viernes, 20 de diciembre de 2019

Luces de Navidad. Alumbrado navideño de las calles



 Iluminados   


Luis Negro Marco / Historiador y periodista

Hace ya algunos días que en la mayoría de grandes ciudades de España, los alcaldes de las mismas han declarado oficialmente inaugurado el alumbrado navideño de las calles. Luminarias resplandecientes que de tan hermosas, numerosas y deslumbrantes, en algún caso (para que no se pueda decir que sus adornos de Navidad tienen pocas luces) han llevado a algún edil a proclamar que la suya “is the most beautiful city in the world”, así, en inglés, que para eso es el idioma de la globalización; quizás por si a los astronautas de la Estación Espacial Internacional les pudiera caber alguna duda de qué ciudad española sería aquella en la que acababan de ver aparecer la estrella de Belén.

Sin embargo, las luces de Navidad, que tan felices ahora nos hacen, habrían sido impensables en la España del XIX, en cuyos primeros años de siglo las escasas farolas que proyectaban su luz sobre algunos de los escasos y privilegiados adoquinados públicos (no en todas las calles se podía mandar a alguien “a tomar viento a la farola”) lo hacían alimentando su llama a través de lámparas de aceite o petróleo. Ya en el año 1832, se instalaron en Madrid las farolas de estilo fernandino (referido –en este caso– al arte aplicado al mobiliario urbano que se desarrolló en España durante el reinado de Fernando VII: 1814-1833), y su  moda se extendería poco después a otras ciudades de España. De hecho, las farolas que actualmente engalanan y dan luz a algunas de las hermosas calles de Zaragoza –como es el caso de la calle Alfonso– son reproducciones de las farolas fernandinas del XIX, que devuelven en parte el luminoso arte modernista que durante las primeras décadas del siglo XX embelleció de art decó el paisaje urbano de la capital aragonesa.

Pero volviendo al alumbrado público, no sería hasta el mes de septiembre de 1834 (siendo la
Dibujo de GREGOR, ilustrando este artículo en
El Periódico de Aragón; edición del
día 20 de diciembre de 2019
reina Isabel II todavía una niña de tan solo 4 años de edad) cuando, mediante un real decreto, se ordenó que en todas las capitales de provincia de España donde todavía no los hubiera, habrían de establecerse el servicio de serenos y el de alumbrado nocturno, ya que así correspondía a las miras ilustradas (pues por algo el anterior siglo de la Ilustración había sido el de las luces) de su Majestad. Para entonces las farolas de las calles de Madrid ya eran muchas (de manera que a partir de entonces el despectivo término “abrazafarolas” tuvo ya vía libre para su invención) y eran de gas; pero de iluminación tan lánguida y deficiente, que proyectaban más sombras que luces sobre el suelo, haciendo dudar a los transeúntes –como a Don Quijote­–  de si el bulto que veían aproximarse en la oscuridad correspondía a un ser real o a un fantasma; de donde se generó la expresión “hacer luz de gas”, en referencia a la actitud consciente de una persona para generar una percepción engañosa de la realidad en otra.

Por otra parte, la asociación de los serenos con el servicio de alumbrado público en el real decreto, no se debía a algo casual, y de hecho, en 1840 quedaron unificadas en España las funciones de sereno y farolero (que no cualquiera para ello servía, de ahí la expresión “no te metas farolero”), siendo los serenos responsables de la conservación, limpieza y uso de las farolas públicas.

Posteriormente, en 1847, un nuevo decreto dejaba oficialmente regulados todos los demás cometidos de los serenos. En él se establecía que habrían de llevar de noche el uniforme reglamentario, portando con ellos “un chuzo o lanzón, un pito y un farol encendido”. Fueron además los serenos adelantados hombres y mujeres del tiempo de nuestros días, ya que entre otras tareas, debían anunciar en voz alta la hora, por lo menos cada cuarto, y el estado de la atmosfera. De ahí que –al menos hasta no hace muchos años– fuera corriente la expresión coloquial de (por ejemplo) “las 12 en punto y [tiempo] sereno” como respuesta a la pregunta de ¿qué hora es?

El oficio de sereno (quienes llegada la Navidad solían distribuir por las casas tarjetas de felicitación para pedir aguinaldo) desapareció en España a finales de de setenta. Pero afortunadamente nos han quedado las bombillas, el chocolate caliente y los churros. Qué bonita tríada para nuestros atribulados días, felizmente serenados a través del benéfico espíritu invernal de la Navidad.

Y así seguimos, iluminados por la breve pero reconfortante luz del solsticio de  invierno que se avecina, en que se vuelve a proclamar el triunfo del sol sobre las tinieblas y el  nacimiento de la Humanidad hacia un renovado encuentro con la vida. Mientras tanto, en muchos lugares del mundo, multitud de niñas y niños se siguen conformando con la luz tenue de una farola, a orillas de un paseo marítimo, o en una céntrica plaza de su pueblo o ciudad, bajo cuya iluminación poder estudiar  en un ajado libro, o hacer los deberes de mates, a lápiz y sobre un gastado cuaderno, para la clase del día siguiente en el cole.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Trinidad Morgades Besari (1931-2019), escritoria e intelectual ecuatoguineana, Académica correspondiente de la RAE y Académica de número de la AEGLE

Trinidad Morgades Besari
 in memoriam

Luis Negro Marco

Trinidad Morgades Besari (Malabo, 1931-2019)
El 10 de octubre de 2019 fallecía, a los 88 años de edad, en su casa de Malabo, la profesora de universidad y escritora Trinidad Morgades Besari, gran referente del  mundo universitario y  de la cultura en Guinea Ecuatorial. La escritora había nacido en Santa Isabel (Malabo), el 21 de abril de 1931, coincidiendo –prácticamente– su nacimiento con el del advenimiento en España (acaeció el 14 de abril) de la Segunda República.

En 1958 se convirtió en la primera mujer ecuatoguineana en obtener un título universitario al lograr su licenciatura en Filología en la Universidad de Barcelona. En 1965 contrajo matrimonio con el embajador Samuel Ebuka Besebo (fallecido el 13 de julio de 2014) fruto de cuya unión nació su hijo Samuel.

En 1966, Trinidad Morgades consolidaba sus honores académicos y conseguía el título de catedrática de inglés. Mérito muy loable para aquellos tiempos, máxime si tenemos en cuenta que en España no fue hasta el año 1953 cuando una mujer accedió por vez primera a una cátedra universitaria por oposición.

Revista «África 2000», nº 14; año 1991. 
Publicación editada por el «Centro Cultural 
Hispano Guineano» en la que Trinidad Morgades 
publicó su original adaptación teatral 
africana «Antífona», de Sófocles.
Después de la independencia de Guinea Ecuatorial (12 de octubre de 1968), Trinidad Morgades fue designada primera secretaria de la Embajada de Guinea Ecuatorial en Nigeria y posteriormente agregada cultural en Etiopía. Dos años después de su regreso a Malabo, en 1986, fue nombrada secretaria general del CICTE («Consejo de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Guinea Ecuatorial») y en 1992 gestionó, en calidad de directora, la Escuela Nacional de Agricultura, Pesca y Forestal.

En trayectoria siempre ascendente, de acuerdo a su valía, brillante formación y capacidad intelectual, en el año 2000 se convirtió en la directora del periódico «El Correo Guineoecuatoriano» y tres años después pasó a ser presidenta de ASOPGE, la «Asociación de Periodistas de Guinea Ecuatorial».

Portada de la Revista "La Gaceta de Guinea
Ecuatorial"
, correspondiente al mes de
noviembre de 2019, donde ha sido publicado
este artículo.
http://www.lagacetadeguinea.com/single-post/2019/12/16 /
Trinidad-Morgades-Besari-in-memoriam
Así mismo, en concordancia a su gran trayectoria académica, centrada en el estudio de los idiomas, en 2004 Trinidad Morgades participó en el «III Congreso Internacional de la Lengua Española» (CILE) –que desde 1997 organizan conjuntamente la «Real Academia Española» y el «Instituto Cervantes»– el cual se celebró en la ciudad argentina de Rosario. Marco de encuentro en el que presentó  un profundo e interesante estudio: «El español en Guinea Ecuatorial», con el que Trinidad Morgades afirmaba “la presencia de la lengua española en Guinea Ecuatorial; lengua que ha resistido los embates de los cambios que han tenido lugar en Guinea Ecuatorial y sigue siendo nuestra primera Lengua oficial”. Y en reconocimiento a la calidad de este gran estudio, en el año 2009 fue elegida Académica Correspondiente de la «Real Academia Española» (RAE).

Siempre preocupada por el fomento de la educación y de la cultura, sobre todo entre la
juventud, trabajó incansablemente en la creación de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE), cuyo magistral proyectó se materializó en 2005, pasando a ocupar Trinidad Morgades el cargo de vicerrectora. 
Portada del libro «Introducción al pidgin de 
Guinea Ecuatorial», escrito por Trinidad Morgades 
en 2016. La portada reproduce un grabado inglés 
de finales del siglo XIX representando al 
explorador francés Brazza, en la región del Congo,
 dirigiéndose a un grupo de personas, en una aldea.

Su valiosa contribución al estudio y conservación del idioma español (Guinea Ecuatorial es el único país africano de habla hispana) le llevaron a formar parte, en 2013, del equipo pionero e impulsor de la «Academia Ecuatoguineana de la Lengua Española» (AEGLE) –cuyos Estatutos fueron aprobados por la RAE en 2015–, de la que fue nombrada Académica de Número y Bibliotecaria, cargos que desempeñó hasta pocos meses antes de su fallecimiento.

Entre sus obras destacan la adaptación africana de “Antígona» (obra trágica de Sófocles, poeta griego del siglo V antes de Cristo), que Trinidad Morgades publicó en 1991 en «África 2000», la revista que había fundado el escritor Donato Ndongo Bidyogo y editaba el «Centro Cultural Hispano–Guineano». En «Antígona» la escritora transforma la tragedia en un drama con final esperanzador, en el que los coros clásicos griegos se funden en danzas tradicionales africanas de gran colorido y dramatismo. La obra fue representada en 2009 en los teatros de Mahón y Ciudadela (ciudades de la isla española de Menorca) por la compañía de teatro de Malabo «Bocamandja», con la dirección de Silebo Boturu. Esta obra de Trinidad Morgades tuvo una favorable crítica a nivel internacional, y a ella –entre otros muchos– dedicó un interesante estudio («La africanización de Antígona» publicado en 2014, en la Revista Ibero Americana) la hispanista María Zalduondo,  profesora de la  estadounidense Universidad de Bluefield College, del Estado de Virginia.

Así mismo, en 2016 Trinidad Morgades sacó a la luz un brillante trabajo de investigación: su libro “El pidgin de Guinea Ecuatorial», publicado por la editorial Aralia XXI. Una obra que profundiza en las características de esta lengua, de raíces mezcla del inglés y lenguas autóctonas, en Guinea Ecuatorial; y en la que además trata sobre las posibilidades del pidgin
como vehículo de comunicación entre comunidades con lenguas diferentes. Las páginas de este interesante libro  incluyen también un estudio sobre la diversidad de lenguas pidgins y criollas habladas en las costas africanas, y que en opinión de Trinidad Morgades, al ser tan diferentes de sus lenguas raíces, no deberían considerarse como dialectos de ellas, sino como idiomas diferenciados.
Trinidad Morgades Besari. Fue Académica
Correspondiente de la Real Academia Española (RAE)
 y Académica de Número y Bibliotecaria de la Asociación
Guineoecuatoriana de la Lengua Española (AEGLE)

Los actos fúnebres en memoria de Trinidad Morgades Besari tuvieron lugar el 19 de octubre, en la catedral de Malabo, y contaron con la presencia del Presidente de la República y de su esposa. Durante la ceremonia religiosa se pronunciaron emotivas palabras de condolencia, recuerdo y reconocimiento a la gran intelectual guineoecuatoriana; entre ellas, la del Embajador de España, Guillermo López Mac-Lellan; del Presidente de la CICTE, Anacleto Oló Mibuy; del Rector de la UNGE, Filiberto Ntutumu, institución que ha impuesto a la que fuera su vicerrectora la medalla de oro, a título póstumo; y del Presidente  de la AEGLE, Agustín Nze Nfumu, así mismo Presidente del Consejo de Administración de La «Gaceta de Guinea Ecuatorial», en cuya publicación colaboró Trinidad Morgades Besari con numerosos y magníficos artículos que quedarán para siempre, como su brillante trayectoria profesional y vital, en las cimas del acervo cultural de su nación, Guinea Ecuatorial.   


lunes, 2 de diciembre de 2019

Día del maestro 2019, en conmemoración de San José de Calasanz




Luis Negro Marco 

El día del maestro, cuya celebración tiene raíces netamente aragonesas, pues une al patrón de la profesión (así mismo fundador de la Orden religiosa de las Escuelas Pías y precursor de la pedagogía moderna), el oscense San José de Calasanz [Peralta de la Sal, 1557 – Roma, 1648] con uno de los alumnos más ilustres de las Escuelas Pías: el zaragozano Francisco de Goya [Fuendetodos, 1746 – Burdeos, 1828] precursor a su vez del surrealismo y del arte moderno. El genial pintor dejó testimonio de su admiración hacia la gran obra educativa desarrollada por su paisano –Calasanz fue el creador, en 1597, de la primera escuela popular y gratuita–, en “La última comunión de San José de Calasanz”; cuadro que Goya pintó en 1819 –cumpliéndose ahora el segundo centenario de su realización– el cual constituye una de las grandes obras maestras de la pintura religiosa de todos los tiempos.

Dibujo de POSTIGO, ilustrando este artículo,
publicado en
EL PERIÓDICO DE ARAGÓN en
su edición del 27 de noviembre de 2019
El reconocimiento mundial a la figura del maestro aragonés se patentizó en 1949, año en que España fue sede del “I Congreso  Internacional de Pedagogía” (celebrado en Santander, entre los días 19 y 26 de julio de aquel año) en conmemoración del tercer centenario de la muerte del santo de Peralta de la Sal. Fruto de aquel Congreso (organizado precisamente por el “Instituto San José de Calasanz” de Pedagogía, adscrito al CSIC) surgió la “Sociedad Internacional de Estudios e Investigaciones Pedagógicas”, de la que fue cofundadora la profesora Ángeles Galino Carrillo (1915-2014) quien en diciembre de 1953 se convirtió en la primera mujer española que lograba una cátedra universitaria (la de Historia de la Pedagogía, en la universidad de Madrid) por oposición.

Contrariamente a las teorías constructivistas, el maestro se configura como agente principal e indispensable de la acción educativa. Quizás por ello, “Los docentes primero: excelencia y prestigio en el Área de Educación en Europa” ha sido el lema que ha presidido la Segunda Cumbre Europea de Educación que, organizada por la Comisión Europea, se celebró en Bruselas el pasado 26 de septiembre. Allí se debatieron cuestiones importantes, tales como los vertiginosos cambios que se producen en la sociedad de nuestros días y a los que tienen que ser sensibles los maestros en su labor docente; pero también sobre el grado de reconocimiento social a su labor educativa; sobre el apoyo que reciben los maestros por parte de las administraciones del Estado de las que dependen; y también sobre su  función social, más alla de la escuela, como agentes dinamizadores y orientadores de la juventud hacia el nuevo y constantemente cambiante mercado laboral.  

Y es que la profesión de maestro exige un contacto permanente con la realidad, marcada en nuestros días por la aceleración tecnológica, anunciadora a su vez de una próxima “robolución” sustentada en la inteligencia artificial. Un futuro ya anticipado por el Foro Económico Mundial, en cuya Cumbre de Davos (Suiza) del pasado año anunciaba que, posiblemente, más de la mitad de los escolares de hoy desempeñarán en el día de mañana oficios todavía no inventados. ¿Y cuál ha de ser el papel del maestro en tan complejo escenario?

Quizás la respuesta se halle en el axioma de que si todo cambia es porque la esencia de las cosas es siempre la misma, de manera que bien podría afirmarse que existe también una esencia común en todo hecho educativo independientemente del momento o de la época en que tiene lugar.  Porque a partir de Calasanz, la escuela quedó establecida como una institución universal (ut omnes salvos essent – “para beneficio de todos”) universalmente reconocida y plenamente inmersa en la realidad poliédrica que ha caracterizado a cada período de la Historia, incluido nuestro tiempo actual. De manera que, ante la paradoja de un mundo digitalmente evolucionado y humanamente estancado, la escuela y los maestros se configuran como baluarte de la armonización social, a través de la educación, de la promoción de valores democráticamente solidarios y de la creación de puentes de comunicación entre personas pertenecientes a culturas diferentes.

Exactamente lo mismo que fueron las escuelas creadas por Calasanz, abiertas para todos los niños, sin distinción, y en consonancia con los avances de la razón y de las ciencias de su tiempo. Y en reconocimiento a su obra pedagógica universal,  Pío XII declaró a Calasanz patrón de las escuelas cristianas en 1948, y como patrón lo celebran también a día de hoy los maestros de numerosas naciones del mundo. Un reconocimiento que sus paisanos todavía le debemos, pues Zaragoza sigue sin contar con un monumento al aragonés que fundó la escuela popular.




martes, 13 de agosto de 2019

Agosto recibe su nombre del emperador Augusto, al igual que Julio de Julio César

                              https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/mes-augusto_1379568.html
El mes de Augusto

Luis Negro Marco 

También popularmente conocido en España como el de “cerrado por vacaciones”, nuestro mes de agosto, el octavo del año (palabra que proviene de la latina «annulus» –anillo– aludiendo así al perpetuo y circular ciclo del tiempo) fue el sexto del cómputo anual romano, que comenzaba en el mes de marzo; de ahí que recibiera el nombre de «mensis sextilis» –sexto mes– hasta que, en el año 8 antes de Cristo, el emperador Augusto (63 a.C. – 14 d.C.) le dio su propio nombre (del mismo modo que en el año 44 a.C. «Quintilis» recibió el nombre de «Julius» –nuestro mes de julio– en honor de Julio César, padre de Augusto), a fin de que sirviera de recordatorio de los numerosos y felices acontecimientos que, bajo el reinado del emperador César Augusto (de cuyo nombre proviene el de Zaragoza) sucedieron en aquel más que bimilenario e histórico mes de verano.

Y si el imparable cambio climático, que de un tiempo a esta parte nos afecta, está elevando
las temperaturas, alargando las calores más allá del estío, hasta hace tan solo unas décadas no fue así, y si no, ahí está el cada vez más desfasado refrán: “En agosto, frío en el rostro”. También fue el mes de las cosechas (que ahora se adelantan incluso hasta finales de junio), y por tanto tiempo de bonanza, hasta el punto de que la expresión “hacer el agosto” o “el agostillo” equivalía a hacer un buen negocio o lograr buenos ingresos económicos debido a unas favorables circunstancias.
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  -Augusto de Prima Porta.- 
         Museo Vaticano-
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Era también el mes de los «agosteros», los mozos que se desplazaban desde otros pueblos o regiones (por ejemplo, los que iban desde Galicia –donde no hay apenas cereal– a Castilla) en busca de un jornal, ayudando a los segadores, tirando de hoz, dalla y zoqueta de madera para proteger los dedos de la mano de indeseables cortes.  Pero también había otro tipo de «agosteros»: eran los frailes que enviaban las Órdenes religiosas durante el mes de agosto para recoger por los pueblo las limosnas del trigo y otros granos.

Y de agosto, deriva la polisémica palabra «agostar», aplicada al campo, cuando el excesivo calor hacía que secaran o abrasaran los sembrados y se marchitaran las flores. Y por derivación, el verbo «agostarse» hacía referencia a la actitud que tomaba una persona cuando veía desvanecida su dicha o sus esperanzas. Pero también se producía la acción de «agostar» cuando los pastores llevaban a los ganados a pastar en los rastrojos que quedaban en las piezas una vez cosechada la mies; y allí pasaban el día, hasta que por la noche las ovejas eran conducidas a los «agostaderos», es decir, a los apriscos de verano, muy próximos a los campos de rastrojeras.  Y por último también era “agostar” el labrar la tierra durante el mes de agosto.

Y como en la fábula de Esopo sobre la cigarra y la hormiga, quien solo disfrutaba del calor, rehuía de trabajar de sol a sol y vivir de la agostera siega ajena, recibía el nada ennoblecedor nombre de «agostador», es decir la persona que disipaba los bienes ajenos, despilfarraba o malgastaba la hacienda de otros.

Y finalmente, también es agosto el que precede a septiembre, el tradicional mes de la vendimia (si bien las calores tan altas de este año ya han provocado que en algunos lugares de Andalucía la vendimia se haya adelantado a agosto), y así ambos meses van hermanados en este didáctico refrán: “Agosto y vendimia no es cada día y sí cada año; unos con ganancia, y otros con daño”. Y como prueba, las temibles y agostadoras tormentas con granizo tan habituales en verano, para cuya prevención se encendían estufas en los cabezos alimentadas con carbón vegetal, en la esperanza de que el humo disipara las amenazadoras nubes negras. Y también se lanzaban contra ellas grandes cohetes, pues se creía que la explosión podría disolver sus cristales de nieve.

Así mismo es agosto el mes más festivo del año. Y por cierto también en la antigua Roma existieron unas importantes fiestas llamadas «Augustales», creadas en el año 19 a.C. para celebrar el victorioso regreso de Oriente del emperador Cesar Augusto, las cuales se celebraban entre el 5 y el 12 de octubre. Finalizaban, pues, el día del Pilar; y es que hasta en eso se nota a día de hoy que Zaragoza es una maravillosa y hermosa ciudad Augusta.

viernes, 9 de agosto de 2019

Armstrong, 21 de julio de 1969, el primer hombre que caminó sobre la luna

Neil Armstrong, fotografiado el 21 de julio de 1969 por su compañero,  Buzz Aldrin, sobre la superficie lunar, / NASA 

Luis Negro Marco

Pocas horas después de que Neil Armstrong pisara la luna (eran casi las cuatro de la madrugada en España del día 21 de julio de 1969) tengo grabado el haber visto en televisión al corresponsal de TVE en Nueva York, Jesús Hermida, retransmitiendo la noticia. El periodista representaba ya para mí, entonces un niño de apenas seis años de edad, toda una atractiva modernidad, con su peculiar flequillo y particular manera de comunicar. Pero lo que verdaderamente me gustó de la histórica noticia de la llegada del hombre a la luna fue la canción con que el equipo de realización de aquel telediario acompañó las imágenes de los astronautas. Era la canción “Cuéntame” que el grupo madrileño Fórmula V había lanzado a comienzos de aquel verano, alcanzando un éxito estelar. Una feliz selección musical por cuanto el presentador del informativo que emitía desde los estudios de Prado del Rey en Madrid ( TVE era la única cadena de televisión existente entonces en España y con un solo canal de emisión) hacía un paralelismo entre la letra de la canción: “Cuéntame cómo te ha ido en tu viajar / Háblame de lo que has encontrado en tu largo caminar…” con el viaje de 768.800 kilómetros (ida y vuelta) que, de la Tierra a la luna, habían realizado los astronautas integrantes del Apolo 11: Michael Collins, Buzz Aldrin, y Neil Armstrong. Este último, el primer ser humano en manchar sus botas de anortosita, el polvo lunar que cubre la  práctica totalidad de la superficie de nuestro satélite, y que al igual que el hielo flota en el agua, flotó hace más de 3.800 millones de años sobre el inmenso océano de magma que en sus inicios fue la luna.

Porque la teoría actualmente más aceptada es que nuestro satélite, como en la canción del programa infantil “Un globo, dos globos, tres globos”, pudo haber sido “un globo que se escapó” de nuestro planeta, cuya formación, al igual que el de nuestro sistema solar tuvo lugar hace 4.500 millones de años. En sus orígenes la Tierra habría tenido un tamaño mucho mayor al actual, hasta que poco tiempo después de su nacimiento, otro planeta –quizás de un tamaño similar al de Marte- chocó contra él, desgajándose de la suya una gigantesca masa de magma que salió despedida a decenas de miles de kilómetros. Aquel magma de rocas incandescentes adquirió la misma esfericidad que la Tierra, y quedó orbitando en torno a ella. Y a pesar de ser un matrimonio bien avenido, –pues la luna es esencial para la existencia de vida en la Tierra, y causante de las mareas en los mares– nuestro satélite se aleja de nosotros unos 4 centímetros por año.

Entre las anécdotas de la primera misión que llevó al hombre a la luna, se encuentra la de que Buzz Aldrin (el segundo de los astronautas que dejó su huella en suelo lunar) fue la primera y única persona que, como fervoroso y convencido cristiano, celebró una ceremonia religiosa y comulgó en la luna. Así mismo, la misión Apolo 11 dio pábulo a delirantes teorías por parte de los lunáticos convencidos de la existencia de seres que habitaban en  la luna. Y todo, a raíz de una grabación en la que Armstrong, ya con los pies en la luna, exclama asustado: “¡Oh no, Dios mío, ya están aquí otra vez!”. Pero no se refería al avistamiento de presuntos selenitas sino a algo mucho más humano: a los gases intestinales que desde hacía algunas horas le mortificaban, y a punto estuvieron de provocarle la primera diarrea del hombre en la luna. De manera que esas palabras iban dirigidas al médico de la misión en Houston, quien indicó a Armstrong las pastillas adecuadas que debía tomar, evitando así  que entrara, por segunda vez, en el Libro Guinness de los Records.

martes, 23 de julio de 2019

Víctor Frankl (1905-1997) superviviente de los campos de concentración nazis y fundador de la Logoterapia

El hombre en busca de sentido

Luis Negro Marco

“El sentido de la vida” es el título de una buena y divertida película de los ingleses Monty Python (autores a su vez de “La vida de Bryan”) que se estrenó en el ya lejano 1983, y que sin embargo goza de una siempre jovial y renovada actualidad. Hecho que, seguramente, se debe a que “El sentido de la vida” se lanza al abordaje, con inteligentes dosis de humor, de la formulación de una pregunta a la que todas las personas –sin excepción– estamos obligadas a dar una respuesta: ¿cuál queremos que sea nuestra misión en la vida? La cuestión nos aboca a la gélida soledad (solos nacemos y solos morimos) de tener que elegir libre y racionalmente cuál queremos que sea nuestro destino y cuál el  fin (la meta que nos proponemos alcanzar) que dote de sentido a nuestra existencia.

Varios años antes de que los Python estrenaran su película sobre el sentido de la vida, un psiquiatra y
Dibujo de GREGOR, acompañando el presente artículo,
publicado el 16 de julio de 2019 en
 EL PERIÓDICO DE ARAGÓN
filósofo de origen judío, –nacido en Viena en 1905– además de llegar a ser un reconocido profesor universitario a escala mundial (en los campos de la neurología y de la psiquiatría), también fue entre 1942 y 1945 “superviviente de cuatro campos –de concentración nazis– se entiende [los de Theresiendstadt, Auschwitz, Kaufering y Türkheim, estos dos últimos dependientes del macrocampo de exterminio de Dachau, que los nazis levantaron a tan solo 13 kilómetros de la ciudad alemana de Munich]. Y como tal superviviente quiero testimoniar el incalculable poder del hombre para desafiar y luchar contra las peores circunstancias que quepa imaginar”. Las frases que van en el entrecomillado son del propio superviviente de aquellos campos de la muerte, el psiquiatra Víctor Frankl (fallecido en Viena el 2 de septiembre de 1997), cuya traumática experiencia de tres años vividos bajo la tortura, la degradación humana y el horror (sus padres y su mujer fueron asesinados en las cámaras de gas) le llevó al descubrimiento de la logoterapia. Sucintamente, vendría a ser un tipo de psicoterapia a partir del logos (palabra griega que equivale a
«sentido», «significado» o «propósito») centrada en el sentido de la existencia humana y  en la búsqueda, por parte de cada persona, de los valores que dan sentido a su propia vida. No se trata en la logoterapia de la freudiana búsqueda del placer, ni tampoco del poder, sino de la búsqueda de sentido. De ahí el título de su libro, publicado por vez primera en 1959, «El hombre en busca de sentido», declarado como uno de los diez libros de mayor influencia en América.

Y para ejemplificar cuál es el sentido de la logoterapia, nada mejor que la vida del propio Víctor Frankl, quien disponiendo de un visado de la Alemania nazi para viajar a los Estados Unidos, pudiendo así huir de las deportaciones, decidió quedarse junto a sus padres ya ancianos (a quienes los nazis les habían denegado la preceptiva documentación para viajar al exterior), y unas semanas después, por su condición de judíos, la familia fue deportada al completo al campo de Auschwitz.

La grandeza de la filosofía de Víctor Frankl es su fe infinita en las capacidades del ser humano, basada en el espíritu (personal, irrepetible y distintivo de cada cual) que nos permite cambiar nuestra actitud frente a lo inalterable, emanante de la libertad personal más profunda, alejada de toda resignación. Así, es en nuestra propia vida singular en donde reside la base de nuestra existencia, lo que equivale a decir que en todas las personas hay una fuerza interior que nos capacita para superar las adversidades.

Y no se trata de una teoría más sino de una realidad verificada por las investigaciones más actuales sobre los traumatismos (violación, duelos, catástrofes naturales…) que han hallado en las personas traumatizadas una fuerza de autosanación, llamada «recurso» o «resiliencia», que nace del propio sufrimiento, y que hace que la felicidad sea posible en cualquier momento, si vivimos desde el amor y afrontamos la realidad, pues con cada bocado de realidad, tomamos otro de eternidad, y más aún si lo aderezamos con un buen sentido del humor.

Una de las mejores frases de Víctor Frankl y su filosofía de la logoterapia es que “se puede retirar todo al hombre salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la de su actitud personal frente a las circunstancias, a fin de elegir su propio camino”.



martes, 2 de julio de 2019

30 de junio, día de la Amistad Hispano-Filipina

Los irreductibles de Baler
En su memoria, el 30 de junio es el día de la Amistad Hispano-Filipina

Luis Negro Marco / Historiador y periodista

España mantuvo presencia en el archipiélago de las Filipinas (integrado por más de 7.000 islas) desde 1565 hasta 1898. Una huella aún visible en la lengua tagala               –mayoritariamente hablada en la nación– que incorpora cientos de palabras españolas y que contiene otras muchas de origen hispano. Y lo mismo ocurre con la mayoritaria religión católica del país, llevada a aquel puzle de islas esparcidas sobre el Pacífico, en el sudeste asiático, por misioneros españoles. De entre ellos destacó un aragonés: el sacerdote escolapio Basilio Sancho Hernando (1728-1787), natural de la localidad turolense de Villanueva del Rebollar, y que en 1766 –durante el reinado de Carlos III–  fue nombrado arzobispo de Manila, en donde falleció en el ejercicio de su apostolado. 

Pero como ocurriera en Cuba y Puerto Rico, durante el último decenio del siglo XIX,  también al
cartel anunciador de la exposición sobre los héroes de
 Baler que se puede ver en el Museo del Ejército de Toledo
 que se puede contemplar hasta el 30 de junio de 2019.
archipiélago de las Filipinas llegaron los vientos de la independencia. Estados Unidos, entonces bajo la presidencia de William McKinley, al igual que había hecho en Cuba, apoyó la insurrección filipina pensando en la expansión de su mercado y en la ruptura de aranceles que, para su comercio exterior, supondría la independencia de las posesiones españolas de ultramar. De este modo, España hubo de combatir a miles de kilómetros de la metrópoli y en dos frentes distintos e igualmente alejados uno del otro, ante una potencia muy superior en cuanto a medios, fuerzas y armamento. Llegó así el 10 de diciembre de 1898 en que se firmó el Tratado de París, por el que España perdía Cuba y Puerto Rico y cedía a los Estados Unidos el archipiélago filipino mediante el pago de la suma de 20 millones de dólares. Comenzaba el período histórico de “La España del Desastre”, que a su vez alumbró a una brillante generación de escritores conocida como “La generación del 98”.

De manera que, firmada la paz, España había rendido todas sus plazas en Filipinas ¿Todas? No. En la iglesia de San Luis de Tolosa, en el poblado de Baler (situado en la isla de Luzón), un grupo de 50 irreductibles soldados españoles (entre ellos, los aragoneses Santos González Roncal, de Mallén –Zaragoza– y Marcos Mateo Conesa, de Tronchón –Teruel–) pertenecientes al batallón de cazadores expedicionario nº2, resisten desde el 1 de julio de 1898 los ataques de las tropas filipinas del general Aguinaldo. Ignoran que este jefe había proclamado la independencia de Filipinas el 12 de junio anterior, y aún habrían de resistir el asedio durante 337 días, hasta el 2 de junio de 1899. Y si finalmente depusieron la defensa fue tan solo después de que el jefe de los soldados españoles, el teniente Martín Cerezo, comprobara fehacientemente que hacía ya más de cinco meses que España había aceptado la independencia de la colonia.

No fueron sin embargo los de Baler “los últimos de Filipinas” (título homónimo de la película dirigida en 1945 por Antonio Fernández-Román, con un notable remake de Salvador Calvo en 2016), porque tras su capitulación y repatriación a España, el 1 de septiembre de 1899, aún quedaron cientos
Dibujo de HYDE, ilustrando este artículo, publicado en EL PERIÓDICO
DE ARAGÓN
el 28 de junio de 2019
de prisioneros españoles en manos de las tropas tagalas. Fue este el caso de Mariano Mediano, natural de la localidad oscense de Peralta de la Sal, que no regresaría a España hasta el 22 de febrero de 1900. En su memoria y la de sus compañeros de cautiverio, su bisnieto, el escritor Lorenzo Mediano escribió en 2001 un magnífico libro con el sugerente título de “Los olvidados de Filipinas”. Porque, como sucedió en 1975 con los derrotados veteranos de Vietnam que se granjearon el rechazo de buena parte de la población estadounidense, del mismo modo, ni el Gobierno ni la sociedad española de comienzos del siglo XX supieron reconocer que los soldados españoles (la mayoría de ellos jóvenes de leva) habían dado su vida por el bien de toda la nación, por lo que no recibieron ni los honores ni las recompensas de las que fueron merecedores. Peor aún, se ganaron el desprecio de buena parte de la opinión pública que los responsabilizó de la derrota.

Afortunadamente, el tiempo y la historia han restañado aquel olvido y honrado la memoria de aquellos soldados españoles a quienes la propia nación de Filipinas ha reconocido su valor y abnegación, declarando el 30 de junio como el Día de la Amistad Hispano-Filipina. La fecha no es casual, pues fue el día en que el presidente Aguinaldo emitió el decreto de Tarlac —en 1899—, en el que se ordenaba que los miembros del destacamento de Baler fueran considerados y tratados como amigos y no como prisioneros. Una lección de perdón y de reconciliación que es bueno recordar y tener presente de cara al futuro.