lunes, 13 de junio de 2022

 Guinea Ecuatorial, en el corazón

Basílica de la "Inmaculada Concepción" de Mongomo (Guinea Ecuatorial). Fotografía tomada el día de la inauguración de la Basílica (8 de diciembre de 2011). Foto: LUIS NEGRO MARCO

LUIS NEGRO MARCO


Eran las dos de la tarde del pasado domingo, 7 de marzo, cuando se produjo la primera de sucesivas explosiones en el acuartelamiento de la policía y del ejército, sito en el barrio de
Mondong Nkuantoma de Bata, capital del territorio continental de Guinea Ecuatorial.

Las primeras investigaciones aluden a que una quema de maleza realizada en las proximidades del acuartelamiento pudo haber provocado un aumento de calor en el interior de un depósito en el que se almacenaba munición, la cual acabó por detonar a causa de la elevada temperatura, provocando a su vez el estallido de otros polvorines cercanos.

En las distintas imágenes que ha ido mostrando la televisión de Guinea Ecuatorial queda patente la devastación que las deflagraciones y las sucesivas  ondas expansivas han provocado en la ciudad de Bata, así como el sobrecogedor sufrimiento de los familiares de las personas que han resultado muertas y heridas.

La ciudad de Bata cuenta con más de 250.000 habitantes y después de Malabo (situada en la isla de Bioko) es la segunda urbe más poblada de la antigua colonia española. Porque es preciso no olvidar que Guinea Ecuatorial llegó a ser una más de las provincias españoles y que alcanzó su independencia el 12 de octubre de 1968, es decir, el mismo día en el que en España –y muy especialmente en Zaragoza y Aragón– celebramos la doble fiesta del Pilar y de la Hispanidad.

Razón por la cual la catedral de Bata (de hermosa factura barroca neocolonial, finalizada en 1954) presenta en su altar mayor un magnífico retablo policromado con la imagen del Pilar, el puente de piedra, y el Ebro, y la del apóstol Santiago postrado ante la columna y la efigie de la Virgen, con la catedral de Compostela detrás. Porque Santiago es el patrón de Bata, día en que se inauguran las ferias que se prolongarán hasta finales de año, y en que las familias de la tribu Combe del puerto de Ngolo celebran su ancestral fiesta del Mekuyo.

Muchas veces he pensado que es una verdadera lástima y dice muy poco de nuestra propia identidad y autoestima, el que los españoles no seamos conscientes de la maravillosa rareza que supone el que una población muy similar a la de Aragón, justo en el ombligo de África, tenga al español como lengua oficial y vehicular. De este modo, Guinea Ecuatorial se configura como una quijotesca Isla Barataria del idioma español en medio de un abrumador océano de inglés y francés.

De hecho Guinea Ecuatorial cuenta desde 2013 con su propia Academia de la Lengua Española, adscrita a la ASALE (Asociaciones de Academias de la RAE), cuyo presidente es Agustín Nze, contando en su haber con una larga lista de magníficos periodistas y escritores (hombres y mujeres) con una marcado estilo propio tanto en la prosa como en la poesía y el teatro. Por recordar tan solo algunos, citaremos a Donato Ndongo, Guillermina Mekuy, Trinidad Morgades, o Maximliano Nkogo.

Y en cuanto a la música, qué decir de una nación que se encuentra en el continente de la danza. El machacando es el ritmo por excelencia de Guinea Ecuatorial, y en cuanto a al canto, la lista de voces masculinas y femeninas, constituiría en sí una melódica polifonía que pondría a bailar hasta al alma más aburrida.

Uno de estos grupos lo tenemos precisamente aquí, en Aragón, y lo constituye un grupo de mujeres con varios discos en su haber, cuyas canciones son muy populares en Guinea Ecuatorial. Se llaman “Coro de mujeres de Zaragoza”, porque todas –o la mayoría de ellas– llegaron a la capital de Aragón hace años, donde constituyeron sus propias familias, ahora tan españolas y aragonesas como guineoecuatorianas.

Guinea Ecuatorial es pues el corazón español de África que late en el día a día de sus habitantes. Y esto no es tan solo una metáfora. Así, en la isla de Annobón numerosas familias llevan los apellidos Teruel, Zaragoza, Segorbe, Toledo… que tomaron de los lugares de procedencia de los primeros colonos españoles. Y, a pesar de la distancia y del tiempo transcurrido, siguen recordándonos con cariño y afecto.

Por eso insto desde estas líneas al Cabildo Metropolitano de la Basílica del Pilar, para que en el conjunto de las banderas que hay ante el camarín de la Virgen, representando a los países hispanos, se emplace también la ahora ausente bandera de Guinea Ecuatorial. En estos momentos de tanto sufrimiento para el país, sería mucho más que un simple acto simbólico. Supondría la expresión de amor y solidaridad necesarios hacia los hermanos españoles de África y la reparación de un injusto olvido a quienes tanto nos han dado y nos dan y ahora tanto precisan de nuestra ayuda. Pongamos a Guinea Ecuatorial en nuestro corazón.

domingo, 5 de abril de 2020

"Operación Balmis" contra el coronavirus

Ahora todos somos uno
Más que nunca tenemos que protegernos para proteger y en esta misión tenemos asegurada la victoria


24/03/2020

Existe un axioma según el cual cuanto más difíciles han sido los momentos en la historia de la Humanidad, mayores han sido también las muestras de ayuda desinteresada, altruismo y solidaridad de las personas. Por lo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el cariño y el amor son la gran e ineludible verdad sobre la que se sustenta la inigualable belleza de la naturaleza humana.

La actual situación de emergencia sanitaria que hay en España provocada por el coronavirus (covid-19) es una buena muestra de ello. Todos los días estamos viendo las grandes muestras de agradecimiento con las que la población española obsequia a todo el personal sanitario, así como las manifestaciones de reconocimiento que ofrenda a los transportistas y a todas las personas que, día a día, siguen trabajando en los supermercados y en el sector de la alimentación, asegurando de este modo que todos los hogares sigan igual de abastecidos que antes de la crisis. Con un especial recuerdo y apoyo a nuestros mayores y a cuantas personas están a su cuidado, dignificando unos y otros no solo su vida, sino también la del conjunto de la sociedad.

Sin embargo, y felizmente, no acaban aquí las manifestaciones de gratitud. Existen muchas más. Pero quiero centrarme ahora, especialmente, en un caso que considero de especial interés, puesto que proviene de la juventud, y particularmente, de la juventud aragonesa. Me refiero, en concreto, a una serie de emotivas cartas que, dirigidas a los militares españoles y escritas por jóvenes estudiantes de nuestra tierra, están siendo publicadas durante los últimos meses en EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, cuyo director es Nicolás Espada, dentro de su magnífico suplemento semanal El Periódico del estudiante que coordina la periodista Laura Rabanaque. Y lo más destacable: todas estas emotivas cartas finalizan con muestras de agradecimiento hacia los militares españoles y con la palabra «gracias».

Con gran atención las he ido leyendo, y en todas y cada una he podido constatar una claridad expositiva, una sensibilidad narrativa y tal profundidad de conocimientos de la cultura militar, que denotan en sus jóvenes autores (Carmen, Rocío, Jaime, Marta o Paola, entre otros) un sincero reconocimiento al valor y a la labor que desarrollan nuestras Fuerzas Armadas, así como un auténtico sentimiento de pertenencia a ellas, pues todos y cada uno de nosotros servimos al bien común de España.

Y en el caso de nuestros jóvenes, estamos hablando de una juventud que, a pesar de ser la gran ausente en los medios de comunicación (salvo meritorias excepciones, como en el caso de este periódico) demuestra un alto grado de formación y calidad humana. Ellos son la mejor prueba de que tenemos ante nosotros un futuro prometedor.

En sus entrañables Cartas a un militar, los jóvenes aragoneses, además de mostrar un reconocimiento a las Fuerzas Armadas, recuerdan también que gracias a su labor secular se lograron importantes avances en la ciencia y en la medicina.
De hecho, se debe a un militar aragonés, el comandante médico Fidel Pagés Miravé (1886-1923) la invención de la anestesia epidural que actualmente se aplica a muchas madres en el momento de dar a luz. Y del mismo modo, el médico militar navarro Nicasio Landa (1830-1891) fue el inventor, en 1865, de un mandil de socorro para el ágil transporte de heridos en combate hasta los hospitales de campaña, el cual –durante décadas– fue decisivo para que las vidas de muchos soldados fueran salvadas.

Soldados de la UME desplegados,con equipos de desinfección, en la Plaza de España de Zaragoza.- Foto Ángel de Castro / El Periódico de Aragón.- 23 de marzo de 2020
Asimismo, es relevante destacar el hecho de que el actual despliegue de nuestras Fuerzas Armadas, ordenado por el Gobierno de España para proteger el bienestar y la salud de toda la ciudadanía, lleve el nombre de Operación Balmis. Un reconocimiento al médico y cirujano militar español Francisco Xavier Balmis y Berenguer (1753-1819) quien desde 1803 y hasta 1806 –bajo los auspicios del rey de España Carlos IV– dirigió la Real expedición filantrópica de la vacuna contra la viruela a lo largo de la América hispana, Filipinas, Cantón, Macao y, de vuelta a España –completando con su llegada a nuestro país la vuelta al mundo– la isla inglesa de Santa Elena.

Una universal y pionera campaña de vacunación (considerada por la OMS como la primera misión internacional de carácter sanitario en el mundo) a la que también va intrínsecamente unido el nombre de la enfermera gallega Isabel Zendal Gómez (nacida en 1773, y cuya fecha de fallecimiento en Méjico se desconoce), así como los de los veintidós niños españoles que estuvieron a su cargo durante las innumerables travesías, portando las pústulas de la viruela en sus brazos (conocidos por ello como «los niños de la viruela») de la que se extraía la aguadilla de la vacuna para su eficaz aplicación.

Todo lo anteriormente expuesto evidencia que las Fuerzas Armadas no solo emanan de la sociedad sino que nacen con la vocación de estar a su servicio, procurar su bienestar y garantizar sus libertades y protección. Por todo lo cual, no es sino la manifestación de la más pura normalidad democrática el ver en las calles de nuestras ciudades y pueblos a los militares de la Legión, de la Infantería de Marina, y de la UME (la Unidad Militad de Emergencias, cuyo lema es precisamente Para servir) proporcionando tranquilidad y serenidad a la población, en estos momentos en que tanto se necesita.

Más que nunca, necesitamos protegernos para proteger y en esta inexcusable misión tenemos asegurada la victoria final, porque ahora todos somos uno, unidos por el cariño y el amor.


*Historiador y periodista

Ejército de España: Para servir a la sociedad


  Nuestro ejército  

En situaciones de crisis, es uno de los instrumentos de que dispone el Gobierno para hacerles frente

JAVIER FERNÁNDEZ
20/03/2020
La grave crisis sanitaria que estamos viviendo, pandemia según la OMS, nos tiene absorbidos de tal manera que se hace difícil tratar un tema que no sea ese. Yo, que intento ser prudente, no quisiera escribir sobre algo de lo que no sé casi nada, así que lo haré de un tema que tiene que ver con las decisiones que está tomando el Gobierno y con uno de los instrumentos de los que dispone para tratar de poner fin a la crisis. Tema del que, por razones obvias, sé algo.
En tiempos ordinarios se suelen escuchar frases del tenor: «Menos tanques y más escuelas». Una inmensa mayoría de ciudadanos la podría suscribir, pero en situaciones de crisis se pueden observar las cosas de distinta manera. Y el papel del ejército en nuestros días puede ser una de ellas. No puedo dejar de citar antecedentes históricos, como el larguísimo Gobierno del general Franco, para saber que en nuestro país no han sido muchas las simpatías a quienes hemos vestido el uniforme caqui.
Si hacemos un repaso, aunque sea somero, a los graves conflictos en el mundo, veremos que la lista es casi interminable. Guerras abiertas en Afganistán, Siria, Libia, Kurdistán y Yemen del Sur. Conflictos bélicos en Pakistán, India, Irak, Ucrania, Israel-Palestina. El eterno Líbano. La locura armamentística en Corea del Norte. Grupos armados en Indonesia y en buena parte de África. Desórdenes públicos de especial gravedad en Hong-Kong, Argelia, Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia. Lo de Venezuela. El narco en México. Bolsonaro incendiando el Amazonas. Y en algunas ocasiones, de conformidad con instituciones supraestatales, especialmente la ONU, nuestros militares tienen que actuar para tratar de paralizar, o minimizar, parte de estos conflictos (guerras abiertas muchas veces). Tal como informa la web del Ministerio de Defensa, España tiene activas 17 misiones internacionales o de mantenimiento de la paz: Eurofor Althea, Bosnia Herzegovina; Colombia; Sea Guardian, Mediterráneo; SNMG/SNMCMG, OTAN, Mediterráneo Oriental; Letonia; Turquía, OTAN; Irak; Afganistán; Líbano; EUTMRCA, UE, Centroáfrica; Mediterráneo Sur, UE, Libia; Apoyo Aéreo, Gabón; EUTM, UE, Mali; Seguridad marítima, África Occidental; Piratería en el mar, Somalia; EUTM, UE, Interior Somalia; Apoyo Aéreo, Malí-Senegal.
Si en vez de posar nuestra vista en la actualidad lo hiciésemos en el pasado (siglos XIX y XX), solo en España, veríamos que los conflictos en los que estuvimos involucrados eran otros: guerra contra los franceses (1808-1814): guerras carlistas (1833-1839; 1846-1849; 1872-1876): la guerra de África (1859); las guerras en Cuba (1874-1884; 1886-1888; 1898); cantonalismo (1873-1874); guerras coloniales en Centro y Sudamérica: (1811-1898); conflictos en el norte de África: (1906, 1909, 1921, 1925); guerra civil (1936-1939).
Regresando a la actualidad y exclusivamente a nuestro país, los primeros militares a los que hemos visto esta semana por nuestras calles son los de la UME, una unidad muy joven, ya que fue creada en el 2005 por el Gobierno presidido por José L. Rodríguez Zapatero. Su cuartel general está en Torrejón de Ardoz (Madrid) y tiene, además de Cuartel General, Transmisiones y Escuela de Formación, cinco batallones situados en esa misma localidad, el primero, y los demás en: Morón (Sevilla), Bétera (Valencia), Zaragoza y San Andrés de Rabanedo (León). Su actual jefe es el teniente general Luis Manuel Martínez Meijide, con fuerte vinculación personal y familiar zaragozana, que ha sustituido recientemente a Miguel Alcañiz Comas, aragonés de Maella. No creo necesario explicar las labores de esta unidad puesto que es conocida por todos y, me atrevo a decir, que alabada por una inmensa mayoría. España no es el primer país que crea unidades específicas para trabajar en labores de protección civil ya que Francia, Canadá o Japón también las tienen.
Pero la UME no es la única unidad militar que puede participar en acciones concretas dentro del estado de alarma decretado por el Gobierno. Además de las más evidentes de policía, controlando ciertos desplazamientos, podrían actuar en funciones de desinfección de zonas especialmente contaminadas e, incluso, montando hospitales de campaña en casos de extrema gravedad. Tampoco debemos olvidar la posibilidad de utilizar medios militares en convoyes de transporte si fuese preciso abastecer de determinados productos estratégicos. Por supuesto que todo el personal sanitario militar está ya colaborando en las funciones que el Gobierno ha determinado.
No creo que sea bueno tratar de establecer listados de quienes más están trabajando en esta crisis, pero podría ser útil que hiciésemos un esfuerzo para analizar, ahora que tenemos tanto tiempo recluidos en casa, temas que de ordinario no centran nuestra atención. Y el ejército es uno de estos, su necesidad y funciones, a diario y en casos extraordinarios, en España y fuera de nuestras fronteras. Por supuesto que yo también prefiero más escuelas que cañones, aunque un Estado precisa de muchas cosas a las que, a veces, no les vemos la necesidad, pero la tienen. Y a las pruebas me remito.
*Militar. Profesor universitario. Escritor

viernes, 21 de febrero de 2020

Tiempo de Carnaval

Carnaval, expresión de humano humor

Luis Negro Marco

A partir del jueves lardero (del latín lardum –tocino– y por lo tanto, todo lo que tiene que ver con la gastronomía del mondongo) retorna el alegre carnaval, embutido en multitud de personajes diferentes: en Luco de Jiloca, en forma de zarrapastrosos zarragones; en Bielsa, transfigurado en onso que acaba de despertar de su letargo invernal, acompañado de amontatos, trangas y madamas con sus joviales y vistosos vestidos blancos, adornados de cintas de color. Tiempo de chirigotas, metamorfosis, tránsito, disfraces, tiznados, caretos y mascaradas, a Épila llegan las mascarutas, como a San Juan de Plan el peirot y, al festivo son de las dulzainas, los galantes enmascarados gigantes a Zaragoza.

De manera que al igual que Isis (la de los mil nombres, diosa de la fertilidad para griegos y romanos)
Tranga y Madama, del Carnaval de Bielsa
Fot- Luis Negro
ocultando su rostro bajo un velo, el carnaval emboza su acreditada fama burlona bajo diferentes denominaciones: carnestolendas o carnevale, adiós a la carne, porque tras su finalización –el martes de carnaval, que antecede al miércoles de ceniza– llegan el ayuno y la abstinencia propios de la Cuaresma.

Así mismo, el carnaval es denominado entrudo en Portugal y entroido en Galicia, porque es la fiesta que da entrada a la Cuaresma; pero también podría ser el carnaval el carrrus navalis (la fascinante y majestuosa carroza en que los emperadores romanos celebraban con júbilo sus triunfos, al igual que los comandantes de la flota griega sus victorias navales) asociado a las gozosas celebraciones del Navigium Isides, en honor de Isis, y que en la antigua Grecia se celebraba el 5 de marzo coincidiendo con el inminente resurgir de la primavera y el comienzo de la navegación.

Carnaval de San Juan de Plan, 1990
Foto: Luis Negro
El escritor romano Apuleyo, que vivió en el siglo II de nuestra era, en su Metamorfosis (obra también conocida con el título de El asno de oro) nos aporta una descripción de aquella fiesta que bien podría parecernos hoy la crónica de un desfile de carnaval: grupos de hombres disfrazados de mujer, de gladiador, de magistrado, o de pescador, junto a mujeres ataviadas con vestidos blancos y adornadas con flores y espejos a sus espaldas, vertiendo perfume a los participantes. Incluso señala Apuleyo que entre el séquito también había una osa amaestrada vestida de matrona, portada por esclavos sobre una litera; completando el cortejo una multitud de músicos y jóvenes de ambos sexos ataviados con albos ropajes.

Y ya en tiempos más próximos destacan de entre las figuras del carnaval los zanni (de la palabra latina sannio, con el significado de bufón, burlón y escarnecedor) personajes de la carnavalesca comedia italiana, entre los que se encuentran Arlequín, Colombina, y el viejo avaro comerciante Pantalón, quien haciéndose a la mar carnavalera, llegó también a la burlesca pantomima anglosajona con el nombre de Pantaloon.

Máscara de Mekuyo Mamarracho,
Carnaval de la etnia Combe de
Guinea Ecuatorial. 
Foto: Luis Negro
Así mismo, desde mediados del siglo XVI se hizo muy popular en Francia el personaje de  Saint Pansard (o Pançar) así llamado en alusión a su pantagruélica panza, obtenida a base de zampar en los días de Carnaval, previos al miércoles de ceniza. Y ya a mediados del siglo XIX, en el Carnaval de París se introdujo al cervantino personaje de Sancho Panza, muy probablemente por su –en nombre y figura– con Saint Pansard semejanza.

En cualquier caso, parece evidente que (al igual que ahora el carnaval es sinónimo de sátira, buen humor, alegría y diversión) en los pueblos de la antigüedad los ritos asociados a la fecundidad, invocando a la vida que renace, estuvieron marcados por un tono de alegría (hilaritudo –hilaridad–, como lo definieron los autores clásicos) en sus manifestaciones religiosas, las cuales –a partir de la risa, el baile y el amor– constituían un armónico encuentro entre el medio ambiente y la naturaleza humana.

Así, a la luz de lo anterior, nos resulta más fácil comprender el hecho de que durante la Edad Media, llegado el domingo de Resurrección, fuera costumbre que los sacerdotes hicieran bromas (risus paschalis –risa de Pascua–) durante sus homilías, recordando de este modo que Jesús, burlándose del demonio, había resucitado. Y que, en definitiva, al igual que la inocente y pura de un niño que acaba de nacer, es la sonrisa de Dios la que nos otorga la vida y con ella el buen humor, la felicidad y la alegría de vivir.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Febrero, el mes de la purificación

La Candelaria y el mes de febrero

LUIS NEGRO MARCO
*historiador y periodista

El 2 de febrero es para los cristianos el día en que se conmemora la Presentación de Jesús en el templo de Jerusalén; una celebración que antiguamente también se conoció con el nombre griego de «Hypapante» (Encuentro), pero también como el de la Purificación de María, ahora comúnmente conocido como el día de la Candelaria. Sin embargo, las cuatro denominaciones constituyen un armónico todo. Y es que según la ley de Moisés, la mujer judía que daba a luz un  hijo varón quedaba impura durante 40 días  (80 si era una niña). De manera que al final de ese tiempo, debía presentar a su hijo en al templo y ofrecer un cordero como sacrificio de purificación.

Cumplido con el rito, y cuando la Virgen, el Niño y San José bajaban del templo, se encontraron con dos ancianos (de ahí el nombre de fiesta del Encuentro), llamados Ana y Simeón. Este último, cogió a Jesús en sus brazos y dijo que ya podía morir en paz, porque había visto con sus ojos al Salvador, la luz que había de alumbrar a todas las naciones. Pasaje este último que explica por qué el 2 de febrero, el de la Presentación de Jesús, es también conocido con el nombre del día de la Candelaria (la llama que alumbra) en cuya celebración los fieles congregados participaban, como ahora, en una procesión portando candelas encendidas –imagen del cirio Pascual anunciando al Cristo resucitado– que son posteriormente bendecidas por el sacerdote. 

Virgen de la Candelaria. Siglo XVIII
Cristóbal Hernández de Quintana
Museo de Arte de Ponce (Puerto Rico)
En los albores del cristianismo esta celebración tenía lugar el 15 de febrero (cuarenta días después de Reyes). Una fecha interesante por cuanto en ese mismo día, Roma  celebraba la «Lupercalia», fiesta de la purificación del territorio y de la fecundidad. A partir del siglo VI la Iglesia trasladó la fiesta de la Candelaria al 2 de febrero (transcurridos cuarenta días desde la Navidad), cerrando con ella el ciclo iniciado el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción.

Por su parte, el pueblo celta también celebraba, llegado el 1 de febrero, la fiesta del «Imbolc» para la purificación de tierras y ganados; una manifestación que cerraba el ciclo iniciado en «Samaín» (31 de octubre y 1 de noviembre –nuestro día de Todos los Santos–) y abría las puertas a uno nuevo, hasta el comienzo de la primavera.

De otro lado, febrero fue durante la Roma antigua el mes consagrado a la purificación de las fronteras del imperio (fiesta «Terminalia», el día 23) e incluso de los difuntos (en su honor se celebraban las «Feralia» entre los días 13 y 21 de este mes). De ahí que muy probablemente febrero derive su nombre de Februo, dios etrusco de la muerte y de la purificación, identificado posteriormente por los romanos con Plutón, dios del inframundo y raptor de la diosa Proserpina, base sobre la que se sustentó el mito del cíclico renacer de la primavera. En la celebración de su fiesta («Februalia»), hombres y mujeres salían por la noche al bosque portando flameros y antorchas, al encuentro de la raptada hija de Ceres (de donde deriva la palabra cereal) diosa de la agricultura.
Así mismo, el propio nombre del mes (febrero) es sinónimo de purificación, puesto que proviene del sustantivo latino «februum»: instrumentos rituales de purificación que eran utilizados por los romanos en sus cultos sagrados; y del verbo «februare», con el significado de expiar, purificar.  

Y volviendo a nuestra fiesta de la Candelaria, cabe indicar que su nombre deriva del latino «candere» (brillar por su blancura), siendo el blanco símbolo de virginidad, pureza e inocencia (candidez); y al mismo tiempo “pureza” tiene su raíz en la palabra latina «purus», que a su vez deriva de la voz griega «pyr» (hoguera), términos todos ellos que ayudan a comprender cómo la fiesta de la Candelaria es para los cristianos la celebración de Jesús como la luz que disipa las tinieblas (la ignorancia) y alumbra nuestro camino hacia  el amor y la verdad.

martes, 18 de febrero de 2020

San Valentín, heraldo de la primavera y del amor que ilumina la vida



San Valentín, baila y enamora

Luis Negro Marco

Las fuentes históricas de la antigüedad revelan que no hubo un solo San Valentín sino varios. Dos de ellos ejecutados en torno al año 269 en tiempos del emperador romano Claudio II, quien recrudeció la persecución contra los cristianos; y aún hubo, al menos, un tercero que habría muerto en África.

Pero del San Valentín enamorador que nos interesa (que habría nacido en la ciudad italiana de Terni, de la que llegó a ser obispo) se asegura que su cráneo es el que se venera en la iglesia de Santa María en Cosmedin, en Roma; sin embargo también hay otro -–junto con otras reliquias del santo-– en la iglesia de San Antón de Madrid, que perteneció a los escolapios; unos restos que habrían sido entregados a la Escuela Pía matritense, para su custodia, por el rey Carlos IV.

Así mismo, importantes ciudades europeas como Dublín, Praga, Malta o Glasgow, por citar tan solo algunas de ellas, también aseguran conservar en sus iglesias veros restos de San Valentín. Y lo mismo ocurre en Aragón, ya que Calatayud (en la colegiata del Santo Sepulcro) también los conserva, al igual que la localidad zaragozana de Tobed, en la que el 14 de febrero es festivo, por ser el día de su patrón.

Dibujo realizado por POSTIGO ilustrando este
artículo en El Periódico de Aragón, en su edición
del 14 de febrero de 2020
Pero ¿por qué San Valentín es el universal patrón de los enamorados? Quizás porque el día de su festividad coincidía en la Roma precristiana con las fiestas Lupercalia posteriormente cristianizadas, a finales del siglo V, por el papa Gelasio. Sin embargo, también es posible que la elección de San Valentín obedezca a que su propio nombre definiría bien la significación de su celebración. Porque la palabra Valentín podría ser la resultante de la latina Valere (valiente, sano, robusto, capaz) y de la nórdica Lent (primavera). De hecho, para los francos, en tiempos de Carlomagno (siglos VIII y IX) el Lentzin era el mes de la primavera, palabra a su vez asociada a origen y nacimiento, en referencia a las primeras hierbas del año que brotan, los primeros huevos que eclosionan en los nidos de los pájaros con la llegada del buen tiempo, o el auspicio que los cada vez más templados y largos días otorgan para el tiempo de ocio y el encuentro entre las parejas de enamorados.

En cualquier caso, tampoco sería ajeno el día de San Valentín al tiempo de Cuaresma (este año desde el 26 de febrero hasta el 9 de abril) a cuyo inicio generalmente precede. Y nuevamente aquí encontramos una confluencia etimológica entre Valentín y el nombre teutón de la Cuaresma (Lent). De este modo en algunos países de Europa, y ya desde el siglo XIV, fue costumbre generalizada el que en el primer día de Cuaresma, las jóvenes (valentinas) eligieran a sus chicos (valentines) para el resto del año. Y al siguiente domingo (llamado en Francia de Bures –de encuentro festivo, o bureo–) las jóvenes desdeñadas por sus valentines se reunían en un prado donde bailaban alrededor de una hoguera, sobre cuyas llamas lanzaban muñecos de tela y paja, simbolizando a los jóvenes que las habían rechazado.

Tradición con cierta semejanza a la de “Partir la Vieja” que se celebra en ciertas localidades de Andalucía, Valencia y Mallorca (aquí con el nombre de Jaia Corema) la cual comienza en San Valentín, pero también en el primer día de Cuaresma. Consiste esta centenaria costumbre en colocar en una estancia de la casa un muñeco que representa a una vieja con siete piernas, y a lo largo de las siete semanas de Cuaresma, cada domingo le cortaban una, hasta dejarla sin ninguna, lo que venía a significar que el período de ayuno y abstinencia, propios de la Cuaresma, había terminado.

Así mismo, como fiesta asociada a ritos solsticiales, en el 14 de febrero era costumbre encender hogueras y comer, cantar y bailar alrededor de ellas, así como el que los enamorados intercambiasen regalos y cartas de amor, que recibían el nombre de valentinas. Además, las parejas se coronaban mutuamente de una corona vegetal que se comprometían a guardar en casa durante el resto del año. De otro modo, sería señal de que la relación entre ellos habría terminado.

Y como símbolo de amor, es a la moralista, escritora y poetisa Christine de Pizan (1364-1430) a quien –contenidos en su obra Le dit de la rose– se deben estos versos referidos al 14 de febrero: “Desde el alba de su mañana San Valentín enlaza amores coronados de flores, entre el amado y su dama”.




viernes, 31 de enero de 2020

El roscón de San Valero, una tradición consolidada en Zaragoza por iniciativa de "El Periódico de Aragón"

San Valero, rosconero, ventolero y chocolatero

Luis Negro Marco / Historiador y periodista

Zaragoza, de las lamineras ciudades de España, es la más famosa pues fue en tierra de su provincia, en el Reino de Aragón, donde los monjes cistercienses del Monasterio de Piedra, en un metate molieron, allá por el año 1534, los primeros granos de cacao que llegaron de las Américas, siendo ellos los que dieron la primera y mejor receta que del chocolate había de hacerse en Europa, endulzando su primigenio amargo sabor con vainilla y azúcar de remolacha.

El chocolate caliente, ya en taza, escudilla, jícara o mancerina (aunque siempre) es sobre todo en invierno, con el cierzo que fuerte pega, cuando más apetece, y aún más si acompañado viene con torta, mojicones o mejor aún, con un trozo de buen roscón. Ya nada más se dirá si además tan dulces y gustosos manjares –chocolate y roscón–  el 29 de enero, que es el del Patrón de la ciudad, en Zaragoza se comen.

Artículo publicado en EL PERIÓDICO DE
 ARAGÓN
en su edición del miércoles,
 29 de enero de 2020
Por eso dice un zaragozano refrán: “San Valero rosconero, y San Blas mucho más”, pues ya en el siglo XIX la cantidad de roscones que se degustaban para honrar al zaragozano y santo obispo era inferior a la que se amasaba para el 3 de febrero, día de San Blas; festividad en que los roscones –bendecidos en la iglesia–  se convierten en segura protección contra los problemas de garganta. Y por cierto, que en esto de la sanación de los males del frío, San Valero a San Blas a la zaga no le va, pues siempre al primero se le consideró abogado contra el reúma; así que, ¡ánimo al chocolate y al roscón! pues de buenos granos de cacao y trigo son.

Una costumbre, la del Valero roscón, que los emigrados aragoneses hicieron –hace siglos ya– muy popular por tierras de toda España; tanto que no había periódico americano ni español, desde “El Imparcial” hasta “El Sol”, que llegado el 29 de enero eco no se hiciera de que la colonia aragonesa de tal o cual ciudad, se disponía a celebrar la tradicional y típica fiesta de San Valero, invitando a socios y ajenos a comer el clásico roscón del santo, como ahora lo hace “El Periódico de Aragón”.

Y también tradicional y arraigada costumbre zaragozana fue la de enviar a los familiares de fuera cestas con pucheros de cuajo, confituras, miajas de mondongo y por supuesto, un roscón de San Valero; viandas todas ellas bien envueltas en abatanados refajos de lino para que llegaran con todo su rico sabor de Aragón.

Por eso tanta fama, mediado el siglo XIX, los roscones de Zaragoza en Madrid llegaron a tener, los cuales rozando el 29 de enero se anunciaban en las tahonas de la villa con la segura publicidad de que estaban fabricados en la misma forma y con el mismo gusto –a los quince días que el primero– que los zaragozanos. Eso sí, con aumento  en Madrid de dos cuartos en roscón del precio a que se vendían en Zaragoza, saliendo así los roscones en la villa y Corte  de Madrid a 14 reales la unidad.

¡Y cómo no habían de ir unidos los dulces chocolate y roscón a la fiesta! Que en Zaragoza era San Valero el día de la aparición del pre carnavalesco mascarón del higuí, con una cesta de higos en la mano, perseguido por la chiquillería, y acompañado de artísticas comparsas a cuyo son se ponía a bailar el alegre personal.