miércoles, 10 de junio de 2015

Miles de personas africanas pierden cada año la vida en el Mediterráneo, mientras Europa se muestra indiferente ante la tragedia

África muere en el Mediterráneo
Europa, decidida a poner fin a las miles de muertes provocadas por los traficantes de personas que operan desde las costas de Libia

Según la Oficina Internacional para el estudio de las Migraciones, tan solo durante  2010, hasta 34.000 inmigrantes africanos y de Oriente Medio, habrían llegado a las costas de Italia de manera ilegal, mientras que 1.700 habrían muerto ahogados en aguas del Mediterráneo durante el intento. Del mismo modo, las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla, situadas en suelo africano, junto al estrecho de Gibraltar, son otro punto de llegada de miles de inmigrantes ilegales (en su mayoría procedentes de Nigeria, Mali y países del Magreb) que cada día intentan burlar la vigilancia de las fronteras, y penetrar de manera irregular en suelo español.------------------------------------------------------------------------Este artículo ha sido publicado en el número de junio de 2015 de "La Gaceta de Guinea Ecuatorial", cuya portada  aparece reproducida sobre estas líneas


Luis Negro Marco / Santiago de Compostela                                                                                                                                                                                        El pasado 18 de abril, 950 personas  -en su mayoría de origen africano- morían ahogadas a poco más de cien millas de la isla de Malta. A raíz de esta tragedia, la Unión Europea (UE), pondrá en marcha una misión naval que tendrá como objetivo combatir a las mafias que, desde Libia, se dedican al tráfico ilegal de personas procedentes de África.

A mediados de mayo, la UE elevó una petición al Consejo de Seguridad de la ONU  (al amparo del Capítulo 7 de la Carta de Naciones Unidas –que contempla el uso de la fuerza–) solicitando que la misión naval en el Mediterráneo, pueda entrar en vigor el próximo 22 de junio, y en todas sus fases, incluida la inutilización para la navegación de las embarcaciones sospechosas, en aguas territoriales de los países de partida.                                                                                                        

El mayor desastre humano en el Mediterráneo desde la II Guerra Mundial

L.N.M. / Santiago de Compostela

 A bordo de pesqueros destartalados y cayucos de grandes dimensiones, miles de personas (procedentes en su mayoría de Somalia, Etiopía, Magreb occidental, y países del área subsahariana), arriesgan sus vidas en un intento desesperado por alcanzar las costas de Europa. Numerosos puertos, a lo largo de toda la costa libia, se han convertido en auténticas “lanzaderas” de inmigrantes obligados a pagar hasta 3.000 euros, e incluso más, para ocupar un resquicio en embarcaciones que no reúnen las mínimas condiciones de navegabilidad, y menos aún del respeto debido a la dignidad humana. Asimismo, la Unión Europea sospecha que parte del dinero recaudado por los jefes de estas mafias, instaladas en las costas de Libia, estaría sirviendo para financiar el terrorismo de Al
Qaeda y del Estado Islámico tanto en Siria como en Irak. En medio de tan desalentador panorama, el pasado 18 de abril, 950 personas,
en su mayoría africanas, morían ahogadas en el mar. El barco en el que viajaban había partido de un puerto de Libia, a 50 kilómetros de Trípoli, capita del país, y fue el propio patrón de la nave, de nacionalidad tunecina, quien  la hizo volcar, ante el temor de ser descubierto por un mercante que se acercaba a ella. Este naufragio está considerado como el mayor desastre humano acaecido en el Mediterráneo desde la finalización de la II Guerra Mundial, hace ahora 70 años. Pero no es, desgraciadamente, el único, pues desde comienzos de este año, son ya cerca de 2.000 las personas que han perecido ahogadas (hombres, mujeres y niños     –muchos de ellos bebés–) en el Mediterráneo, durante su arriesgada travesía para llegar a Europa.
     Las causas: el vacío de poder en Libia
 El coronel Muammar al-Gaddafi,  “Guía de la revolución” en Libia, había llegado al poder el 1 de septiembre de 1969, tras un golpe de Estado que él mismo protagonizó contra el rey Idris I. Personaje estrambótico, en sus viajes oficiales a otros países el presidente Gaddafi siempre se alojaba en su propia jaima, y llevaba consigo a su peculiar guardia personal, constituida por mujeres militares, que recibían instrucción en Academias propias.
 Acusado el gobierno de Gaddafi de apoyar al terrorismo internacional, no fue hasta noviembre de 2008 (tras la visita de la entonces Secretaria de Estado de Norteamérica, la afroamericana Condolezza Rice) cuando los Estados Unidos decidieron establecer relaciones diplomáticas con Libia, rotas desde 1972.   
 Asimismo, Italia quiso, en agosto de 2008, arreglar con Gaddafi la cuestión de los emigrantes ilegales que ya entonces, partían desde las costas libias hacia Sicilia y las islas de Lampedusa y Pantelleria. En aquel año, el problema de los inmigrantes había alcanzado dimensiones inéditas (37.000 personas, frente a las 19.000 de 2006). De manera que, para romper su aislamiento, Libia se mostró dispuesta a firmar con la Unión Europea un acuerdo marco en el que se incluía esta espinosa y recurrente cuestión humanitaria y geopolítica, como es el de la inmigración ilegal en el Mediterráneo. Mas, paradójicamente, en el  momento más dulce de su política exterior, en 2011 tuvo lugar la denominada “Primavera Árabe” con revueltas sociales importantes en todos los países del Magreb, que provocaron luchas, cambios de gobierno (Túnez y Egipto) y, tristemente, guerras: la actual y cruenta en Siria, y la de Libia, que concluyó con el derrocamiento y muerte de Muammar el Gaddafi, el 20 de octubre de 2011. A partir de entonces, y de manera interina, el poder en Libia (primer productor de petróleo en el continente africano), fue asumido por un Consejo Nacional de Transición.  No obstante, las disensiones internas de los socios del nuevo gobierno se hicieron cada vez mayores, hasta el punto de que a día de hoy puede decirse que el país se ha convertido en un Estado fallido, pues carece de un Gobierno legítimamente constituido. Las dos regiones principales del país (la Cirenaica,  al Este, con capital en Tobruk) y la Tripolitana (al Oeste y capital en Trípoli) han constituido sendos gobiernos enfrentados en una guerra civil, y sin vías para lograr un acuerdo próximo. A todo ello cabe añadir que el vacío de poder creado en Libia ha permitido la penetración de organizaciones terroristas, como Al Qaeda del Magreb y el EI (Estado Islámico), creando aún mayor inestabilidad e inseguridad en la zona. De este modo, ante la ausencia de cualquier garantía legal, personas sin escrúpulos han visto la oportunidad de desarrollar un modo de negocio mafioso, dedicado al tráfico ilegal de personas, que se aprovecha de la necesidad de decenas de miles de personas de África,  que deben  abandonar sus hogares en busca de una oportunidad, lejos de sus familias,  en Europa.

13.500 personas rescatadas del mar en lo que va de año
 A principios del mes de octubre de 2013, 366 personas perecieron ahogadas en el Mediterráneo, junto a las costas de la isla italiana de Lampedusa. Esta tragedia llevó a las autoridades italianas a poner en marcha  la operación de vigilancia naval ‘‘Mare Nostrum’’ que permaneció activa hasta el 31 de octubre de 2014, en las aguas del      Canal de Sicilia. Y pese a la falta de cooperación por parte de otros países europeos, la operación llevada a cabo por Italia fue un éxito y evitó miles de muertes. De este modo, la operación “Mare Nostrum” permitió que en el año en que estuvo activa, fuesen rescatadas más de 120.000 personas en aguas del Mediterráneo.
No obstante, debido  a su elevado coste económico (9 millones de euros al mes)  la misión fue sustituida por el dispositivo «Tritón», con medios mucho más modestos y un presupuesto mucho más bajo, con 2,9 millones de euros al mes. Esta nueva iniciativa, implementada por la «Agencia de Frontera Exterior de la Unión Europea», («Frontex»), tenía además una nueva directiva, consistente en el reforzamiento de la seguridad en las fronteras mediterráneas, por encima de la detección de las mafias que, a diario lanzan a cientos de africanas a enfrentarse, a cara o cruz, con la muerte.  

 Y lo peor es que esta visión de la tragedia, podría ser tan solo la punta del iceberg de un terrible drama humanitario, puesto que algunas informaciones apuntan a que hasta 250.000 inmigrantes, en su mayoría subsaharianos, estarían esperando en Libia una oportunidad para cruzar el Mediterráneo y entrar en Europa a través de Italia.

Otro dato inquietante y que invita a la toma de medidas urgentes es que, entre el 10 y el 17 de abril, 13.500 inmigrantes africanos han sido ya rescatados de las aguas del Mediterráneo. Fuentes de ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) afirman que las embarcaciones que parten desde Libia rumbo a las costas de Italia están saturadas de personas, sobrepasando hasta en cuatro veces su capacidad, lo que conlleva que el riesgo de hundimiento de las  mismas se eleve hasta el setenta por ciento de posibilidades. Por todo ello el Comisariado de Derechos Humanos del Consejo de Europa, solicitó a comienzos del pasado mes de mayo, que la UE cambie, de manera urgente, su política migratoria, recordando la «obligación» ante todo de salvar la vida de estas personas, pues de otro modo, los naufragios multitudinarios están condenados a repetirse. En este sentido, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNOCD) ha emitido un comunicado en el que expresa que las mafias que trafican con migrantes explotan con crueldad la desesperación de esas personas y provee de enormes ganancias ilícitas a las redes de criminales: “Este es un crimen que debe ser abordado. Debemos proteger el derecho de los migrantes, apoyarlos, proteger a las mujeres y especialmente a los niños, incluidos los que viajan solos”.

Actuar sobre el origen del problema
Hasta ahora, la energía y los recursos de Europa se habían centrado principalmente en cortar el tremendo flujo migratorio que está llegando desde África (potencialmente calculado hasta en 36 millones de personas para los próximos cinco años) y que Europa está absolutamente incapacitada para absorber. Pero cortar el flujo migratorio –sin ofrecer otras opciones para las personas que buscan refugio y asilo– significaría  incrementar el sufrimiento y muerte de un mayor número de personas, según fuentes de la ONG «Médicos sin Fronteras».

 Por este motivo, los Ministros de Exteriores y Defensa de la Unión Europea se reunieron el pasado
18 de mayo en Bruselas, y decidieron poner en marcha una misión naval contra las redes de tráfico ilegal de inmigrantes en el Mediterráneo, y que de contar con el mandato solicitado a la ONU, contemplaría incluso la la destrucción, “in situ” (es decir en territorio libio) de las embarcaciones que utilizan las mafias. Otra posibilidad importante para la buena gestión de la crisis, sería la de contar con la solicitud de autorización por parte de las autoridades libias legalmente constituidas. Sin embargo esta opción, fundamental, se encuentra con la dificultad de que a día de hoy Libia, en guerra civil, carece de un gobierno único, por lo que la diplomacia europea está llevando a cabo una intensa actividad ante los gobiernos enfrentados que provisionalmente se han instalado en las ciudades libias de Trípoli y Tobruk.

 La nueva misión de la Unión Europea, recibirá el nombre de (EUNAVFOR MED)  –Despliegue Naval Militar de la Unión Europea en el Mediterráneo–, en sus siglas en inglés, y tendrá su base en Roma. La misión contará con una inversión de alrededor de 12 millones de dólares y en un primer momento estará bajo el mando del contraalmirante italiano Enrico Credendino.
 El operativo, que se prevé entre en marcha el 22 de junio, tendrá tres fases distintas de desarrollo. La primera, consistirá en localizar y rescatar a inmigrantes en aguas del Mediterráneo; la segunda contempla actuar contra barcos de las mafias que se encuentren en aguas internacionales y sin pabellón (o con bandera de un país que autorice su captura); y la tercera, se centra en la destrucción de navíos utilizados por las mafias, lo que sí requeriría el permiso de las nuevas autoridades libias o de la ONU. En este sentido, la actual representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini,  viajó el pasado 15 de mayo hasta la sede de la ONU en Nueva York, para exponer la envergadura del drama migratorio al que se enfrenta la UE y tratar de ganar el apoyo de los países con derecho de veto en el Consejo de Seguridad. "No estamos planeando en absoluto una intervención militar en Libia, sino una operación naval, ojalá, en coordinación con las autoridades libias, para desmantelar el modelo de negocio de las organizaciones criminales que están traficando con gente", declaró Mogherini.

 Finalmente llega el doloroso recuento de las víctimas, la mayoría de ellas anónimas puesto que no portan consigo ningún tipo de identificación. Una vez pasados los plazos establecidos para su reclamación, los cuerpos son exhumados en los cementerios europeos, con una sencilla lápida en la que solamente figura la fecha de la muerte, y un número de identificación. Ante ello, la UE ya ha elaborado un proyecto para la inminente puesta en marcha del «Observatorio Europeo de Defunción de Inmigrantes», con la finalidad de poner nombre y dar identidad a cada una de las miles de personas de África que están muriendo, todos los días, por la falta de escrúpulos e inmoralidad absoluta de las redes mafiosas que ven en un inmigrante, no a una persona cuya dignidad y derechos están salvaguardados por la legislación internacional, sino una mera mercancía con la que traficar.

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