miércoles, 7 de enero de 2015

La paz, el mejor regalo de Reyes


LUIS Negro Marco


La de Reyes es una noche mágica que los niños españoles esperan con ilusión desde hace generaciones porque los Magos de Oriente les llevan los regalos solicitados. Y es que el juego es la actividad educativa principal de la infancia, pues a través de él los niños estimulan su creatividad, activan comportamientos de sociabilidad y generosidad, descubren el medio en el que crecen y valoran el amor infinito que les profesan sus padres, sintiéndose parte activa de la familia, base nuclear de las sociedades humanas.
Por ello, los juguetes son parte consustancial de la humanidad, desde sus orígenes. Y son muchos los yacimientos de la prehistoria y la antigüedad, en los que los arqueólogos han hallado tallas en hueso a modo de muñecas, pequeñas vajillas, miniaturas de animales en barro y rudimentarios instrumentos musicales. Juguetes de hace miles de años.

Etimológicamente, la palabra jugar, proviene del latín pero asimilada al sentimiento que provoca, también está relacionada con la alegría. Pensemos así en el término francés joyeux, el italianogiogia, o el aragonés goyo, los tres con la misma raíz latina y el mismo significado relativo a la felicidad. Pero en un mundo como el nuestro, la palabra juego se identifica como actividad secundaria: bien asimilada al mundo de los niños, al tiempo de ocio, el deporte, o los juegos de azar. Y en este sentido, el avance de nuestra conciencia colectiva respecto al valor real del juego, ha sido escaso. Así lo comprobamos en el Diccionario del Español del siglo XIX, en el significado de la palabra juguete: "Alhajilla curiosa y de escaso valor, que sirve, por lo regular, para el entretenimiento de los niños; chanza o burla; persona o cosa dominada por fuerza material o moral, que la maneja a su arbitrio".
Pero los juguetes y el juego son muchos más. Son un sistema de valores en sí mismos, y constituyen la esencia de la que están modeladas nuestras vidas, a titulo personal, familiar, y social. La moderna educación ya está planteando que los niños y jóvenes aprendan jugando: elaborando maquetas y relieves geográficos a escala, organizando viajes, asimilando roles de interpretación que estimulen su oratoria y capacidad para el diálogo, y todo no como materias optativas del curso, sino como actividades troncales.
Quienes hoy lideran el mundo, han sido niñas y niños, pero ¿qué valores priman en sus conciencias al abordar los problemas a los que deben dar respuesta? ¿Jugar es solo cosa de niños? A través de los juguetes podemos trazar una historia de la humanidad y sus valores.
Asimismo, la carrera espacial entre los EEUU y la URSS no solo se libraba en la estratosfera, sino también a ras de suelo, en las habitaciones de juegos de los niños. Surgían así los juguetes de cohetes espaciales y platillos volantes de hojalata, con luces que los hacían más atractivos. Interesante también es la mutua influencia entre la industria del cine y la del juguete. En 1928, saltaba a la fama Mickey Mouse, creado por Disney. Lo hacía en una película, en la que la voz de Mickey era la de su propio creador: Walt Disney. Un año después surgía Tintin, de la mano deGeorge Remi (Hergé), y después, la del marinero comedor de espinacas Popeye. Pronto pasaron a ser personajes populares, encarnados en muñecos de plástico.
El propio y colosal King Kong (1933) no era sino un minúsculo gorila articulado de juguete, fruto del genio del animador Willis OIBrien. Y en la década de los 70, hasta Los Beatles recurrieron a un juguete: el submarino amarillo, como protagonista de su célebre canción y película, en la que efectuaban un fantástico viaje al país de Pepperland. En 1962, tras el éxito de la primera película del Agente 007 (James Bond), se popularizaría la miniatura de su coche: el descapotable Aston Martin. Finalmente, Toy story (1996) se convertía en el primer filme creado íntegramente por ordenador. Empezó una nueva generación de juguetes y un modo de jugar que anunciaba la nueva era digital.
La evolución de la tecnología asociada a los juguetes y a los nuevos modelos de jugar que se ofrecen a la infancia y la juventud deberían también fomentar valores de conducta que propicien la felicidad personal y grupal así como la consciencia sobre los derechos y deberes individuales y colectivos de las personas, de manera que nuestro mundo sea cada vez más justo y habitable. De otro modo, nuestro mundo seguirá anclado en modelos de relación aparentemente modernos, pero estructuralmente feudales, en el que las guerras seguirán siendo el síntoma de que las sociedades aún tienen mucho por hacer para conquistar las cotas de paz, justicia, libertad y felicidad a las que tienen derecho todos desde que nacen.

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