viernes, 23 de noviembre de 2018

Democracia, Estado de Derecho, Libertad, e Igualdad de Oportunidades: valores incompatibles y contrarios al nacionalismo

Collage, a partir del dibujo de POSTIGO, en "El Periódico de 
Aragón"ilustrando el presente artículo. (22 -11-2018)



Nacionalismo, racismo
 y autodeterminación 

Luis Negro Marco
 
El mismo derecho a la autodeterminación de las naciones que el presidente estadounidense Woodrow Wilson (1856-1924) defendió para Europa tras el final de la Primera Guerra Mundial, en 1918, fue el que se negó a aplicar en su propio país, los Estados Unidos. De hecho, mientras el mandatario norteamericano se erigía en paladín de la defensa del derecho internacional a la autodeterminación, negaba ese mismo derecho a los pueblos indígenas de Norteamérica, donde los indios habían sido perseguidos casi hasta su total exterminio. Y no sólo eso: Wilson hubo de hacer verdaderos encajes de bolillos para eludir la casi secular demanda de autodeterminación  invocada por los estados segregacionistas y esclavistas del sur: Mississippi, Alabama, Carolina del Sur y Luisiana. 
 
Porque la de «Los derechos de los Estados»  había sido una doctrina ya expuesta en 1832 por el que llegó a ser vicepresidente de los Estados Unidos, John Caldwell Calhoun (1782-1850), un férreo nacionalista y defensor de la esclavitud de los negros –nacido en Carolina del Sur– según la cual, el poder soberano de cada estado de la Unión, lo capacitaba a su vez para declarar inconstitucional una determinada ley del Congreso.


Aquella doctrina continuó y se expandió –incluso – en el partido Demócrata, cuando en las elecciones presidenciales de 1948 (que otorgaron un segundo mandato al demócrata Harry Truman) surgió la corriente de los denominados «Dixiecrat», un importante lobby de demócratas sureños –«Dixie» es el nombre que designa a la bandera de los Estados confederados de América– opuestos a los Derechos Civiles que defendía a nivel nacional su propio partido.

22 de noviembre de 1968. El Presidente John Fizgerald Kennedy da la que sería su última rueda de prensa, en Fort Worth, momentos antes de tomar el avión con destino a Dallas, ciudad en la que, apenas unas horas después fue asesinado por Lee Harvey Oswald.                                                                              Foto coloreada / collage: L.N.M.
Y cuando el 8 de noviembre de 1960 las urnas designaron a John Fitzgerald Kennedy como trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, aquel logro se debió en buena medida al voto en su favor de los afro-americanos, quienes confiaban en la defensa que JFK habría de hacer de los Derechos Civiles, y la consiguiente abolición de las leyes segregacionistas.

En este sentido, una de las principales pruebas  de fuego a las que Kennedy  hubo de hacer frente durante su mandato tuvo lugar el 30 de septiembre de 1962, cuando ante la negativa del gobernador demócrata Ross Barnett a que el estudiante negro James Meredith se matriculara en la Universidad de Mississippi, el presidente hubo de enviar a más de 300 soldados de la Guardia Nacional para sofocar el levantamiento segregacionista opuesto a la entrada de Meredith en el campus. En respuesta a la presencia del ejército, el enojado gobernador Barnett llamó a la movilización masiva de la población, ya que según él, el presidente había violado «el derecho a la autodeterminación del estado soberano de Mississippi». La confrontación resultante fue el choque más grave entre un estado y el gobierno federal desde la Guerra de Secesión americana (1861-1865).

Poco más de un año después de aquellos sucesos, el 22 de noviembre de 1963, Kennedy era asesinado en la ciudad de Dallas, y muy posiblemente su muerte no fue ajena a poderosos sectores de poder segregacionistas, de claro perfil nacionalista, contrarios a la firmeza demostrada por JFK en la defensa de la Constitución, la igualdad de oportunidades, y el Estado de Derecho, elementos clave e imprescindibles para la libertad, solo posible en democracia.

martes, 20 de noviembre de 2018

La primera Guerra Mundial y su influencia en el actual panorama mundial


Luis Negro Marco 

 Europa y buena parte de la comunidad internacional, encabezada por los Estados Unidos, ha celebrado recientemente el centenario del armisticio (firmado el 11 de noviembre de 1918) que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la firma de la paz de aquella guerra, tuvo lugar varios meses después, en virtud del Tratado de Versalles (concluido el 28 de junio de 1919), como colofón a la Conferencia de París que se prolongó desde el 18 de enero de 1919 hasta la fecha anteriormente indicada. Y aún hubo de esperarse hasta el 10 de enero de 1920, para que el Tratado fuera promulgado.

 Un acuerdo de paz que, por otra parte, se cocinó entre las representantes de las tres principales potencias aliadas vencedoras: David Lloyd George, primer ministro británico, el octogenario George Clemenceau, primer ministro de Francia y Woodrow Wilson, presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, la también vencedora Rusia no fue invitada a la Conferencia, debido a las negociaciones que los bolcheviques habían llevado a cabo con Alemania, seguidamente a la Revolución de octubre de 1917, que acabó con el imperio zarista. Y tampoco pudieron contemplar los bellos jardines de Versalles los representantes de los países vencidos: Alemania (entonces bajo la presidencia de Friedrich Ebert) y los Imperios otomano y austro-húngaro.


Tanque inglés en las trincheras. Primera Guerra Mundial. Fotografía coloreada / collage. L.N.M.
De este modo, el Tratado de Versalles no logró cimentar un sólido edificio para la paz futura, pese a que supuso la creación de la Sociedad de Naciones, precedente de la ONU. E incluso, ya se pronunciaron entonces, algunos agoreros vaticinios, como los pronunciados por el mariscal francés Jean Marie Foch, que había sido comandante en jefe de los ejércitos aliados durante la Gran Guerra: “Esta [la de Versalles] no es una paz; es un armisticio de 20 años”. Y desgraciadamente, acertó, pues en octubre de 1939, el xenófobo, racista y anexionista nacionalismo político llevado a cabo por Hitler como presidente de Alemania, condujo a la, aún más trágica que la primera,  Segunda Guerra Mundial.

 La debilidad de la Paz de Versalles se acrecentó además cuando el Senado de los Estados Unidos, rechazó (por mayoría de seis votos) en noviembre de 1919, su ratificación.  Prevalecía de este modo en el país la doctrina aislacionista (“América para los americanos”) que ya había sido defendida por el presidente James Monroe en 1823.

 De manera que, si además se tiene en cuenta que fue a partir de la Paz de Versalles cuando se crearon los naciones de Irak, Palestina (bajo una doble administración: francesa y británica), la ex república de Yugoslavia, o la también ya inexistente Checoslovaquia, se podría colegir que fue la endeble consistencia de los acuerdos alcanzados  en la Conferencia de París de 1919, la que condujo (después de la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989) a las guerras de la extinta Yugoslavia, las de Irak, y las que todavía se están viviendo en Siria y en las regiones independentistas de Ucrania.

 El Tratado de Versalles puede así contemplarse como una de esas raras ocasiones en las que tan pocos, decidieron tanto por tantos, y durante tantas generaciones.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Día de San Martín de 1918, fecha de la firma del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial

          https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/mas-voces/san-martin-misericordioso_1323021.html
San Martín, el misericordioso

Luis Negro Marco 

 San Martín fue un soldado de la Roma imperial que nació en el 316 (en tiempos de Constantino I, durante cuyo mandato el cristianismo dejó de ser perseguido en el imperio romano) en la ciudad de Savaria –situada en región de Panonia de la actual Hungría– y murió en el 400. El hecho más conocido del santo aconteció cuando, a la edad de 18 años, siendo pretoriano de las legiones de Roma, en un duro día de invierno, un mendigo delirante de frío se arrodilló ante los pies de su caballo, implorándole auxilio. De manera que San Martín, sin dudarlo, se despojó de su capa y con un tajo de su espada la partió en dos, dándole la mitad al paisano mendicante. Por este acto de bondad y amor al prójimo, San Martín recibió el  sobrenombre de “el misericordioso”. De hecho, esta imagen es la más representativa del santo en el arte cristiano, siendo una de las más destacadas la escultura que remata la fachada de la iglesia de San Martín Pinario, en Santiago de Compostela, el cual está considerado como el segundo monumento religioso más importante de Galicia, después de la catedral.

 En el calendario agrícola tradicional, la festividad de San Martín (11 de noviembre)  coincidía con la época en la que ya se había realizado en los campos la siembra de otoño, y en las cortes y granjas se procedía a la matacía de las reses, bueyes y tocinos adultos, una vez habían alimentado a sus crías, garantizando su supervivencia de cara al duro invierno que por estas fechas comenzaba a manifestarse en toda su crudeza. De manera que, coincidiendo con la celebración de San Martín, también tenían lugar en muchos de los países de Europa, numerosas ferias de ganado, en la que los ricos propietarios de rebaños y fincas, procedían a la contratación de campesinos y granjeros para el nuevo ciclo agrícola y ganadero que se vislumbraba en el horizonte.

 Por otro lado, para estas fechas ya había transcurrido más de un
San Martín en el momento de partir su capa con su espada,
 para compartirla con un mendigo.
Escultura del siglo XVI
mes de la vendimia, y era en tiempo ideal para catar el vino que cuidadosamente se había guardado en las cubas y barricas. Y a falta de pan (sobre todo en los países y regiones del norte de Europa) su sustituto eran las castañas, de ahí que un refrán de Galicia apostille que “polo San Martiño, castañas e viño”. Y como además era el tiempo de la matacía del tocino (para el caso de España), en que el mondongo y la conserva habrían de constituir buena parte de la dieta alimentaria de la población hasta la primavera, aún hoy en día sigue siendo muy popular el dicho de que “a cada cochinillo le llega su San Martín”. Y en el caso de Inglaterra, para estas fechas se manifiesta la fiesta gastronómica del “Martinmas beef” (bistec de San Martín).

 Asimismo, en ciertos países del norte y centro de Europa,  es a las ocas, a las que les llega su San Martín, pues constituyen el alimento tradicional  que se degusta en este día. Así en Suecia es tradicional saborear  la Svartsoppa (sopa negra), y en Austria , el Martinigansl (ganso de San Martín) platos en los que la carne de esta ave es la protagonista.

 Por último, y como curiosidad (dado que en este año se está conmemorando el centenario de la finalización de la I Guerra Mundial), cabe señalar que el armisticio alcanzado en el frente occidental entre las  tropas aliadas y la derrotada Alemania, el cual puso fin a tan trágico acontecimiento (quizás más de 30 millones de muertos y un número similar de heridos y damnificados) fue firmado el 11 de noviembre (día de San Martín) de 1918, en el interior de un vagón estacionado en las cercanías de la ciudad francesa de Compiègne, al norte de París. La anécdota histórica fue que el acuerdo de paz entró en vigor a las 11 horas del día once, del undécimo mes de 1918, festividad de San Martín.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Libro: "Breve tratado sobre la estupidez humana", del doctor en filosofía Ricardo Moreno Castillo

El triunfo de la vanidad
En su nuevo libro, Ricardo Moreno sostiene que la estupidez humana es mucho más dañina que la maldad

Portada del libro: "Extracción de la piedra
de la estupidez
". El Bosco, hacia 1475.
Museo Nacional del Prado (Madrid)
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Ricardo Moreno Castillo
Breve tratado sobre la estupidez humana
Editorial Fórcola, 110 págs. Madrid, 2018
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 De triumpho stultitiae (El triunfo de la estupidez) es la obra que, escrita por el italiano Faustino Perisauli a comienzos del siglo XVI, habría servido de modelo a Erasmo de Rotterdam para su libro: Moriae encomium (Elogio de la necedad), publicado en París en  1511. Bien que ambos autores aportan una concepción totalmente distinta del tema que abordan: satírico y moralizante se muestra Perisauli, respecto a la estupidez del hombre, prisionero del vicio y la vanidad, ante lo que opone la búsqueda de la verdad y la sabiduría. Y frente a esta postura, Erasmo de Rotterdam articula una propuesta totalmente contraria, haciendo de la locura la fuerza motriz del mundo, más allá del conocimiento.
Luis Negro Marco 

  Mas la benignidad del filósofo holandés parece más bien estar sustentada en las ideas de la Utopía de su amigo, el inglés Santo Tomás Moro (1478-1535), a quien quizás, Erasmo de Rotterdam homenajeó en el título de su obra; de manera que una de las posibles acepciones de Moriae encomium,  podría ser la de Elogio de [Thomas] More, que es como se escribe el nombre del gran humanista londinense en inglés.

 También el escritor y semiólogo italiano Umberto Eco (1935-2016) abordó el inabarcable tema de la sinrazón humana en su obra póstuma: De la estupidez a la locura,  en la que –eso sí, con mucho sentido del humor–, el autor hace un retrato apocalíptico del mundo que nos espera, en la estela  del orador romano Cicerón (106 – 43 a. C.), autor de la célebre frase: “O tempora o mores” (Oh, aquellos tiempos. Oh, aquellas costumbres).
Ricardo Moreno Castillo (Madrid,
1950), autor del libro; es licenciado
en matemáticas y doctor en filosofía,
especializado en Historia de la Ciencia.
Ha sido catedrático de instituto hasta
su jubilación y profesor asociado en la
Facultad de Matemáticas de la
Universidad Complutense de Madrid.

 Y ahora, es el profesor y escritor Ricardo Moreno Castillo quien acaba de publicar un Breve tratado sobre la estupidez humana, con prólogo de Francesc de Carreras, catedrático emérito de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Barcelona.

 Estamos ante un ensayo vibrante, rebosante de lucidez, repleto de humor y de ágil lectura, que hace bueno el principio del franciscano Guillermo de Ockam (1280-1349): Probablemente, la explicación más sencilla será también la correcta. Y para muestra, un ejemplo de los muchos postulados que se encuentran en este fantástico libro: cuando la estupidez se apodera de un colectivo y reivindica la libertad incumpliendo conscientemente la ley, dicha comunidad no es consciente (por vanidad e ignorancia) de que es precisamente la existencia de la ley, la que –en una sociedad democrática– garantiza la igualdad de oportunidades y la libertad.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Guinea Ecuatorial: 50 años de Independencia. Conmemoración de la efemérides en el Museo Nacional de Antropología de Madrid.


Desde el 12 de octubre hasta el 13 de enero de 2019, el centro dedicará una serie de exposiciones, seminarios y conferencias a Guinea Ecuatorial
Portada de la revista "LA GACETA DE GUINEA
ECUATORIAL", correspondiente al mes de octubre
de 2018, en el que ha sido publicado este artículo
Destacada presencia de Guinea Ecuatorial  en el «Museo Nacional de Antropología de Madrid»

Luis Negro Marco

El «Museo Nacional de Antropología» de Madrid  fue inaugurado en 1875 por  el rey de España Alfonso XII.  Desde el año 1975 depende de la «Dirección General de Bellas Artes, Bienes Culturales, Archivos y Bibliotecas” del Gobierno de España».

  Estructurado en tres pisos, están dedicados a la cultura, el folklore y la etnografía de los cinco continentes. La primera de las plantas está dedicada África, y la mayoría de las colecciones y piezas escultóricas que ella se exhiben, son originarias de Guinea Ecuatorial.

 Fachada principal y de acceso al «Museo Nacional de Antropología 
de Madrid», ubicado en la calle de Alfonso XII de la capital de España.
 En el frontispicio, sobre las columnas está inscrita la frase en
 latín: «Nosce te ipsum» (Conócete a ti mismoque hace referencia 
a la importancia que para el ser humano entraña el conocer y saber
 apreciar su propiacultura, para estar en disposición de valorar
 la cultura de los demás pueblos del mundo, y alcanzar la 
sabiduría de la verdad y el amor.    Foto: Luis Negro Marco
Conmemoración del 50 aniversario de la independencia de Guinea Ecuatorial

  La celebración del cincuentenario de la independencia de Guinea Ecuatorial (12 de octubre de 1968) ha sido determinante para que la dirección del «Museo Nacional de Antropología de Madrid» haya querido sumarse a los actos en torno a dicha efemérides, dedicando tres meses a la promoción de la cultura de Guinea Ecuatorial entre la ciudadanía española, especialmente entre los niños y jóvenes. Porque a pesar de que Guinea Ecuatorial y España han compartido más de dos siglos de historia en común,

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Máscara Fang  (Talla en madera policromada, realizada en el siglo XX). Estas obras de arte se utilizaban en distintas ceremonias de tipo familiar y comunal. El color blanco de las caras haría referencia al mundo funerario de las mismas. («Museo Nacional de Antropología de Madrid»). Foto: Luis Negro Marco
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a día de hoy la juventud española apenas conoce que Guinea Ecuatorial está formada por un territorio continental y varias islas (Bioko, Annobón, Corisco, Elobey Grande y Elobey Chico) dispersas por el golfo africano que lleva su nombre.

«Byeri», escultura en madera del artista guineoecuatoriano Fernando Nguema Madja (Engong/Esamengong, 1963–Malabo, 2008). Nguema Madja fue un muy destacado escultor que supo aunar de manera  magistral, la creación contemporánea con la tradición estética del pueblo Fang. La talla que aquí se muestra fue realizada por el artista en 2001, y  se inspira en los Byeri, las tallas guardianas de los restos de los antepasados distinguidos en la cultura Fang tradicional. Esta pieza se puede contemplar actualmente en el «Museo Nacional de Antropología de Madrid» (fue donada a la Institución por el coleccionista de arte Enrique León Chacón) y forma parte de una privilegiada selección de obras donadas al Museo a lo largo de sus 144 años de existencia.Foto: Luis Negro Marco

Así mismo, en la actualidad cada vez son menos los españoles que saben que Guinea Ecuatorial es el único país de África cuyo idioma oficial es el español; o que en Guinea conviven culturas diferentes, pero muy unidas entre sí, como son los pueblos Fang, Bubi, Ndowe, Annobonés y Bisió.

  Menos aún son conscientes los españoles de que en Guinea Ecuatorial, en torno a las plantaciones de cacao, se fundaron algunas de las
empresas chocolateras más importantes  
Mapa esquemático de África que representa la localización geográfica de algunas de las sociedades africanas representadas en el «Museo Nacional de Antropología» de Madrid: Bereber, Nubia, Peul, Borobo, Yoruba, Fang, Bubi, Ndowe, Annobonés, Pende, Masai, Ngwato, y Zulú, entre otras. La sala del museo dedicada al continente africano dispone de diversas áreas temáticas que muestran a los visitantes diferentes aspectos de vida de algunas de sus sociedades, en el pasado y en la actualidad, como la vivienda, las actividades lúdicas y festivas, el vestido y la religión. África está poblada por más de 1.000 millones de personas, y en el continente existen más de 1.000 lenguas diferentes.    Foto: Luis Negro Marco
de España, como «Elgorriaga», cuya campana, que figura en el logotipo de la
marca, es en realidad una campana bubi.

La multiculturalidad de Guinea Ecuatorial viene determinada por la pluralidad de los pueblos que integran la
Campana Bubi.  (Talla en madera, procedente de
 la isla de Bioko). 
 Esta campana sirvió de
modelo para el logotipo de la prestigiosa
empresavchocolatera española 
«Elgorriaga».
nación, y que como piezas de un mosaico articulan una 

obra robusta, hermosa, cohesionada y bien estructurada.  Guinea Ecuatorial se vertebra en torno al bosque continental y la mar atlántica, geográficamente como el ombligo de África, y culturalmente, pivote sobre el que gira la Hispanidad, mirando hacia América, al oeste,  a España y Europa hacia el Norte, y siempre, esencialmente incardinada en su eterno corazón africano. 

martes, 6 de noviembre de 2018

La intercesión de los santos, fundamento de la fe cristiana


Día de Todos los Santos

Luis Negro Marco 

  La fiesta del Samhaim de los pueblos celtas, en Estados Unidos tomó el nombre de Halloween, que es con el que generalmente ahora se conoce –prácticamente en todo el mundo– a la víspera del Día de Todos los Santos. Noche de alegre negro satén, cenizas y grisallas, nieblas que avanzan como blancos fantasmas en medio de la oscuridad, lechuzas y búhos reales que ululan desde la quebrada rama en un bosque de robles, románticamente iluminado por el fantasmagórico espectro de la luna llena.

Tiempo de brujas y cuentos de miedo contados por los abuelos a sus nietos, reunida la familia alrededor de la lumbre y el calor de la cadiera, de la que cuelga el cremallo desde lo alto de la chaminera, sosteniendo la olla de cobre del mondongo que reposa sobre las trébedes. Caras infantiles de royos mofletes, curiosas por saber el desenlace de la historia, mientras –como duendecillos y hadas– saltan las purnas desde las brasas que dan calor y vida al hogar.

Detalle de la fachada de la "Iglesia de las Ánimas" (siglo XVIII) de Santiago de Compostela.- Foto: L.N.M.
«Truco o trato», caramelos o susto, brujas o santos, máscaras de calaveras  y disfraces de esqueleto que marchan a contradanza de la desenfrenada alegría del carnaval. Castañas, magostos y vino de muertos, el que se guardó bajo la tierra, preservando al rojo caldo de toda su esencia y sabor, y que se degusta –a modo de celebración de reencuentro– en esta noche especial de puertas abiertas entre ambos mundos de vivos y muertos.

Tarde de lluvia, palomitas, sofá y películas de terror sobre jinetes medievales que cabalgan en la noche sin cabeza; anaranjadas calabazas ahuecadas y esculpidas con ojos, boca y nariz, de cuyo interior brota la luz de las lamparillas de aceite, como si fueran espectros. Noche de taberna y música folk irlandesa, de pintas y cerveza negra, compartidas alegremente entre amigos; brindis de leyenda, al toque de campana, por «El Holandés Errante» y por las almas que –como la tripulación de aquel fantástico velero– vagan errantes en pena.

Noche de teatro en blanco y negro, con la emisión de la obra televisiva «Don Juan Tenorio», fanfarrón caballero de capa y espada y triste figura, quien en esta noche, en una apartada orilla de nombre difícil de recordar, y en la que más clara la luna brilla, discretamente –en un acompasado fundido a negro– desciende para siempre a los infiernos.

Día de huesos de santos que endulzan la vida y la muerte futura; bollas de pan con frutos secos y hierba buena; orquídeas y crisantemos que dan color y frescura a las cenizas de nuestros difuntos, fielmente preservadas, identificadas  y custodiadas por las lápidas y las tumbas, en los cementerios. Oraciones de recíproca intercesión ante Dios, entre quienes aún gozamos de la felicidad en este mundo y quienes también lo son  tras haber pasado a la otra orilla, en la que –algún día– nos habremos de reencontrar, unidos por el lazo eterno del amor.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Concierto de órgano para una calurosa tarde de verano



 Luis Negro Marco
Música celestial 

Durante un reciente viaje de vuelta a Santiago Compostela, recalé por casualidad en la localidad palentina de Paredes de Nava, no muy lejos de Villalón de Campos, población vallisoletana célebre por sus quesos, y muy especialmente por una de sus variedades a la que los locales denominan «pata mulo». Era una tarde de finales de agosto, y el sofocante calor  hacía honor a los rigores de la canícula propia de la época estival del año. El dorado paisaje castellano, con los campos amarillos del trigo ya cosechado, y las alpacas de paja apiladas en perfectas formaciones rectangulares, me recordaban al paisaje de mi tierra natal en Bello, al lado de Torralba de los Sisones y de la laguna de Gallocanta. Y para más casualidad, en un pueblo próximo a Paredes de Nava, también hay una laguna, la cual –una vez vi el cartel indicador– me acerqué a visitar. Para mi decepción, estaba completamente seca; el mirador de aves, construido en madera, tenía uno de sus
FRECHILLA. Iglesia de "Santa María", del siglo XVI
                                                     Fotocomposición: Luis Negro
ventanucos abiertos, e impresos sobre un cartelón resguardado en metacrilato, se reproducían más de 20 dibujos de las aves  –incluidas los cisnes y las grullas– que en caso de haber tenido agua el humedal, se hubieran podido observar sobre las ahora inexistentes azuladas aguas. Por no ver, ni tan siquiera vi volar a un gurriato por encima de los tamarices, aunque sí me acompañó el estridente chicharreo de la cigarra. También en esto la laguna de Nava se parece a la de Gallocanta, en donde la sequía ha reducido de manera considerable el número de grullas que cada año llegan allí, desde finales de octubre.

Continué viaje en dirección Benavente, cuando la visión de la torre de la iglesia de «Santa María», a escasos metros de la carretera, hizo que me detuviera en Frechilla, el pueblo que la edificó en el primer tercio del siglo XVI. Al comprobar cómo bajaba la temperatura, respecto al calor de la calle, me alegré de haber entrado en el templo. En el interior tan sólo había una mujer, sentada en uno de los bancos, delante del altar. La iglesia era majestuosa, con un espectacular retablo barroco y naves laterales decoradas con magníficos esculturas y cuadros de todas las épocas artísticas, incluida una hermosa talla en madera policromada, del siglo XIII, de un Cristo crucificado que acababa de ser restaurada y reintegrada al conjunto de obras de la iglesia. Al mismo tiempo que yo, y por la puerta del presbiterio, entraron dos hombres –uno algo mayor, y otro mucho más joven– en pantalones bermudas, camiseta y sandalias. Guiris, igual que yo –pensé al instante–. Pero
El maestro organista Tomas Ospital, a los teclados del órgano de la iglesia de "Santa María" (Frechilla) el 30 de agosto de 2018.       Fotocomposición: Luis Negro
Angelina (que así me dijo después que se llamaba), la sacristana “nacida y plantá desde siempre en Frechilla”,  se puso a hablar con ellos, y oí como les decía que ya tenía todo dispuesto para que pudiesen subir al órgano a ensayar. Geli me hizo una señal y me dijo que no me fuese, que esperara, “pues no sabe usted la suerte que ha tenido. Son unas eminencias de la música”. Así que los dos guiris subieron sin prisas al coro y se pusieron a tocar el majestuoso órgano barroco de la iglesia. Comenzó el mayor de ellos, el maestro organista francés Francis Chapelet (París, 1934), miembro de la
«Real Academia de Bellas Artes de San Fernando», y desde hace décadas, enamorado como Machado de los campos de Castilla, se quedó a vivir en el pueblo palentino de Abarca. Después fue el joven maestro organista Tomas Ospital (vasco, aunque residente desde hace muchos años en París) quien de manera igualmente magistral interpretó varias piezas que resonaron, a través de los tubos del órgano, como si fuera una orquesta interpretando en el Palacio Real. “Espectacular”, me comentó al finalizar su ensayo Ospital, el joven intérprete, en perfecto español con perfecto acento francés: “Es la primera vez que toco un instrumento de tanta calidad como éste. Tiene lengüetas que jamás había visto antes...”  No entendía de qué me hablaba, pero me sonaba a música celestial.