domingo, 18 de enero de 2015

El Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE) recupera las puertas del siglo XVI del retablo mayor de la iglesia de San Pablo, en Zaragoza

El Periódico de Aragón

  El retablo de la iglesia de San Pablo recupera sus puertas
Son una manifestación excepcional en el mundo del arte, y exclusiva de las iglesias de Aragón 
 Parte del  equipo que ha llevado a cabo el proyecto: Isabel Bengoa (restauradora), Cristina Salas, Rocío Bruquetas, Ana Carrasón (técnicas de arte del Instituto de Patrimonio Cultural Español), Javier Latorre (restaurador) y Santiago Fustero (párroco de la iglesia de San Pablo). Foto: Luis Negro Marco

Luis Negro Marco
/ Zaragoza

 Tras dieciséis meses de intenso trabajo, estudio y delicada restauración, el monumental retablo –obra del escultor valenciano Damián Forment (1480-1540) – del altar mayor de la zaragozana iglesia de San Pablo, muestra ahora todo su gran y hermoso esplendor.

Esta magistral obra artística, realizada en los primeros años del siglo XVI, disponía de unas grandes puertas que fueron desmontadas en la década de los ochenta. Ambas hojas, están hechas de sargas (telas especiales para pintura, ideadas para la decoración monumental) montadas sobre un ingenioso entramado de madera, totalmente invisible a los ojos del espectador.  Situadas en cada uno de los extremos del retablo, tienen unas dimensiones colosales, de diez metros de alto por cinco de ancho, mientras su peso se calcula en torno a los cuatrocientos kilos. Ambas puertas son abatibles, cubriendo la parte central de la mazonería del altar, y pueden abrirse y cerrarse con la simple ayuda de una pértiga.

Hay que destacar el hecho de que tan solo Aragón presenta la peculiaridad de dotar a los retablos de sus iglesias con puertas, y en la actualidad (junto al de la iglesia de San Pablo), tan  solo se conservan íntegramente, las de los altares dedicados a San Miguel Arcángel en las iglesias de Ibdes y Paracuellos de Jiloca,  los tres del siglo XVI.

Patrimonio de la Humanidad
Las puertas ahora restauradas y reintegradas. Arriba, el anverso de las puertas (lateral derecho e izquierdo, respectivamente) en escenas de vivas policromías.- Foto: Luis Negro Marco

Llamada la tercera catedral de Zaragoza, la parroquial de San Pablo fue declarada Monumento Artístico Nacional el 3 de junio de 1931. Al mismo tiempo, el templo está declarado BIC (Bien de Interés Cultural) y en 2001 la UNESCO lo incluyó en la lista de Patrimonio de la Humanidad, como monumento representativo de la arquitectura mudéjar de Aragón. Todo ello conlleva que cualquier actuación que se lleve a cabo en el templo como en cualquiera de las obras artísticas que alberga, debe seguir unas estrictas normas de protocolo homologables a nivel internacional.

Las puertas para el retablo de la iglesia de San Pablo fueron realizadas en 1524 por el entallador Juan Vierto, y las ocho piezas de lienzo que las decoran fueron pintadas en 1596 por los artistas Antón Galcerán y Jerónimo de Mora. Asimismo, las pinturas decoran tanto el anverso como el reverso de las puertas. En el primero de los casos se reproducen en policromía un total de cuatro escenas representando diversos pasajes del Nuevo Testamento, delimitadas efectistas trampantojos que simulan sus marcos. Y lo mismo ocurre en el reverso de las hojas, aunque en esta ocasión la policromía da paso a cuatro magníficas grisallas con diversos momentos de la vida de Jesús. 

 La dirección técnica de restauración y colocación de las puertas del retablo de la iglesia de San Pablo ha corrido por cuenta del Ministerio de Cultura a través del IPCE  (Instituto de Patrimonio Cultural Español), siendo la empresa de restauración Kalam la que ha llevado a cabo los trabajos de reintegración de la  obra para que en la actualidad la podamos contemplar en su inicial belleza y esplendor.

Puertas que se cerraban en Semana Santa
La excepcionalidad de las puertas restauradas y reintegradas al altar de la iglesia de San Pablo las hace susceptibles de convertirse en un nuevo referente de atracción turística en Zaragoza. Y es que hay que tener en cuenta que la funcionalidad de las sargas de la retablística aragonesa era doble: Por un lado la protección del propio retablo, pero también complementar su efectismo devocional en los fieles. Así, llegada la Semana Santa, las puertas, que hasta entonces habían estado abiertas, se cerraban, quedando solo visibles del retablo las sargas de marmóreas grisallas, cuya sobriedad artística concordaba mejor con el dolor de la Pasión. 


las puertas cerradas sobre el altar, con cuatro grisallas que reproducen cuatro pasajes de la vida de Jesús.- Foto: Luis Negro Marco
De este modo, la Semana Santa, de extraordinaria raigambre en Aragón, podrá ofrecer ya en este año recién estrenado, un nuevo atractivo a zaragozanos y visitantes, y –al igual que la apertura de la puerta santa en la catedral de Compostela, durante el año jacobeo– puede consistir en la expectante apertura y cierre de puertas del retablo de la iglesia de San Pablo, dando comienzo y final, respectivamente, a la Semana Santa.  Y es que el patrimonio artístico, es patrimonio de todos, y solo si lo apreciamos, podremos sentirnos orgullosos de su pertenencia, pudiendo asimismo aprender y enseñar a niños y jóvenes sobre la importancia de respetarlo, conservarlo y amarlo.



 

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