viernes, 2 de enero de 2015

Año 2015... ¡Y cuánto camino aún por recorrer!


Feliz año nuevo


LUIS Negro Marco 
Hace días que los calendarios de 2015 ya decoran hogares y despachos. Pero no siempre la celebración del año nuevo coincidió con la de nuestra Nochevieja actual. Y ello se debe a múltiples factores de tipo histórico, político, religioso, agrícola, y también cultural.
Comencemos por el concepto de "era", nombre que etimológicamente proviene del latín aes que significa bronce. Su plural, aera designaba a unas piezas de metal destinadas al cálculo; y de él deriva el sustantivo, conjunto de años ordenados a partir de un hito. Así, en la Grecia clásica la era venía determinada por las Olimpiadas, intervalo de cuatro años entre cada competición deportiva que se celebraba en Olimpia, en honor a Júpiter.
La Era de Roma estuvo determinada por el año de fundación de la ciudad (754 a.C.), si bien Julio César, en el 45 a.C., puso en vigor el calendario juliano, que permaneció vigente hasta el año 300 de nuestra era. No obstante, en el 38 a.C., fecha en que se consideró pacificado el territorio de Hispania, el emperador Octavio César Augusto decretó la Aera Hispánica, muy utilizada durante toda la Edad Media. Así en el Reino de Aragón permaneció hasta el año 1350; 1383 en Castilla, y en Portugal hasta 1422.
En cuanto al Islam, su era comienza el 16 de julio del 622, fecha de la hégira (huida) en queMahoma salió de La Meca para refugiarse en Medina. Además, para los musulmanes los años son lunares, por lo que la correspondencia con los de nuestra era, exige complicados cálculos.
La era cristiana fue una propuesta que no llegó hasta el año 532. Y aun cuando fue adoptada por la Iglesia, no se le prestó aquiescencia general hasta un tiempo después; por ejemplo, en Francia, hasta el siglo VIII, en época de Carlomagno.
Asimismo, la difusión de la era cristiana se caracterizó en sus inicios por la diversificación de su interpretación, de manera que unas naciones hacían coincidir el inicio del año con la fiesta de la Encarnación; otras con la Natividad, la Resurrección... Así, los estilos más frecuentes durante el medievo, fueron: el de la Natividad, que hacía coincidir el año nuevo con el 25 de diciembre; y el cómputo florentino que comenzaba el año el 25 de marzo, día de la Anunciación.
Nuestro cómputo actual se inicia el 1 de enero, día en que la Iglesia conmemoraba (hasta 1967, año en que Juan XXIII procedió a la reforma del calendario litúrgico) la Circuncisión de Jesús. El 1 de enero comenzó a ser utilizado por la Cancillería Pontificia a finales del siglo XV, durante el pontificado de Gregorio XIII. Un siglo después, un edicto de Carlos IX, que empezó a surtir efecto en 1567 hacía obligatoria la fecha del 1 de enero. Una determinación que ya había tomado Alemania en 1500, mientras que en Inglaterra, se conservó la práctica del 25 de marzo hasta 1751, inclusive; año en que la adopción del 1 de enero fue establecida a la vez que la del calendario gregoriano.
En Aragón, entre 1180 y 1350, el año comenzaba siguiendo el estilo de la Encarnación (25 de marzo), incorporando después el de la Natividad (25 de diciembre) hasta principios del siglo XVII, en que adoptó el moderno (1 de enero), al igual que el resto de reinos de España. Mientras, en Rusia, no fue hasta 1936 cuando se adoptó el 1 de enero como el oficial para iniciar el año, pues hasta entonces, y desde las disposiciones de Pedro el Grande,comenzaba el 13 de enero nuestro.
Volviendo a Dionisio el Menor, él supuso que Jesucristo había venido al mundo el 25 de diciembre del año 753 desde la fundación de Roma, y fijó para tal fecha el comienzo de la era cristiana. Pero los cronologistas retrasaron en siete días su inicio, situándolo en el 1 de enero del 754 de Roma. Por lo tanto, el año 1 de nuestra era, no es siquiera, el del nacimiento de Cristo.
De todos modos, sabemos que el nacimiento de Cristo fue posterior al edicto del Censo del Imperio de Roma, ordenado por Augusto en el año 747 de Roma todo lo más, y anteriormente a la muerte de Herodes (año 750 de Roma). La estrella que según los Evangelios habría sido vista por los Magos de Oriente, coincidiendo con el nacimiento de Cristo, puede aportar un dato decisivo para saber el año en que nació Jesús. Y es que los astrónomos han podido determinar que en septiembre y noviembre del año 7 antes de nuestra era (747 de Roma), se produjo la conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Aries siendo un fenómeno asimilado a la estrella de los Magos. En cualquier caso, y sea como sea, ¡feliz año nuevo! 

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