumentales edificios de época colonial, siendo los más destacados:  En Porto-Novo (capital política de Benin): su barrio de casas portuguesas, donde se encuentra el Museo Etnográfico de la nación, y el “Palacio “Honmè”.  Asimismo, en la ciudad de Cotonou existen todavía importantes edificios de arquitecturra colonial, entre los que destacan: La Catedral de Nuestra Señora de Benin, La Cámara de Comercio e Industria, y el Ayuntamiento.  Por otro lado, en la ciudad de Grand Popo existen numerosas edificaciones de época colonial, que convenientemente restauradas, han sido reconvertidas en hoteles para el cada vez mayor número de turistas que eligen Benin como destino de vacaciones.
Ganvie, la ciudad de los canales, conocida como “La Venecia de África

La Ruta de los Esclavos”
 La ciudad de Ouidah es una de las más importantes ciudades de Benín, por cuanto en ella se encuentra el Museo de Arte Moderno del país, así como la Basíllica Menor  de la nación, que fue edificada en 1909, y un antiguo fuerte, levantado por los portugueses, ahora convertido en el “Museo histórico de La Ruta de los Esclavos”. Este museo es el centro a partir del cual se está desarrollando (desde el año 1994) un importante proyecto de reconstrucción histórica de la Trata de Esclavos, llevada a cabo por los europeos desde comienzos del siglo XVI hasta comienzos del XIX. El proyecto está financiado por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para el Fomento y Desarrollo de la Educación y la Cultura) y la OMT (Organización Mundial de Turismo), y tiene como objetivo fundamental el de salvaguarar aquella inmensamente dolorosa página en la historia de África, para darla a conocer a todas las generaciones venideras del mundo, con el propósito de que aquella mancha en la historia de la Humanidad, no vuelven a repetirse nunca más.

viernes, 24 de junio de 2016

La sanjuanada, fiesta laica de significado y origen cristiano


Luis Negro Marco / Historiador y periodista

 La festividad de San Juan es al solsticio de verano lo que el nacimiento de Cristo, al solsticio de invierno. Fechas que anuncian la luz, que para los cristianos simboliza el nacimiento a la vida otorgada por Dios. En Navidad  esa luz es la estrella que a los Reyes indica el camino hacia Belén, donde nace el hijo de Dios, donador de vida. Y en verano esa luz viene simbolizada por las llamas de las hogueras en la noche de San Juan, que dan la bienvenida al estío y a las cosechas. Fuego que se manifiesta en las fallas estivales, que al igual que las fallas de marzo en Valencia, preludiando la primavera, se queman en junio, festejando la llegada del verano, en Alicante.

 Las fiestas de San Juan han sido secularmente manifestaciones de alegría y convivencia con que las distintas sociedades de Europa (muy en particular las mediterráneas) han dado la bienvenida al nuevo ciclo estacional. Hay que tener en cuenta que San Juan Bautista (hijo de Isabel, prima hermana de la Virgen María) significa en hebreo “Yahvé ha hecho gracia”, por cuanto su madre ya no estaba en edad fértil cuando dio a luz. De ahí que la cruz de Malta de la Orden hospitalaria de los caballeros de San Juan tenga ocho puntas, en representación de cada una de las ocho bienventuranzas.

 Tradición, por tanto, muy enraizada en una economía europea que hasta comienzos del siglo XX fue preeminentemente agrícola. Teniendo en cuenta este hecho: la fundamentación cuasi bimilenaria de las naciones de Europa  en un modo de producción  agrícola y rural, comprenderemos mejor el significado de la sanjuanada, y cómo en su desarrollo influyó también el cambio climático que, contrariamente a lo que podamos pensar, no es un fenómeno nuevo sino que ha acontecido, y con extrema dureza, en distintas etapas de la historia de la Humanidad.

 Así, a través de crónicas y fuentes históricas se ha podido determinar que desde comienzos  del siglo XIV, Europa vivió una época inusualmente fría (conocida como “Pequeña Glaciación” o “Pequeña Edad del hielo”), con veranos prácticamente inexistentes, que ocasionó grandes pérdidas en las cosechas a lo largo de la gran región euroasiática. Un cambio climático al que se le habría de unir una epidemia de peste (que perduró seis años, entre 1346 y 1352), y que se estima pudo haber causado la muerte a una tercera parte de la población de Europa. Felizmente, a comienzos del siglo XVIII la situación climática cambió y las estaciones volvieron a su equilibrio natural, lo que propició el aumento de la producción cerealista, y por consiguiente también de la población y de su calidad de vida.

 Con todo lo visto anteriormente, y si somos conscientes de que aún a día de hoy la

Juan el Bautista bautizando a Jesús en el Jordán
incertidumbre (pedriscos, sequías, inundaciones, vendavales, etc.) sigue siendo una constante en la agricultura, comprenderemos mejor la gran importancia que las manifestaciones religiosas cristianas han tenido (y siguen teniendo, aunque desprovistas en muchos casos de su significado primigenio), y cómo éstas constituyeron la expresión no solo de una extraordinaria fe popular, sino también de una inteligencia y cultura social, cuyo patrimonio –legado a través de generaciones– debería seguir formando parte de los cimientos de nuestra civilización.

 Y es que las sociedades modernas, caracterizadas por el desarrollo de las ciencias y la razón, siguen paradójicamente ancladas –en determinados ámbitos– en la superstición,  debido al vacío intelectual existente entre el rito y su significado. Por ejemplo, las sanjuanadas o baños en ríos, lagos y playas, antes de que asomen los primeros rayos de sol en la madrugada del 24 de junio, emularían a los bautismos de San Juan en el Jordán, quien como precursor de Cristo en la Tierra, anunciaba –a través del agua purificadora– la llegada del hijo de Dios, quien con su muerte y posterior resurrección habría de traer la luz (es decir, la vida) al mundo. Razón a su vez, por la que el fuego y el agua eran y son elementos fundamentales en la noche de San Juan. Día propicio para los ritos a través de los cuales se buscaba la identificación con los principios que rigen la naturaleza (en busca de la necesaria armonía que a su vez posibilitaría la paz entre clanes a menudo rivales) y se demandaba a la divinidad una buena cosecha que garantizase la supervivencia.


 Y al igual que en la noche de San Antón (el 17 de enero), el mondongo es bueno para las brasas de las hogueras, también en la de San Juan las sardinas lo son. No en vano a la sardina se la conoce con el sobrenombre de “el cerdo del mar”,  pues es el pescado más abundante de nuestras costas, de los más baratos en el mercado, de los más sabrosos, y por todos estos motivos también de los más consumidos, muy especialmente, en la noche de San Juan.

martes, 21 de junio de 2016

Veinte años de la revista La Gaceta de Guinea Ecuatorial: 1996-2016.

¡Feliz vigésimo aniversario!, de parte de un español guineoecuatoriano
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A vueltas andaba hace unos días en meditaciones, cuando de repente, mis pensamientos me dejaron a mí mismo sorprendido ante la constatación de un hecho que (seguramente por ser tan obvio) me había pasado hasta ahora totalmente desapercibido. Me alivia, no obstante, el tener la casi absoluta seguridad de que la mayoría de españoles que –al igual que yo– han rebasado ya la barrera de los 48 años de edad, andarán en la misma inconsciencia sobre esa misma realidad que al igual que a mí, también a ellos concierne. 
Luis Negro Marco / Bello (Teruel)

 La directora de La Gaceta de Guinea Ecuatorial, Yamila Izquierdo Bretones, me había llamado por aquel entonces para comunicarme que en este mes de mayo, la revista La Gaceta de Guinea Ecuatorial cumpliría sus 20 ininterrumpidos años de existencia, y que con motivo de tal celebración, se iba e editar un número especial. 
 Veinte años es –como cantaba el gran intérprete cubano Antonio Machín “toda una vida”, que ha hecho de La Gaceta no sólo la revista decana de la prensa de Guinea Ecuatorial, sino a su vez, la más longeva (decana,  también por lo tanto) de sus características, de las que actualmente se publican en lengua española en el continente africano. Un motivo de orgullo y satisfacción, sin duda, para quien fue su principal impulsor: el académico, escritor y actual presidente de la Academia de la Lengua Española de Guinea Ecuatorial, Agustín Nzé Nfumu, lo mismo que para quien es, y desde hace siete años, su actual directora: Yamila Izquierdo Bretones; y por supuesto, para todo el gran equipo humano que hace posible este apasionante proyecto de comunicación y participación ciudadana que es La Gaceta de Guinea Ecuatorial.
Dibujos de las provincias españolas de Fernando Poo y de Río Muni, tal y como se representaban en un manual sobre: “Nociones de geografía española”. Madrid, 1967

Y no, no piense el lector que esta última reflexión me haya hecho olvidar la anterior, sino que la he insertado porque, de algún modo, ambas están estrechamente interrelacionadas. Pues bien: la reflexión que antes comentaba que me había dejado sorprendido es que hasta hace tan sólo unos días no había sido yo consciente de que, además de ciudadano español (que lo soy, y con sumo orgullo), nací siéndolo también guineoecuatoriano. En efecto, aquel niño que fui –y que gracias a Dios sigo aún sintiendo que habita en mi interior–; aquel niño que correteaba en compañía de otros niños por las calles de Bello (el pequeño pueblo de la provincia de Teruel en el que nací, al igual que mis nueve hermanos), era –sin que fuese consciente de serlo– por ser español, también guineoecuatoriano.

Y español y guineoecuatoriano (como lo sigo siendo –en tal condición– también aragonés,
catalán, vasco, gallego, andaluz, canario…) seguí siéndolo hasta la independencia de Guinea Ecuatorial, inaugurada el 12 de octubre de 1968.
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El autor de este artículo, en una fotografía como alumno de la escuela de párvulos de su pueblo natal, Bello, tomada en abril de 1968, cuando Fernando Poo y Río Muni eran todavía provincias españolas.-        
----------------------------------Aquél día, fue también día de fiesta en el pequeño pueblo de la provincia de Teruel en el que nací, al igual que en el resto de España, pues el 12 de octubre es el día de la Virgen del Pilar (La Pilarica, como la llamamos cariñosamente los aragoneses), patrona de España y de la Hispanidad, por lo tanto también patrona de Guinea Ecuatorial, único país de África cuya lengua oficial es el español.

 Mas también, créame ahora el lector si le digo que en la escuela nada me enseñaron sobre el que también era de niño mi país: Guinea Ecuatorial; ni tampoco de él me enseñaron nada en el instituto, ni siquiera en la universidad. Caso contrario ocurrió con mis padres (Francisco y Generosa, ahora ya con Jesús, en la Casa del Padre) de quienes recuerdo –especialmente por habérselo oído recitar para mí, a mi madre– instruyéndome sobre las provincias españolas de África (y hablo del año 1967): “Las provincias españolas de África son: Ifni, Sahara español, Río Muni y Fernando Poo”. Cuando oía de voz de mi madre el nombre de esta última provincia (Fernando Poo), pensaba para mis adentros que qué lejos debía estar aquella provincia española de la (en mi niñez) siempre fascinante y misteriosa África.

Mapa de la parte noroccidental de la provincia de Río Muni, del año 1950. En él aparece representada la línea férrea de Efulan a San Joaquín de Vedruna, “Sevilla de Niefang”, el faro, gobierno civil y la catedral de Bata,  así como numerosos dibujos que representan las especialidades agrícolas y manufacturares de cada pobladoFoto: L. N. M.( julio de 2012) del cuadro que que se encuentra en las dependencias públicas de la ciudad de Kogo, antiguo "Puerto Iradier",
 Mas por azares de la vida, mi familia iba a estar al cabo de unos años, unida de manera muy especial al continente africano, cuando uno de mis hermanos mayores (Fernando), sacerdote escolapio, fue enviado en 1987 por sus superiores, (junto a otros dos sacerdotes de la Orden) a Camerún, con la misión de gestionar –invitados por el obispo de la ciudad– unas escuelas católicas en Bamenda. Allí permaneció mi hermano sacerdote escolapio, Fernando, durante 15 años, plantando las semillas de la que hoyes importante presencia apostólica escolapia  en Camerún, país vecino de Guinea Ecuatorial. A este hecho cabe añadir la curiosa circunstancia de  que mi primer apellido es: “Negro”. De manera que en algunas de las reuniones familiares, yo me atrevía a fabular (por supuesto, sin base alguna –al menos hasta donde ahora sabemos sobre la historia de nuestra familia– y dejándome llevar por la imaginación) con la idea de que en realidad, nuestro apellido “Negro”, denotaría nuestro pasado africano, como descendientes de antiguos esclavos negros  llevados hace siglos a España, donde rehicieron su vida, mezclando su sangre negra con la de blancos españoles, legando a sus descendientes –grabada por siempre en el apellido (“Negro”)– su legendaria raíz africana.
Mapa de la isla de Fernando Poo, realizado en 1940
 por el Instituto Geográfico Español

 Pero una vez más, aparte de fantasear con mis infundadas raíces africanas, la vida me llevó a mí también (al igual que le había llevado a mi hermano 25 años atrás) al encuentro de África, y en concreto con el que (y eso sí que no es fantasía) había sido también mi país: Guinea Ecuatorial. Fue en el año 2011, cuando los Padres escolapios, a petición mía –pues África como he comentado me había fascinado ya desde niño– me ofrecieron la posibilidad de ir a trabajar como profesor en la asignatura de Literatura, a su colegio “Calasanz” de Bata, que se encuentra en el barrio de Ekobenam. Lo único que puedo decir es que el año que pasé en Guinea Ecuatorial, durante el curso académico de 2011-12, fue un año maravilloso e inolvidable que perdurará como fuente de inmensa alegría durante el resto de mí vida. Debo tanto a mis compañeros sacerdotes y religiosos escolapios con los que conviví durante un año, a mis alumnos, y a cuantas personas a quienes tuve la fortuna de conocer durante aquel estupendo período de tiempo, que aún a día de hoy (cuatro años después) permanecen vivas y presentes en mi mente vivencias, paisajes y gentes, como si fuera ahora mismo que las sigo viendo y sintiendo.

 Y fue también durante mi inolvidable estancia de un año como profesor en Guinea Ecuatorial cuando envié mi primer artículo a La Gaceta de Guinea Ecuatorial. Compraba yo la revista todos los meses, ya en “Supermercados Santi”, ya en los kioscos del Paseo Marítimo de Bata, y un día, me decidí a enviar (sin que conociese a nadie de la revista) un artículo. Era mayo de 2012, y para  sorpresa y alegría mía, cuando compré la revista al mes siguiente, comprobé que la directora (Yamila Izquierdo Bretones) había incluido mi artículo, ilustrado con las fotos que también le había enviado.

Ya de vuelta en España, en septiembre de 2012, y con Guinea Ecuatorial (al igual que ahora), en el corazón, llamé  al teléfono de la redacción que figura en la  mancheta de la revista, y hablé con la directora para ofrecerle mi altruista colaboración en La Gaceta de Guinea Ecuatorial, proponiéndole escribir sobre cultura, paisajes, tradiciones, lenguas, gentes, folklore… de Guinea Ecuatorial. Temas todos ellos que, en mi corto período de estancia en el país, me habían dejado fascinado. Amablemente, la directora –Yamila Izquierdo Bretones–  que para entonces ni siquiera me conocía personalmente, aceptó mi solicitud de colaboración en la revista. Y desde aquel momento, hace casi cuatro años, en reciprocidad a la confianza que tanto ella como el
plano esquemático de la isla de Corisco realizado
 en 1948 por un equipo de geógrafos españoles
resto de responsables de la publicación depositaron en mí, he tratado siempre de corresponder con honestidad, fidelidad y profesionalidad en todos y cada uno de cuantos artículos y reportajes he ido enviando a la revista. Asimismo, el principal público lector de La Gaceta de Guinea Ecuatorial , que no es otro que la ciudadanía guineoecuatoriana,  siempre ha estado presente en todas y cada una de las ocasiones en que me he sentado frente a la pantalla del ordenador para redactar mis artículos, pues son ellos (las ancianas y ancianos, las mujeres y hombres, la juventud y las niñas y niños de Guinea Ecuatorial) los verdaderos destinatarios de la revista, y como tales, merecedores de una  información cultural veraz, contrastada y de calidad. Los ancianos son extraordinarias y únicas bibliotecas de la sabiduría, y los niños los encargados de recoger su legado y transmitirlo a su vez, el día de mañana, a sus descendientes.
Contorno de la isla de Annobón
realizado por navegantes españoles
 en 1778

 Finalizo estas líneas expresando de nuevo mis más sinceras felicitaciones a La Gaceta de Guinea Ecuatorial por sus flamantes 20 años, que es lo mismo que expresarlas, junto a mi total reconocimiento, a su directora Yamila izquierda Bretones, a su fundador y actual presidente de su consejo de administración, Agustín Nzé Nfumu, y a todo el gran equipo humano (periodistas, administrativos, maquetadotes, editores, distribuidores, colaboradores, y muy especialmente ustedes, los lectores) que todos los meses hacen posible este gran medio de comunicación que es “La Gaceta de Guinea Ecuatorial.  

¡Felicitaciones pues a todos, de parte de este español que un día también lo fue guineoecuatoriano, y aún sigue sintiéndose como tal, desde el corazón!.- 

jueves, 16 de junio de 2016

La revuelta estudiantil de Soweto en 1976. El día de la Juventud en Sudáfrica. La resiliencia de África y la reconciliación a través del amor, preconizada por Nelson Mandela

Soweto, 16 de junio de 1976
Luis Negro Marco / Santiago de Compostela
Aquel miércoles del mes de junio de 1976 no iba a ser en la ciudad sudafricana de Johannesburgo un día lectivo más, pues se había anunciado una gran manifestación estudiantil. Nada hacía presagiar, sin embargo, la tragedia que se avecinaba. Eran días de exámenes. La mamá de Antoinette Héctor Peterson había planchado el uniforme escolar de sus hijos el día anterior y ambos lo lucían flamantes mientras tomaban el desayuno antes de coger sus carteras para ir a su centro, la Orlando West Junior School, una escuela solo para negros, en el barrio de Soweto. En el momento de la despedida, Dorothy no sabía que aquel iba a ser el último beso que daría en vida a su pequeño hijo Héctor, a quien aún le faltaban dos meses para cumplir los 13 años.
La fotografía captada por el reportero gráfico Sam Nzima del niño Héctor Peterson, muerto tras ser tiroteado por la policía en Soweto --barrio al oeste de la ciudad sudafricana de Johannesburgo-- llevado en brazos por un joven, junto a Antoinette, la hermana mayor de Héctor, con los brazos en alto, suplicando a la policía que dejase de disparar, se convirtió en un icono mundial de la brutalidad del apartheid en Sudáfrica.
El detonante de la revuelta estudiantil había sido la decisión del Gobierno sudafricano de obligar a los estudiantes negros (que solo podían estudiar en escuelas para negros) a realizar sus estudios en afrikáner, la lengua de los colonizadores blancos, de ascendencia holandesa, en el poder. El decreto había sido promulgado en 1974, y daba un paso más en la ley segregacionista de educación de 1953: la Bantu Education Act. Pero lo que se había iniciado como una protesta pacífica de miles de estudiantes contra el racismo gubernativo, degeneró en una matanza indiscriminada causada por unas decenas de agentes de la policía de Johannesburgo. Al anochecer de aquel día, al menos 200 jóvenes estudiantes (la mayoría con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años) habían muerto en Soweto.
Desde entonces, el 16 de junio es en Sudáfrica el Youth Day, (Día de la Juventud), que este año tendrá para los sudafricanos un carácter especial por cuanto se conmemora el 40 aniversario de aquellos trágicos hechos. Una conmemoración que, como Nelson Mandela hubiera querido, será motivo no para la revancha, sino para continuar con la búsqueda de la verdad y la reconciliación.
Con motivo del presente aniversario, el presidente Jacob Zuma, ha insistido en que la juventud sudafricana debe mirar con confianza hacia el futuro, recordando que fueron ellos --los jóvenes sudafricanos-- hace 40 años, quienes más muestras de valor, sacrificio y resiliencia aportaron para liberar a la nación sudafricana de la brutalidad del apartheid.
No en vano, las muertes de aquellos niños y jóvenes negros de Soweto supusieron un antes y un después en el marco socio-político y la propia historia de Sudáfrica, pues su sacrificio logró movilizar a la comunidad internacional, con cuyo concurso, Sudáfrica comenzó su imparable avance hacia la reconciliación y la democracia.
Asimismo, este 16 de junio de 2016 tendrá un doble valor añadido, por cuanto la fecha servirá también para celebrar el vigésimo aniversario de la entrada en vigor (1996) de la Constitución de la República de Sudáfrica, durante la presidencia de Nelson Mandela, calificada como obra maestra del constitucionalismo, por cuanto ha hecho posible la convivencia pacífica en el país a través de la justicia y el desarrollo de las libertades, lo que ha convertido a Sudáfrica en un modelo de referencia a escala mundial.
Con motivo de la doble conmemoración, el presidente Zuma ha llamado al conjunto de la población sudafricana a desarrollar también ahora, desde el amor a la nación, la justicia y la paz, aquel espíritu de resiliencia que manifestaron hace cuatro décadas los estudiantes de Soweto, de manera que pueda servir de base para la construcción de una Sudáfrica no racista, no sexista y próspera, que avance siempre por la senda de la democracia.
Asimismo, consciente de que el futuro de las naciones está en la juventud, el país sudafricano lleva años aplicando programas para incentivar la educación, la cultura y la iniciativa empresarial entre los jóvenes, en la esperanza de que sus ansias de cambio, creatividad, respeto y tolerancia, serán valores también asumidos por el conjunto de la sociedad.
A la actual juventud sudafricana le corresponde por su parte, en palabras del presidente Zuma, asumir su cuota de responsabilidad, disciplina y patriotismo ciudadano, para llevar adelante este gran reto de libertad que será beneficioso no solo para ellos y sus familias, sino también para Sudáfrica y por ende, para todas las naciones de África.

domingo, 12 de junio de 2016

La Academia Guineo-Ecuatoriana de la Lengua Española (AEGLE) número 23, desde el pasado 19 de marzo, de la Asociación mundial de Academias de la Lengua Española (ASALE)

El Periódico de Aragón. Noticias de Zaragoza, Huesca y Teruel
            http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/guinea-ecuatorial-da-esplendor-n_1117766.html

Guinea Ecuatorial da esplendor a la ñ en África
La Academia Ecuatoguineana de la Lengua Española, ingresó recientemente en la Asociación que aglutina a las 23 existentes en el mundo

Luis Negro Marco / Historiador y periodista

Fundada en 1717, la Real Academia Española de la Lengua (RAE), nació a instancias del rey Felipe V, e iniciativa del Marqués de Villena, su primer director. Con su conocido lema: “limpia, fija y da esplendor”, en sus inicios la institución tuvo 36 académicos de número, con domicilio en Madrid, así como 24 correspondientes fuera de la capital de España y un pequeño número de extranjeros.

 A finales del siglo XIX, además de la RAE, existían las Academias colombiana, ecuatoriana, mejicana, salvadoreña y venezolana. Actualmente son 23 las integrantes de la “Asociación de Academias  de la Lengua Española” (ASALE) distribuidos en diferentes países del mundo de habla hispana, y sólo una de ellas está en el continente africano, que es la de Guinea Ecuatorial, cuya incorporación oficial tuvo lugar el pasado 19 de marzo en el transcurso del IV Congreso Mundial de la Lengua Española, que se celebró en Puerto Rico, y en el que Guinea Ecuatorial estuvo representada por Justo Bolekia Boleka, catedrático de Literatura de la Universidad de Salamanca.

Agustín Nze Nfumu, Presidente de la Academia
Ecuato-Guineana de la Lengua Española, que
el 19 de marzo iungresó en ASALE (Asociación
mundial de Academias de la Lengua Española)
No obstante, la solicitud oficial de ingreso de Guinea Ecuatorial en ASALE fue presentada en noviembre de 2015 (en la reunión de su VII Congreso, en Méjico) por Julián Bibang Oyee y Agustín Nzé Nfumu, vicepresidente y presidente respectivamente, de la “Academia Ecuatoguineana de la Lengua Española” (AEGLE).

 Al igual que los 54 Estados de África, Guinea Ecuatorial, cuenta con varios idiomas propios, siendo los más hablados, por este orden, el fang, bubi, ndowe, bisió, y fá d´ambó –este último específico de la pequeña isla de Annobón–. Lenguas que para AEGLE  (además del estudio, fomento, y desarrollo del español en Guinea Ecuatorial, como idioma oficial del país) constituyen, en palabras de Agustín Nze, una de las prioridades de la Academia, tanto en la recuperación como en el reforzamiento y promoción de las mismas. Para tal fin, la profesora y periodista Trinidad Morgades Besari, en su calidad de bibliotecaria de la institución guineoecuatoriana, hace tiempo que viene realizando actividades conjuntas y asistiendo a reuniones de trabajo en la RAE.

 Asimismo Agustín Nze señala que precisamente será a partir del afianzamiento del español
Trinidad Morgades Besari, profesora y
periodista, bibliotecaria de la Academia
Ecuato-Guineana de la Lengua Española
en 
Guinea Ecuatorial como podrá lograrse el de las lenguas étnicas del país, incluyendo su aprendizaje en los centros docentes de todos los niveles. Señala en este sentido el académico guineoecuatoriano que es “desde la asunción simbiótica como podremos servirnos del español para fortalecer el uso de nuestros idiomas originarios cuyo principal hándicap estriba en su carencia de expresión gráfica, es decir la escritura”. Asimismo para el presidente de AEGLE constituye un axioma el hecho de que (algo que sirve para Guinea Ecuatorial y todos los países del mundo) “las realidades culturales están estrechamente ancladas en las lenguas y los conceptos propios sobre la vida y la sociedad que derivan de ellas, de ahí la importancia de su conocimiento, enseñanza y puesta en valor”.

 Por de pronto, el Diccionario del español, en su edición de 2015 ya recoge 30 palabras y modismos propios del castellano hablado en Guinea Ecuatorial. Algo que en palabras de su presidente, Agustín Nze, ha llenado de alegría a la “Academia Ecuatoguineana de la Lengua Española”, por cuanto constituye una aportación significativa del país centroafricano (antigua colonia española, hasta 1968), al enriquecimiento, y robustecimiento del idioma español común.

 De este modo, sepa que si viaja a Guinea Ecuatorial y desea cortarse el pelo, usted se va a “pelucar”, y que si va hasta la peluquería a pie, usted irá “apeando”, y si en el camino entra en un bar, podrá pedir un “malambá”, que es una bebida alcohólica que se obtiene por la fermentación de la caña de azúcar; pero si es abstemio puede refrescarse con un “contrití” (palabra españolizada de la expresión
Tres mujeres guineoecuatorianas, de la isla de Annobón,
caminan junto a la playa de San Antonio de Palea (Annobón).
La última edición del Diccionario de la lengua Española, recoge
la palabra apear, con el significado de caminar, expresión 
verbal propia del castellano hablado en Guinea Ecuatorial.
                                                                                  Foto: Luis Negro Marco
inglesa
country tea). Es posible también que de camino vea fincas en las que algún jardinero esté “chapeando” (cortando con machete) la maleza, y que lejanamente oiga sonidos de “tumba”, es decir, del tambor hecho a partir de un tronco ahuecado. Y si quiere conocer las milenarias tradiciones del país, no deje de ir, si le invitan, al “Abé” (la casa de la palabra), construida al pié de algún “calabó”, árbol cuya madera es muy utilizado en la construcción en Guinea Ecuatorial. Y ya de vuelta, si tiene hambre, le aconsejamos que pruebe un buen plato de “pepesup” (sopa picante, característica del país, cuyo nombre deviene de la expresión inglesa peper soup).

 Un  motivo de satisfacción, en suma, que Guinea Ecuatorial (único país de África que escribe con ñ ), se haya unido al grupo mundial de pueblos que se sienten orgullosos de hablar español y que trabajan por el fomento y desarrollo de nuestra lengua en el mundo.

jueves, 9 de junio de 2016

Verdún, centenario de una batalla cuya metralla sigue hirviendo en la Historia reciente de Europa

La batalla tuvo lugar en 1916, en el transcurso de la I Guerra mundial, y costó la vida a casi un millón de soldados alemanes y franceses

Luis Negro Marco / Historiador y periodista
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Paul Jankowski
Verdún, 1916. Crónica de la batalla más
Célebre de la Primera Guerra Mundial
Editorial: La Esfera de los libros; 441 páginas
Madrid, 2016
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Portada del libro "Verdún: crónica de
la batalla más celebre de la Primera
Guerra Mundial
", de Paul Jankowski.
La Esfera de los Libros; Madrid, 2016
Al amanecer del 21 de febrero de 1916,  más de 1.200 cañones alemanes abrieron fuego  conjuntamente sobre un  saliente de las trincheras francesas en el frente de batalla. Comenzaba así la batalla de Verdún que se prolongaría por espacio de nueve meses.

 El kronprinz, Federico Guillermo de Prusia, deseoso de obtener prestigio sobre su pueblo, quiso hacerse con el enclave de Verdún, a pesar de su escaso valor estratégico. Tras horas de atronadores bombardeos con munición pesada disparada con cañones de largo alcance, las tropas alemanas asaltaron a la bayoneta las trincheras francesas, entablándose una estela de infinitos y encarnizados combates cuerpo a cuerpo, sin otro objetivo que el de la mera supervivencia. Luchas que, sin atisbo de humanidad alguna, se prolongaron hasta el 26 de febrero, día en que los soldados alemanes, tras decenas de miles de muertos en ambos ejércitos, consiguieron conquistar el fuerte de Douaumont.

 La contraofensiva francesa estuvo dirigida durante los meses de marzo y abril por el mariscal Pétain, la cual no tuvo otro efecto que el de la estabilización de frentes, prácticamente a los puntos iniciales del comienzo de la batalla. Ello, unido a la ofensiva aliada en el Somme (1 de julio de 1916), llevó al Estado Mayor alemán a tomar la decisión de retirar muchos de sus batallones hacia el nuevo frente, otorgando la iniciativa en Verdún al ejército francés.  Así hasta el 2 de noviembre de 1916 en que el ejército alemán fue empujado por el francés a sus posiciones iniciales de partida.
 Verdún. Soldados alemanes tras ser liberados de la trinchera en la que habían
quedado sepultados tras el derrumbe producido por el estallido de una bomba
frente a su posición.
El general alemán Falkenhayn, que había planificado la batalla de Verdún, jamás dio explicaciones sobre sus verdaderas intenciones al iniciarla, y no sólo a sus enemigos, sino tampoco a sus propios compatriotas, ni a la posteridad. La batalla costó la vida a casi 400.000 soldados franceses (incluidos miles de soldados senegaleses de las tropas coloniales) y 350.000 alemanes; cifras a las que se hubo de unir la de –al menos– el mismo número de heridos y mutilados por ambos ejércitos.

Por ello Verdún figura en la Historia de la Humanidad como paradigma del absurdo, la brutalidad y el horror de las guerras cuando son indiscriminadas, convierten (como ocurrió en Verdún) a la población civil misma en objetivo, y se persigue, no la victoria militar, sino la destrucción y aniquilación total de personas y paisajes. Verdún significó la desaparición de
Un soldado aleman avanza entre las almbradas de las trincheras
francesas tras un ataque artillero, durante la batalla de Verdún
pueblos y ciudades enteros, con bosques y colinas arrasados, cuyos devastadores efectos sobre la geografía fueron equivalentes a más de 15.000 años de erosión natural. A tal punto llegó a cambiar el paisaje bombardeado de Verdún que muchas de las nuevas especies de plantas son fruto de la adaptación al nuevo relieve y microclima de aquellas tierras tras la batalla.

 Libros escritos por combatientes de la I Guerra mundial, como  Roger Vercel (Capitán Conan, 1934), Ernst Junger (Tempestades de acero, 1920), o Erich María Remarque (Sin novedad en el frente, 1929) son testimonio palpable y desgarradoramente humano de la tragedia de ésta y  de todas las batallas que acontecieron en el transcurso de la I Guerra Mundial, en la que nunca antes, “tantos leones fueron mandados a la muerte por unos pocos corderos”, y en la que, según reza la propia dedicatoria que Remarque puso al comienzo de su libro: “Toda una generación quedó destruida por la guerra. Totalmente destruida, aunque se salvase de las granadas”.