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lunes, 30 de octubre de 2023

Palestina

 

        Luis Negro Marco / Historiador y periodista
 Como una tierra constantemente batida por oleadas de pueblos empujados por los vientos de la Historia, el territorio de Palestina ha cambiado tanto de dominadores como de nombres. Pero el de Palestina (nombre que le habrían dado los romanos para tratar de borrar al de los irreductibles judíos de Israel) parece provenir de los Filisteos, cuya memoria ha perdurado en la denominación de «Phalastin», término que sirvió para dar nombre al litoral que se extiende entre Jaffa y Gaza. 

Palestina: provincias en las que fue dividida la región por los israelíes al regreso de su cautividad en Babilonia (536 a.C.)

Llamado por los israelitas «Tierra prometida», el territorio fue dividido por ellos en 13 tribus. Más tarde, al regresar los judíos de su cautividad en Babilonia (536 a.C.) lo dividieron en 4 provincias: Betania al este del río Jordán, Galilea al noroeste, Samaría en el centro y Judea en el suroeste. Bajo la dominación de Roma, Palestina pasó a formar una sola provincia, con el nombre de Reino de Judea, cuya corona ciñó –en el año 40 a.C.– el rey Herodes. 

Ya en el siglo IV d.C. los romanos volvieron a subdividir el territorio en 4 regiones, otorgándoles a cada una de ellas el nombre de Palestina, junto a su respectivo numeral, con capitales en Escitópolis, Bostra, Cesarea y Petra. Durante las Cruzadas, los cristianos –que la denominaban con el título de Tierra Santa– fundaron en Palestina el Reino de Jerusalén (1099 – 1291) que fue señorío feudal de los príncipes de Galilea y de Tiberíades, de los Condes de Jope y de Ascalón… y desde el siglo XIII, del Reino de Sicilia. Hecho, este último, crucial para la monarquía hispana pues (siguiendo a los historiadores Daniel Berzosa y Matilde Latorre), cuando Fernando el Católico, casado con Isabel la Católica, ocupa en 1468 el reino de Sicilia, el monarca aragonés (nacido en Sos del Rey Católico) adquiere también el título de rey de Jerusalén, el cual, perpetuamente ligado desde entonces a la monarquía hispana, sigue honoríficamente ostentando nuestro monarca, el rey Felipe VI. 

Palestina, también llamada «Eretz Yisra'el» (Tierra de Israel) por el pueblo judío, seguiría siendo

conquistada y tras la caída, en el año 1453, de Constantinopla –la actual Estambul– a manos de los turcos, el sultán Selim I la incorporó al Imperio Otomano, con el rango de provincia y capital en Jerusalén, dependiente del bajalato de Damasco. Ya en el siglo XX, en 1917, en plena Primera Guerra Mundial, una declaración firmada por el ministro de Asuntos Exteriores inglés, Arthur Balfour iba a ser determinante para el devenir de Palestina: “El gobierno de Su Majestad británica se muestra favorable para la constitución en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío…dándose por supuesto que no se tomará ninguna medida que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina…”. 

Palestina pasó a ser gobernada –a partir de 1921– por la Sociedad de Naciones, a través del Mandato Británico. Durante siete años, la región conoció una paz relativa que se truncó en 1928. A partir de entonces, la tensión árabe-judía fue en aumento, fomentada por la aparición de un nuevo líder árabe, Haj Amin el Huseini, muftí de Jerusalén (controvertido personaje por sus afinidades con Hitler y la Solución final del gobierno nazi, responsable del Holocausto –el asesinato, durante la Segunda Guerra Mundial, de más de 6 millones de judíos en las cámaras de gas–), que predicó entre sus compatriotas palestinos la guerra santa contra los no musulmanes. 
    Nicolas de Fer (1647-1720). Cartografía de Tierra Santa. 1688.

Ya en 1947, la ONU nombró una comisión especial, cuyos delegados recomendaron un proyecto de división de Palestina para la formación de dos Estados (uno árabe y otro judío) que el mando judío aceptó, mientras los árabes lo rechazaron de plano. Sin embargo, el Consejo General de la ONU lo aprobó por considerarlo una solución justa. Pero los árabes, no conformes con la resolución, declararon la guerra. Así, el 14 de mayo de 1948, fecha que coincidía con la partida del Alto Comisariado Británico y con la proclamación del Estado de Israel, la naciente nación judía entraba en guerra con el Líbano, Siria, Irak, Transjordania y Egipto. 

Durante la guerra árabe-israelí de 1948, alrededor de 750.000 árabes residentes en Palestina, huyeron o fueron expulsados de sus hogares, de los aproximadamente 1.200.000 que vivían en la región durante el Mandato Británico. Este desplazamiento es conocido por los palestinos como la «Nakba» (catástrofe o desastre). La guerra finalizó a finales de 1949 con la victoria de Israel, que anexionó más territorios y logró la firma de un armisticio con los países árabes beligerantes, pero sin que se alcanzara un tratado de paz, por lo que –al menos técnicamente– continuaban en guerra con Israel.

 De este modo, en 1967 tuvo lugar la «Guerra de los Seis Días» en la que el ejército israelí se hizo con el control de la península del Sinaí, perteneciente a Egipto, y solo seis años después, en 1973, Egipto y Siria desencadenaron la guerra del «Yom Kippur», que acabó con otra incontestable victoria de las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel). el 13 de septiembre de 1993 podía haber sido una fecha transcendental para la paz entre judíos y palestinos. Bajo la emocionada mirada del presidente estadounidense Bill Clinton, el presidente israelí Yitzhak Rabin y Yasser Arafat, líder de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) se estrechaban la mano, en busca de la paz. 

Ashbel, Dob (1896-1989). Cartografía - Mapa de Palestina, Transjordania, Sur de Siria y Sur del Líbano. Cambio de fronteras entre 1859-1938. Mapa realizado por D. Ashbel en 1940

La ocasión fue la firma del primer tratado de los que se conocieron como los «Acuerdos de Oslo», que establecían un marco provisional para la creación del Estado palestino. Sin embargo, el terrorismo de «Hamas» continuó y el presidente Rabin fue asesinado por un israelí ultranacionalista el 4 de noviembre de 1995. De manera que, truncados los caminos hacia la paz, en 2006 se desataba la guerra entre Israel y la organización terrorista libanesa «Hezbollah», que provocó que el Consejo de Seguridad de la ONU desplegara a sus cascos azueles en la frontera entre Israel y el Líbano, bajo el mandato de la FPNUL –Fuerza Provisional de Naciones Unidas para el Líbano– en cuya misión siguen participando, desde sus inicios, tropas españolas. 

Ahora, en medio de la más cruenta guerra que se libra en la región desde hace 50 años, es posible que los Estados Unidos, como ya ocurriera con los Acuerdos de Oslo, vuelvan a poder ser determinantes para dar otra oportunidad para la paz entre israelíes y palestinos. Tal vez, esta vez sí, sea posible si, tal y como apunta el politólogo israelí Aaron David Miller, “se cuenta con israelíes y palestinos valientes para batallar por los acuerdos y el imprescindible apoyo del mundo árabe en su conjunto”. Porque solo con la ayuda de todos, será posible la paz.

miércoles, 18 de octubre de 2023

Vergüenza

Vergüenza

                                                                         
Luis Negro Marco
(Historiador y periodista)

La organización terrorista «Hamas» (el significado literal del término es «celo» o «fervor» y abreviatura de la denominación árabe «Arakat al-Muqawama al-Islamiya»–“Movimiento de Resistencia Islámica–) fue fundada el 14 de diciembre de 1987 por el jeque Ahmed Yassin, cabeza de Hamas en Gaza y su líder espiritual, quien –por su implicación directa en numerosos actos terroristas de la organización criminal– sería asesinado por la fuerza aérea israelí en marzo de 2004.

Portada del libro: "Hamás: Política,
beneficiencia y terrorismo al servicio
de la Yihad", de Matthew Levitt.- 
Editorial Belacqua (2007)
Hamas surgió como una escisión de la rama palestina de los «Hermanos Musulmanes», movimiento islamista fundado en 1928 en Egipto (la Hermandad Musulmana sigue contando con una gran proyección en la nación) por un maestro de escuela, Hassan al-Banna, siendo su principal inspirador intelectual el también egipcio Sayyid Qutb (ejecutado en 1966 por el régimen del presidente egipcio Nasser) quien proclamaba que el Islam es la completa –y por tanto única– vía para alcanzar la justicia social en el mundo. Los postulados de la Hermandad Musulmana influyeron de manera determinante no solo en Hamas, sino también en la «Yihad Islámica» –la otra organización terrorista que opera, junto con Hamas, en la Franja de Gaza– y en Osama bin Laden –asesinado en Pakistán por fuerzas especiales de los Estados Unidos en mayo de 2011– líder que fuera de la organización terrorista «Al Qaeda», autora de los brutales atentados del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos.

Como organización terrorista nacida y afincada en la Franja de Gaza, Hamas no puede admitir nada que no sea la lucha permanente contra Israel. Y es que desde el instante mismo en el que nació, el objetivo de Hamas ha sido el de eliminar al Estado hebreo y establecer en su lugar (ahora bajo los auspicios de Irán, que también apoya, con el mismo propósito, a la poderosa organización terrorista del Líbano «Hezbollah»: “Partido de Dios”) de un Estado Islamista en los territorios que antaño habían correspondido al Mandato Británico de Palestina (1920-1948), es decir: Israel, Cisjordania y la Franja de Gaza.

En la madrugada del sábado (festividad semanal judía del «Sabbat») 7 de octubre, Hamas sorprendió a Israel cuando cerca de 2.000 terroristas de la organización lograron neutralizar los controles de seguridad y cruzaron, por distintos puntos, la valla que separa a Israel de la Franja de Gaza, perpetrando, en las horas que siguieron al asalto, el ataque terrorista más devastador que Israel ha sufrido desde la creación de su Estado (1948) y la más sangrienta masacre cometida contra judíos desde el Holocausto.

El propio secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, se refirió a estos actos terroristas perpetrados por Hamas como “una letanía de brutalidad e inhumanidad de bebés asesinados, de cuerpos profanados, de jóvenes quemados vivos, de mujeres violadas, de padres ejecutados delante de sus hijos y de niños asesinados delante de sus padres”. Mientras, los terroristas emitían en directo, usando incluso los teléfonos móviles de las personas a las que iban a asesinar, para que las vieran sus familiares, la brutalidad de sus crímenes.

Unos actos terroristas largamente premeditados, como demuestran los documentos hechos públicos por la cadena de noticias NBC News, según los cuales, los dirigentes de Hamas instruyeron a sus terroristas para que asesinaran y secuestraran, indiscriminadamente, al mayor número de personas posible. Como resultado, más de 1.500 personas (hombres, mujeres, ancianos, bebés y niños) fueron asesinadas, más de 3.000 resultaron heridas y hasta 200 fueron secuestradas y llevadas a la Franja de Gaza como rehenes.

Solo en el festival de música por la paz, que se estaba celebrando cerca del kibutz de Reim, en el desierto del Negev, fueron asesinados 260 jóvenes israelíes que hasta entonces habían estado celebrando con cantos y bailes la festividad judía de la «Simjat Torah» la alegría de la Ley–. Allí, la organización terrorista filmó y difundió videos de sus combatientes cometiendo atrocidades que incluían violaciones, decapitaciones y torturas. Una de las fotografías subidas a la red por los propios terroristas de Hamas, muestra a una joven secuestrada, tendida boca abajo y aparentemente muerta o inconsciente, llevada en la parte trasera de una camioneta hacia la Franja de Gaza, mientras sus sonrientes violadores descansan sus pies sobre las desnudas espaldas de la joven.


Es preciso tener en cuenta que Hamas ha perpetrado actos terroristas de forma sistemática siempre que ha atisbado el mínimo progreso hacia la paz. Y no solo porque no cree en ella, sino principalmente porque esta organización terrorista sería incapaz de sobrevivir en unas circunstancias en que la paz y la prosperidad constituyeran el presente de la Autoridad Palestina y el futuro de un pueblo palestino independiente en pacífica convivencia con el de Israel. Por ello, no es casual que Hamas haya lanzado ahora su ataque terrorista más brutal, precisamente en unos momentos en los que Israel estaba a punto de normalizar sus relaciones con Arabia Saudí, el Estado árabe con más influencia sobre Oriente Próximo.

De manera que nada frustra más el objetivo legítimo de establecer un Estado palestino independiente y seguro, que viva en paz y colaboración con sus vecinos, que la existencia misma del terrorismo palestino, es decir, de Hamas. Por ello, causa vergüenza que la parte del Gobierno español representada por la extrema izquierda de “Podemos” y “Sumar (a cuyos ministros pagamos el sueldo todos los españoles) lejos de calificar los ataques del 7 de octubre como terroristas, de mostrar su explícita y más firme repulsa contra los asesinatos de bebés y violaciones de mujeres por parte de los terroristas de Hamas y de mostrar sus  condolencias a los familiares de las víctimas, se hayan apresurado en responsabilizar del “conflicto” al Estado de Israel.

¡Vergüenza!

 

 


domingo, 5 de abril de 2020

"Operación Balmis" contra el coronavirus

Ahora todos somos uno
Más que nunca tenemos que protegernos para proteger y en esta misión tenemos asegurada la victoria


24/03/2020

Existe un axioma según el cual cuanto más difíciles han sido los momentos en la historia de la Humanidad, mayores han sido también las muestras de ayuda desinteresada, altruismo y solidaridad de las personas. Por lo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el cariño y el amor son la gran e ineludible verdad sobre la que se sustenta la inigualable belleza de la naturaleza humana.

La actual situación de emergencia sanitaria que hay en España provocada por el coronavirus (covid-19) es una buena muestra de ello. Todos los días estamos viendo las grandes muestras de agradecimiento con las que la población española obsequia a todo el personal sanitario, así como las manifestaciones de reconocimiento que ofrenda a los transportistas y a todas las personas que, día a día, siguen trabajando en los supermercados y en el sector de la alimentación, asegurando de este modo que todos los hogares sigan igual de abastecidos que antes de la crisis. Con un especial recuerdo y apoyo a nuestros mayores y a cuantas personas están a su cuidado, dignificando unos y otros no solo su vida, sino también la del conjunto de la sociedad.

Sin embargo, y felizmente, no acaban aquí las manifestaciones de gratitud. Existen muchas más. Pero quiero centrarme ahora, especialmente, en un caso que considero de especial interés, puesto que proviene de la juventud, y particularmente, de la juventud aragonesa. Me refiero, en concreto, a una serie de emotivas cartas que, dirigidas a los militares españoles y escritas por jóvenes estudiantes de nuestra tierra, están siendo publicadas durante los últimos meses en EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, cuyo director es Nicolás Espada, dentro de su magnífico suplemento semanal El Periódico del estudiante que coordina la periodista Laura Rabanaque. Y lo más destacable: todas estas emotivas cartas finalizan con muestras de agradecimiento hacia los militares españoles y con la palabra «gracias».

Con gran atención las he ido leyendo, y en todas y cada una he podido constatar una claridad expositiva, una sensibilidad narrativa y tal profundidad de conocimientos de la cultura militar, que denotan en sus jóvenes autores (Carmen, Rocío, Jaime, Marta o Paola, entre otros) un sincero reconocimiento al valor y a la labor que desarrollan nuestras Fuerzas Armadas, así como un auténtico sentimiento de pertenencia a ellas, pues todos y cada uno de nosotros servimos al bien común de España.

Y en el caso de nuestros jóvenes, estamos hablando de una juventud que, a pesar de ser la gran ausente en los medios de comunicación (salvo meritorias excepciones, como en el caso de este periódico) demuestra un alto grado de formación y calidad humana. Ellos son la mejor prueba de que tenemos ante nosotros un futuro prometedor.

En sus entrañables Cartas a un militar, los jóvenes aragoneses, además de mostrar un reconocimiento a las Fuerzas Armadas, recuerdan también que gracias a su labor secular se lograron importantes avances en la ciencia y en la medicina.
De hecho, se debe a un militar aragonés, el comandante médico Fidel Pagés Miravé (1886-1923) la invención de la anestesia epidural que actualmente se aplica a muchas madres en el momento de dar a luz. Y del mismo modo, el médico militar navarro Nicasio Landa (1830-1891) fue el inventor, en 1865, de un mandil de socorro para el ágil transporte de heridos en combate hasta los hospitales de campaña, el cual –durante décadas– fue decisivo para que las vidas de muchos soldados fueran salvadas.

Soldados de la UME desplegados,con equipos de desinfección, en la Plaza de España de Zaragoza.- Foto Ángel de Castro / El Periódico de Aragón.- 23 de marzo de 2020
Asimismo, es relevante destacar el hecho de que el actual despliegue de nuestras Fuerzas Armadas, ordenado por el Gobierno de España para proteger el bienestar y la salud de toda la ciudadanía, lleve el nombre de Operación Balmis. Un reconocimiento al médico y cirujano militar español Francisco Xavier Balmis y Berenguer (1753-1819) quien desde 1803 y hasta 1806 –bajo los auspicios del rey de España Carlos IV– dirigió la Real expedición filantrópica de la vacuna contra la viruela a lo largo de la América hispana, Filipinas, Cantón, Macao y, de vuelta a España –completando con su llegada a nuestro país la vuelta al mundo– la isla inglesa de Santa Elena.

Una universal y pionera campaña de vacunación (considerada por la OMS como la primera misión internacional de carácter sanitario en el mundo) a la que también va intrínsecamente unido el nombre de la enfermera gallega Isabel Zendal Gómez (nacida en 1773, y cuya fecha de fallecimiento en Méjico se desconoce), así como los de los veintidós niños españoles que estuvieron a su cargo durante las innumerables travesías, portando las pústulas de la viruela en sus brazos (conocidos por ello como «los niños de la viruela») de la que se extraía la aguadilla de la vacuna para su eficaz aplicación.

Todo lo anteriormente expuesto evidencia que las Fuerzas Armadas no solo emanan de la sociedad sino que nacen con la vocación de estar a su servicio, procurar su bienestar y garantizar sus libertades y protección. Por todo lo cual, no es sino la manifestación de la más pura normalidad democrática el ver en las calles de nuestras ciudades y pueblos a los militares de la Legión, de la Infantería de Marina, y de la UME (la Unidad Militad de Emergencias, cuyo lema es precisamente Para servir) proporcionando tranquilidad y serenidad a la población, en estos momentos en que tanto se necesita.

Más que nunca, necesitamos protegernos para proteger y en esta inexcusable misión tenemos asegurada la victoria final, porque ahora todos somos uno, unidos por el cariño y el amor.


*Historiador y periodista

Ejército de España: Para servir a la sociedad


  Nuestro ejército  

En situaciones de crisis, es uno de los instrumentos de que dispone el Gobierno para hacerles frente

JAVIER FERNÁNDEZ
20/03/2020
La grave crisis sanitaria que estamos viviendo, pandemia según la OMS, nos tiene absorbidos de tal manera que se hace difícil tratar un tema que no sea ese. Yo, que intento ser prudente, no quisiera escribir sobre algo de lo que no sé casi nada, así que lo haré de un tema que tiene que ver con las decisiones que está tomando el Gobierno y con uno de los instrumentos de los que dispone para tratar de poner fin a la crisis. Tema del que, por razones obvias, sé algo.
En tiempos ordinarios se suelen escuchar frases del tenor: «Menos tanques y más escuelas». Una inmensa mayoría de ciudadanos la podría suscribir, pero en situaciones de crisis se pueden observar las cosas de distinta manera. Y el papel del ejército en nuestros días puede ser una de ellas. No puedo dejar de citar antecedentes históricos, como el larguísimo Gobierno del general Franco, para saber que en nuestro país no han sido muchas las simpatías a quienes hemos vestido el uniforme caqui.
Si hacemos un repaso, aunque sea somero, a los graves conflictos en el mundo, veremos que la lista es casi interminable. Guerras abiertas en Afganistán, Siria, Libia, Kurdistán y Yemen del Sur. Conflictos bélicos en Pakistán, India, Irak, Ucrania, Israel-Palestina. El eterno Líbano. La locura armamentística en Corea del Norte. Grupos armados en Indonesia y en buena parte de África. Desórdenes públicos de especial gravedad en Hong-Kong, Argelia, Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia. Lo de Venezuela. El narco en México. Bolsonaro incendiando el Amazonas. Y en algunas ocasiones, de conformidad con instituciones supraestatales, especialmente la ONU, nuestros militares tienen que actuar para tratar de paralizar, o minimizar, parte de estos conflictos (guerras abiertas muchas veces). Tal como informa la web del Ministerio de Defensa, España tiene activas 17 misiones internacionales o de mantenimiento de la paz: Eurofor Althea, Bosnia Herzegovina; Colombia; Sea Guardian, Mediterráneo; SNMG/SNMCMG, OTAN, Mediterráneo Oriental; Letonia; Turquía, OTAN; Irak; Afganistán; Líbano; EUTMRCA, UE, Centroáfrica; Mediterráneo Sur, UE, Libia; Apoyo Aéreo, Gabón; EUTM, UE, Mali; Seguridad marítima, África Occidental; Piratería en el mar, Somalia; EUTM, UE, Interior Somalia; Apoyo Aéreo, Malí-Senegal.
Si en vez de posar nuestra vista en la actualidad lo hiciésemos en el pasado (siglos XIX y XX), solo en España, veríamos que los conflictos en los que estuvimos involucrados eran otros: guerra contra los franceses (1808-1814): guerras carlistas (1833-1839; 1846-1849; 1872-1876): la guerra de África (1859); las guerras en Cuba (1874-1884; 1886-1888; 1898); cantonalismo (1873-1874); guerras coloniales en Centro y Sudamérica: (1811-1898); conflictos en el norte de África: (1906, 1909, 1921, 1925); guerra civil (1936-1939).
Regresando a la actualidad y exclusivamente a nuestro país, los primeros militares a los que hemos visto esta semana por nuestras calles son los de la UME, una unidad muy joven, ya que fue creada en el 2005 por el Gobierno presidido por José L. Rodríguez Zapatero. Su cuartel general está en Torrejón de Ardoz (Madrid) y tiene, además de Cuartel General, Transmisiones y Escuela de Formación, cinco batallones situados en esa misma localidad, el primero, y los demás en: Morón (Sevilla), Bétera (Valencia), Zaragoza y San Andrés de Rabanedo (León). Su actual jefe es el teniente general Luis Manuel Martínez Meijide, con fuerte vinculación personal y familiar zaragozana, que ha sustituido recientemente a Miguel Alcañiz Comas, aragonés de Maella. No creo necesario explicar las labores de esta unidad puesto que es conocida por todos y, me atrevo a decir, que alabada por una inmensa mayoría. España no es el primer país que crea unidades específicas para trabajar en labores de protección civil ya que Francia, Canadá o Japón también las tienen.
Pero la UME no es la única unidad militar que puede participar en acciones concretas dentro del estado de alarma decretado por el Gobierno. Además de las más evidentes de policía, controlando ciertos desplazamientos, podrían actuar en funciones de desinfección de zonas especialmente contaminadas e, incluso, montando hospitales de campaña en casos de extrema gravedad. Tampoco debemos olvidar la posibilidad de utilizar medios militares en convoyes de transporte si fuese preciso abastecer de determinados productos estratégicos. Por supuesto que todo el personal sanitario militar está ya colaborando en las funciones que el Gobierno ha determinado.
No creo que sea bueno tratar de establecer listados de quienes más están trabajando en esta crisis, pero podría ser útil que hiciésemos un esfuerzo para analizar, ahora que tenemos tanto tiempo recluidos en casa, temas que de ordinario no centran nuestra atención. Y el ejército es uno de estos, su necesidad y funciones, a diario y en casos extraordinarios, en España y fuera de nuestras fronteras. Por supuesto que yo también prefiero más escuelas que cañones, aunque un Estado precisa de muchas cosas a las que, a veces, no les vemos la necesidad, pero la tienen. Y a las pruebas me remito.
*Militar. Profesor universitario. Escritor

miércoles, 29 de enero de 2020

Auschwitz, no olvidemos aquel horror


Auschwitz, no olvidemos aquel horror

Luis Negro Marco 

Cartel anunciador de la exposición "Auschwitz, no
 hace mucho, no muy lejos
" que se pudo visitar en
 Madrid durante el 
pasado año, 2019
El 27 de enero de 1945, cuando las tropas soviéticas liberaron el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, se encontraron con miles de personas esqueléticas y enfermas, en su práctica totalidad judías, que habían sido allí deportadas por la Alemania de Hitler para realizar trabajos esclavos, antes de ser asesinadas en las cámaras de gas. Nueve días antes de la liberación del campo, los nazis,–ante la inminente llegada de las tropas rusas– habían intentado evacuarlo (para eliminar las pruebas de sus crímenes) y forzado a más de 60.000 personas a efectuar la tristemente conocida en la historia como “Marcha de la muerte”, desde Auschwitz hasta el campo de exterminio de Gleiwetz, en suelo alemán. Una brutal travesía de 68 kilómetros que las víctimas hubieron de efectuar a pie, sin apenas ropa ni comida, sobre un terreno cubierto de nieve y a una gélida temperatura de veinte grados bajo cero. Muy pocas fueron las personas que pudieron sobrevivir a aquella tortura.

Auschwitz, final de la línea de ferrocarril que conducía, en vagones de ganado, a los más de 1.300.000  de personas deportadas allí, en su práctica totalidad pertenecientes a la comunidad judía, de las cuales fueron asesinados en las cámaras de gas más de un millón de personas.
Al liberar Auschwitz, los soldados rusos descubrieron las cámaras de gas y los crematorios, que en vano los guardias nazis habían intentado destruir, así como numerosos barracones conteniendo miles
de toneladas de objetos (ropa, zapatos, juguetes de niños, prótesis dentales, cabellos de mujer, documentos de identidad, joyas…) pertenecientes a las más de un millón de personas que habían sido allí asesinadas. Los supervivientes desvelaron entonces a sus libertadores cómo los nazis habían sistematizado, a través de verdaderas “fábricas de la muerte” el mayor crimen de la historia, el genocidio del pueblo judío y gitano.

La organización consistía en un vasto complejo de campos de concentración apoyados por una amplia red de “Kommandos” (campos anexos) distribuidos a lo largo de una extensa área geográfica a través de Alemania, Polonia y la antigua Checoslovaquia. Todos los campos se encontraban bajo la supervisión de la Gestapo y dirigidos por guardias nazis de las SS y tiranos kapos, bajo las órdenes directas de Himmler, y las directrices genocidas de Hitler contenidas en su “Solución final” para el exterminio del pueblo judío.
Fragmento de una carta de un preso de Auschwitz.- De la exposición "Auschwitz, no hace mucho, no muy lejos" que se pudo ver en Madrid durante el pasado año, 2019, siendo una de las muestras que más expectación suscitaron de Europa, al superar los 600.000 visitantes. 
Fue en el campo de concentración de Struthof (el único que hubo sobre suelo francés) en donde el criminal SS Josef Kramer, comandante del campo de concentración de Bergen-Belsen, efectuó –en agosto de 1943– y utilizando como “cobayas” a prisioneros soviéticos, los primeros ensayos de exterminio en cámaras de gas, los cuales pasaron a la fase de “industrialización”, según la propia terminología nazi, en Auschwitz-Birkenau.

Todos los campos de exterminio se regían por un mismo reglamento, implacablemente aplicado, con una brutalidad sin límites, a todos los deportados por igual ya se tratase de
Imagen de la Exposición "Auschwitz, no hace mucho,
no muy lejos
" que se pudo ver en Madrid durante el pasado
 año. La frase es de
Elie  Wieselintelectual y eminente
 escritor judío superviviente
 de Auschwitz, que falleció
en Nueva York el 2 de julio de 2016.
mujeres, hombres o niños. En Auschwitz, las mujeres encinta que llegaban en los trenes eran en su mayoría, enviadas directamente a la cámara de gas, pues se las consideraba inútiles para el trabajo, que era lo que proclamaba un cartel a la entrada de Auschwitz: “El trabajo libera”.

Hiela el corazón constatar la absoluta falta de arrepentimiento (algo que fue común en todos los criminales de guerra nazis) que mostró en sus memorias el que fue comandante del campo de concentración de Auschwitz, Rudolph Hoess (durante el Proceso de Núremberg fue condenando a muerte el 16 de abril de 1947) quien con inhumana frialdad escribió: “Las madres, conscientes del destino que les aguardaba a ellas y a sus hijos [la cámara de gas] intentaban esconderlos entre sus vestidos, una vez habían sido obligadas a desnudarse. Pero viendo ya la muerte inevitable, todavía encontraban fuerzas para hacer bromas con sus bebés y tranquilizarlos en los momentos previos a ser obligados a entrar las cámaras de gas”.

Tan solo han pasado 75 años de aquel horror. No hace tanto tiempo, y debemos actuar de manera que aquellos hechos nunca más se vuelvan a repetir. Y para ello, como reza uno de los lemas del monumento que se inauguró en 1962 en París, dedicado a las víctimas de los campos de concentración nazis durante la Segunda guerra mundial, “es bueno perdonar, pero jamás hay que olvidar”.



jueves, 9 de enero de 2020

Libro del historiador estadounidense Craig L. Symonds: "La Segunda guerra mundial en el mar"



Cuando el campo de batalla fue el mar

Luis Negro Marco 

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Craig L. Symonds
La segunda Guerra Mundial en el mar: una historia global
Editorial: La esfera de los libros, 868 pp.
Madrid, 2019.-
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La guerra en el mar empezaron ganándola la Alemania nazi y la fuerza naval japonesa, pero después, gran parte del mérito de la victoria final Aliada se debió a la superioridad de la flota estadounidense en el Pacífico.

Nada más desatarse las hostilidades, en septiembre de 1939, el almirante alemán Karl Dönitz fue el impulsor de los ataques indiscriminados contra los buques comerciales aliados que navegaran por el Atlántico, utilizando para ello su gran flota de submarinos U-Boote (abreviatura del alemán “Untersee-boot”, –nave submarina–). La táctica utilizada por los comandantes de los sumergibles fue denominada “Rudeltaktic”                      –ataque en manada– por lo que a aquellos temibles submarinos pronto se  les conoció entre los aliados con el nombre de “lobos grises”,  los cuales, solo entre el 2 de septiembre y el 2 de diciembre de 1940, lograron hundir un total de 140 barcos británicos o aliados, acumulando 850.000 toneladas de carga destruida.

Fotografía de 1939 del portaviones británico Ark Royal, escoltado
 por una flotilla de torpedoros Swordfish de la RAF
Poco más de dos años después, el 7 de diciembre de 1941, el almirante Naguno al frente del “Kido Butai” (flota aérea de la Armada Imperial) tras emitir un mensaje establecido en clave: “Tora, Tora, Tora” (Tigre, tigre, tigre) lanzó una gran ofensiva aérea contra la flota estadounidense fondeada en Pearl Harbor (islas Hawái).  Los más de 300 aviones japoneses que participaron en las dos oleadas del ataque dañaron o hundieron con sus torpedos 18 buques, destruyeron 188 aviones y causaron la muerte de 2.403 militares estadounidenses. En respuesta a aquel “día de la infamia”, el presidente Roosevelt declaró inmediatamente la guerra a Japón y entró en la Segunda Guerra Mundial del lado de Gran Bretaña, Francia y sus aliados contra el Eje Roma (Mussolini), Berlín (Hitler), Tokio (emperador Hiro Hito).

Posteriormente, ya situados en el año 1943, se produjo la desafección de la flota italiana respecto al gobierno fascista de Mussolini. Pero cuando el 9 de septiembre de 1943 el acorazado “Roma” (buque insignia de la Regia Marina) se dirigía a Argelia para entregarse a los aliados, el barco fue hundido por misiles Fritz-X alemanes teledirigidos, siendo los primeros proyectiles radioguiados de la historia. Más de 1.300 marinos perdieron la vida, y solo 500 náufragos pudieron ser rescatados por naves italianas que los condujeron hasta el puerto de Mahón (isla de Menorca) donde fueron atendidos en el hospital militar de la isla del Rey y posteriormente acogidos por la población menorquina, permaneciendo varios meses en la isla balear.

11 de mayo de 1945. El portaviones estadounidense Bunker Hill
 en llamas, tras estrellarse dos kamikazes japoneses sobre su cubierta.
Así mismo, también fue un hecho de guerra naval  la fascinante historia de cómo los aliados consiguieron desvelar el código de cifrado y descifrado de mensajes de la máquina alemana “Enigma”. Todo se debió a un golpe de suerte, tras la captura, el 9 de mayo de 1940, del submarino alemán U-110 por varios destructores británicos, frente a las costas de Groenlandia. Al abordar el sumergible, el comando británico descubrió intacta una máquina “Enigma” que rápidamente fue llevada a Gran Bretaña, donde un equipo de matemáticos logró descifrar sus códigos secretos, sin que los alemanes tuvieran conocimiento de aquel hecho decisivo para el devenir de la guerra.

En consecuencia, de manera totalmente sorpresiva para las tropas de Hitler, llegó el llamado “Día D” (6 de junio de 1944) en que se produjo el desembarco aliado en la costa francesa de Normandía, con 284 buques de guerra, 2.000 barcos anfibios y casi 287.000 soldados aliados (principalmente estadounidenses y británicos) a bordo. No obstante, en la playa de Omaha las defensas alemanas provocaron más de 2.000 bajas entre los soldados americanos. Steven Spielberg describió magistralmente (inspirado en fotografías que hizo el fotorreportero Robert Cappa, que también había cubierto la guerra civil española) cómo de sangriento resultó aquel desembarco en la primera escena de su película de 1988, “Salvar al soldado Ryan”.

Enero de 1944. El buque de desembarco de tanques estadounidense
 LST 77, dejando su  cargamento de carros de combate Sherman
 en la playa italiana de Anzio.
Así mismo, los kamikazes aparecieron por vez primera en octubre de 1944 durante la invasión estadounidense de la isla filipina de Leyte. Entonces el almirante japonés Taijiro Onishi decidió la organización de una unidad de ataque especial (“tokkotai”) formada por pilotos dispuestos a morir estrellando en picado sus aviones contra los barcos estadounidenses, a quienes los aliados dieron el nombre de “kamikazes”, con el significado de “viento divino”, en japonés. Una de sus decenas de víctimas fue el crucero americano “Indianápolis”, cuando el 30 de marzo de 1945 un kamikaze consiguió estrellar su avión contra la cubierta del barco, durante la batalla naval de Okinawa. No quedó sin embargo hundida la nave, y en julio de 1945 el “Indianápolis”, fue el barco encargado de trasladar la primera bomba atómica, “Little Boy”, hasta la isla de Tinian, en las Marianas. Tres días después de realizar la entrega de su letal carga, el 30 de julio, el “Indianápolis” –esta vez sí– fue hundido por un submarino japonés cuando navegaba por el archipiélago de las Filipinas.

El 6 de agosto de 1945 era lanzada por Estados Unidos  la primera bomba atómica de la historia sobre Hiroshima y tres días después lanzaba una segunda sobre Nagasaki. Como consecuencia de la devastación nuclear y las decenas de miles de víctimas que causaron, llegado el 2 de septiembre de 1945, el ministro de Asuntos Exteriores de Japón, Shigemitsu, firmaba a bordo del “Missouri” –fondeado para la ocasión en la bahía de Tokio– la rendición definitiva del país ante el general estadounidense MacArthur. La Segunda Guerra Mundial había terminado, pero al terrible precio de la vida de 60 millones de personas, el 3 por ciento de la población mundial de aquellos terribles días en la historia de la Humanidad.

martes, 23 de julio de 2019

Víctor Frankl (1905-1997) superviviente de los campos de concentración nazis y fundador de la Logoterapia

El hombre en busca de sentido

Luis Negro Marco

“El sentido de la vida” es el título de una buena y divertida película de los ingleses Monty Python (autores a su vez de “La vida de Bryan”) que se estrenó en el ya lejano 1983, y que sin embargo goza de una siempre jovial y renovada actualidad. Hecho que, seguramente, se debe a que “El sentido de la vida” se lanza al abordaje, con inteligentes dosis de humor, de la formulación de una pregunta a la que todas las personas –sin excepción– estamos obligadas a dar una respuesta: ¿cuál queremos que sea nuestra misión en la vida? La cuestión nos aboca a la gélida soledad (solos nacemos y solos morimos) de tener que elegir libre y racionalmente cuál queremos que sea nuestro destino y cuál el  fin (la meta que nos proponemos alcanzar) que dote de sentido a nuestra existencia.

Varios años antes de que los Python estrenaran su película sobre el sentido de la vida, un psiquiatra y
Dibujo de GREGOR, acompañando el presente artículo,
publicado el 16 de julio de 2019 en
 EL PERIÓDICO DE ARAGÓN
filósofo de origen judío, –nacido en Viena en 1905– además de llegar a ser un reconocido profesor universitario a escala mundial (en los campos de la neurología y de la psiquiatría), también fue entre 1942 y 1945 “superviviente de cuatro campos –de concentración nazis– se entiende [los de Theresiendstadt, Auschwitz, Kaufering y Türkheim, estos dos últimos dependientes del macrocampo de exterminio de Dachau, que los nazis levantaron a tan solo 13 kilómetros de la ciudad alemana de Munich]. Y como tal superviviente quiero testimoniar el incalculable poder del hombre para desafiar y luchar contra las peores circunstancias que quepa imaginar”. Las frases que van en el entrecomillado son del propio superviviente de aquellos campos de la muerte, el psiquiatra Víctor Frankl (fallecido en Viena el 2 de septiembre de 1997), cuya traumática experiencia de tres años vividos bajo la tortura, la degradación humana y el horror (sus padres y su mujer fueron asesinados en las cámaras de gas) le llevó al descubrimiento de la logoterapia. Sucintamente, vendría a ser un tipo de psicoterapia a partir del logos (palabra griega que equivale a
«sentido», «significado» o «propósito») centrada en el sentido de la existencia humana y  en la búsqueda, por parte de cada persona, de los valores que dan sentido a su propia vida. No se trata en la logoterapia de la freudiana búsqueda del placer, ni tampoco del poder, sino de la búsqueda de sentido. De ahí el título de su libro, publicado por vez primera en 1959, «El hombre en busca de sentido», declarado como uno de los diez libros de mayor influencia en América.

Y para ejemplificar cuál es el sentido de la logoterapia, nada mejor que la vida del propio Víctor Frankl, quien disponiendo de un visado de la Alemania nazi para viajar a los Estados Unidos, pudiendo así huir de las deportaciones, decidió quedarse junto a sus padres ya ancianos (a quienes los nazis les habían denegado la preceptiva documentación para viajar al exterior), y unas semanas después, por su condición de judíos, la familia fue deportada al completo al campo de Auschwitz.

La grandeza de la filosofía de Víctor Frankl es su fe infinita en las capacidades del ser humano, basada en el espíritu (personal, irrepetible y distintivo de cada cual) que nos permite cambiar nuestra actitud frente a lo inalterable, emanante de la libertad personal más profunda, alejada de toda resignación. Así, es en nuestra propia vida singular en donde reside la base de nuestra existencia, lo que equivale a decir que en todas las personas hay una fuerza interior que nos capacita para superar las adversidades.

Y no se trata de una teoría más sino de una realidad verificada por las investigaciones más actuales sobre los traumatismos (violación, duelos, catástrofes naturales…) que han hallado en las personas traumatizadas una fuerza de autosanación, llamada «recurso» o «resiliencia», que nace del propio sufrimiento, y que hace que la felicidad sea posible en cualquier momento, si vivimos desde el amor y afrontamos la realidad, pues con cada bocado de realidad, tomamos otro de eternidad, y más aún si lo aderezamos con un buen sentido del humor.

Una de las mejores frases de Víctor Frankl y su filosofía de la logoterapia es que “se puede retirar todo al hombre salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la de su actitud personal frente a las circunstancias, a fin de elegir su propio camino”.