sábado, 23 de abril de 2016

Cervantes, paradigma de que la verdadera cultura es universal e incompatible con el concepto de frontera


Luis Negro Marco / Molinogigante

 El 23 de abril de 1616 fue un día trascendental para  la historia y la literatura europeas, ya que en aquella festividad de  San Jorge, fallecieron dos grandes genios de la literatura mundial: el español Miguel de Cervantes, y el inglés William Shakespeare. El primero creó el arte de la novela y con ella, a juicio del escritor checo Milan Kundera, dio también inicio a la Edad Moderna, mostrando  a través de las andanzas del Ingenioso don Quijote, cómo la primacía de la razón propugnada por Descartes, reducía el mundo a las matemáticas y las ciencias, olvidando el lado espiritual, emocional y sentimental (humano en suma) de la persona.  Por eso don Quijote opone a la razón el ingenio y al racional discurso del método, el  más fantasioso y creativo del amor y de los ideales.

 De este modo, a través de sus dramas y novelas, Cervantes y Shakespeare esbozan geniales
retratos de la espiritualidad del ser humano a partir de los valores fundamentales que la integran: el amor y el olvido,  el poder y la humildad, la amistad y  la traición, la tragedia y el humor. Sempiternas dualidades que conforman las dos caras opuestas de toda unidad y que, como todo lo humano, contiene el germen de su fin en el nacimiento. Por eso no deja de ser sorprendente y hasta provoca cierta intriga y misterio, que la muerte de ambos ocurriera en el mismo día y año, y que fuese en la festividad de San Jorge; caballero de la cristiandad, también enzarzado en desigual batalla contra gigantes (en su caso un dragón) y movido por el amor (como en los dramas de  Shakespeare y  como el que siente Don Quijote por Dulcinea), desfacedor de entuertos y liberador de doncellas.

 Véase si no cómo en el Quijote, Cervantes hace referencia al patrón de Aragón (también de Inglaterra) San Jorge: la primera de ellas, en el capítulo 4 de la segunda parte de la obra: «Pidió don Quijote consejo al bachiller Sansón Carrasco por qué parte comenzaría su jornada, el cual le respondió que era su parecer que fuese al reino de Aragón, y a la ciudad de Zaragoza, adonde de allí a pocos días, se habían de hacer unas solemnísimas justas por la fiesta de San Jorge en las cuales podría ganar fama sobre todos los caballeros aragoneses, que sería ganarla sobre todos los del mundo»

 Asimismo, también en la segunda parte del Quijote (en el capítulo 58), Cervantes vuelve a hacer alusión a San Jorge, cuando en sus andanzas, caballero y escudero se encuentran con unos hombres transportando unas imágenes cubiertas por lienzos: «Así, don Quijote fue a quitar la cubierta de la primera imagen, que mostró ser la de San Jorge, puesto a caballo con una serpiente enroscada a los pies, y la lanza atravesada por la boca, con la fiereza que suele pintarse. Viéndola don Quijote, dijo: Este caballero fue uno de los mejores andantes que tuvo la milicia divina; llamóse don San Jorge, y fue además defendedor de doncellas».

En el párrafo anterior, Cervantes se refiere por boca de don Quijote a la milagrosa aparición de San Jorge en algunas batallas importantes de la Reconquista, como la de Alcoraz,  librada en el 25 de noviembre del año 1096  entre el rey Pedro I de Aragón y el rey musulmán de la ciudad, Abd-el-Rahman ante las murallas de Huesca. Según las crónicas, la batalla duró todo el día y de acuerdo a la tradición, en lo más recio del combate San Jorge apareció entre los aragoneses, montado en blanco corcel, ayudándoles de este modo a alcanzar la victoria.

 Asimismo, don Quijote, al proclamar  a San Jorge como “defendedor de doncellas”,  hace referencia al mito según el cual, aquel santo y caballeresco héroe habría matado a un dragón, liberando así a la doncella que había raptado y que tenía encerrada en su cueva. Y en cuanto a la serpiente enroscada a los pies de San jorge, se trata de un elemento que también se observa asociado a
algunas representaciones de la Virgen María, como vencedora del bien sobre la maldad del demonio. Esta  doble asimilación de la serpiente enroscada significaría, según la interpretación freudiana, el intento antropológico por unir en  la figura de San Jorge a los aspectos masculino y femenino de la personalidad.

 Y retomando a Shakespeare, el escritor tampoco olvidó en su obra al santo patrón de los aragoneses. Así en el acto tercero de su drama Enrique V, recrea la batalla de Agincourt (Francia) que tuvo lugar en el año 1415 y en la que se enfrentaron franceses e ingleses, con victoria final de los segundos. La tradición inglesa apunta a que San Jorge les ayudó también a lograr la victoria, de manera que Shakespeare pone en boca del rey Enrique V en el instante en que asalta las murallas de Harfleur: «Soldados, Dios está con vuestro rey. Gritad conmigo: ¡Por Inglaterra, y San Jorge!».

 En nuestros días, el de San Jorge es el gran día de celebración para los aragoneses, y curioso que también el universal día del libro, pues a diferencia de otras comunidades que optan por alzar barreras, Aragón supo concebirse no como territorio sino como cultura.

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